El Capricho en 1789

            Continúa la adquisición de terrenos en la Alameda por parte de los duques de Osuna aunque ninguna de estas posesiones se incluirá todavía dentro de los muros del jardín. D. Juan López Lobo y D. Ramón Rodríguez Prieto deben ser los propietarios de gran parte de las tierras que rodean la finca. Las tierras de Ramón Rodríguez se encuentran más cercanas por ese motivo es D. Ramón el que en estos primeros años va cediendo terreno a los duques (OSUNA, C, 1699, D. 6).
            A primeros de diciembre de 1789 los duques realizan inventario y tasación de la finca y su contenido. Realiza el encargo D. Mateo Guill, “profesor de arquitectura, académico de mérito de la Real Academia de San  Fernando, arquitecto en esta corte, de su Real Carcel y Sala de Sres. Alcaldes, del Real y Supremo Consejo de Inquisición y primer Teniente maestro mayor de esta villa” (OSUNA, C. 1699, D.2). La extensión total de la finca en ese momento es de 13 fanegas, el contorno describe un polígono irregular de forma trapezoidal que mide unos 630 pies por el este, 698 por el norte, 510 pies por el oeste y 759 pies por el sur, todo rodeado de su cerca, que según comentario de Mateo Guill es nueva y consiste en “cimientos de piedra pedernal, y sobre ellos machos de fabrica de ladrillo de mayor y menor con los verdugos de lo mismo, y entre estos cajones de mampostería de piedra pedernal, y cal, ystoriados, y a frente descubierta, con sus albardillas de ladrillo”. Este inventario no solo es interesante porque nos da una idea de cómo era el Capricho en 1789 sino que además se convierte en la prueba fehaciente de la realización del proyecto que Pablo Boutelou elabora para la duquesa en 1784, cuyo recorrido vamos a describir a continuación (OSUNA, C. 1699, D.6).    
            En el interior de la cerca se describe el palacio o casa principal cuya planta tiene todavía forma de L tal y como la representa Boutelou en su proyecto. Consta de dos plantas, la de abajo para las habitaciones de los señores, cocina y salón, y la de arriba para el servicio. La obra de la fachada se compone de machos de ladrillo y cajones de mampostería, los suelos están solados con baldosas, y las ventanas son a la italiana con persianas con “puertas vidrieras”. Tiene escalera tanto la fachada principal que da a la calle que sube a la iglesia como la fachada que da al jardín, con sus barandillas de hierro, y rodea toda la casa un empedrado a modo de acera.  Igual que se muestra en  el diseño de Boutelou el cuerpo mayor de la vivienda es el que se extiende de este a oeste, que debe ser el principal, ya que Mateo Guill sitúa en este la entrada y las escaleras de la fachada que da al jardín.
            Adosado al muro sur se encuentra otra construcción de dimensiones casi iguales que la casa principal, de la cual las fachadas oeste y norte dan al jardín, mientras que la principal lo hace a la calle Real y la del lado este hace medianería con casas particulares y un mesón. Mateo Guill identifica esta casa con una “casa de labor”.  El edificio consta de dos plantas, en la de abajo se hallan los establos para los caballos y las mulas y la de arriba se compone de tres habitaciones para criados y un gran pajar que se sitúa sobre las cuadras. En el interior hay un patio con un pozo de poca profundidad con su pila de piedra y otro pajarcito más modesto. La fábrica es como la de la casa palacio excepto su fachada principal que es de “ladrillo jabonero”.  Los suelos son de tablas de madera o de ladrillo mientras que los tejados, tanto este como el de la casa principal, son de teja. En el proyecto de Boutelo este edificio se identifica con la letra I.
            A continuación de la casa principal, frente a la escalera, hay un estanque con su “arquetón con llave de bronce”, identificado por Boutelou con la letra E. En línea con el estanque un salón para baile de planta rectangular, cuyos muros de mampostería son recubiertos con ladrillo “hielo forxado a cielo raso”, decorado con molduras de yeso y figuras realizadas en el mismo material que se sitúan en las cuatro esquinas, una Venus, un Apolo, “el de los platillos” y el “Pastor Rabino”. También se rodea de una acera empedrada al exterior, con tejado de teja a dos aguas. Tiene además dos puertas de entrada pintadas al óleo y diez ventanas circulares con persianas vidriera. Este edificio es identificado por Boutelou con la letra D.
En línea con el salón, está el invernadero o “Invernaculo”, alargado y estrecho. Consiste en un paralelogramo cuyos lados menores son paredes de piedra, mientras que en los mayores se levanta un zócalo de piedra y sobre él “bastidores con vidrios en toda su línea y en lo interior unas graderías pintadas al olio donde están los tiestos”, designado con la letra C en el plano de Boutelou. En frente otro estanque con “su arquetón de fabrica y llave de bronce” (otra de las letras E), aunque estos dos últimas construcciones no parecen estar exactamente en la misma disposición que en el proyecto de Boutelou.
            Otros dos elementos que figuran en el proyecto del jardinero y que describe Mateo Guill en este documento son las puertas y las calles para los carruajes (G). Las puertas constan de “dos pilastras de piedra berroqueña, almoadillada con sus zócalos, y cornisas, y sobre estas por remates dos jarrones de piedra blanca de colmenar, y sus verjas o puertas de fierro, de buen gusto a la francesa”, idénticas a las que actualmente existen. La que se encuentra junto al palacio no ha cambiado su ubicación desde que se construyó, formando parte del recorrido para carruajes que comentábamos al hablar del proyecto de Boutelou, mientras que la principal, como también apuntamos, se encontraba en la fachada sur de la cerca de circunvalación de la finca como se muestra en el plano. Actualmente en este lugar hay una entrada pero secundaria cuya fisonomía es completamente diferente, por lo que es posible que la puerta original que describe Mateo Guill se trasladara al construir la nueva entrada que es la que perdura en la actualidad. Las dos puertas originaban un recorrido en L que conducía a los viajeros ante la entrada de la casa principal “con la comodidad de transitar por una calle de arboles y una plaza circular en medio, a buscar la salida de la puerta arriba dicha”. Aquí vemos nuevamente otro elemento diseñado por el jardinero francés, la calle de árboles, Olmos en el proyecto de Boutelou, para alivio de los viajeros, aunque introduce la plaza circular que no figura en el plano, tal vez para facilitar el giro de los carruajes.   
El Capricho de la Alameda
Puerta de Salida de carruajes
El Capricho de la Alameda
Puerta Principal

            “Asi mismo en el terrado que se halla a la fachada del cortado de la casa principal se hallan unas magnificas Escaleras que vajan al prime Banco del Jardín”.  Escaleras que Carmen Añón dice se construyeron en 1785 (Añon, 2003, p.72). Del Jardín bajo no comenta nada, tan solo sabemos de su existencia por algunos comentarios que hace a lo largo del recorrido, “advirtiendo que su mayor parte se halla ocupada con hortalizas en diversos Balcanes, jardines, frutales en mucho numero, otros generos de arboles, parras, cepas, con sus calles de encamados y emberjados de madera”. Lo que no quiere decir que no se llevara a cabo el jardín anglo-chino de Boutelou pues como hemos podido ver hasta ahora el resto del proyecto sí que se ejecutó según su diseño. Además añade, “Y por ultimo he reconocido y dado valor a las fuentes que se hallan en todo el recorrido del jardín, sus cañerías, pilones, caudal de 59(..) de agua, nacimiento de estas minas, arquetones, registros y demás obras de que consta”. Aunque no especifica si entre las “fuentes” se refiere también a la fuente de las ranas que ya viene descrita en la escritura de compra (Añon, 1994, p.84), a la que se añadirían las ranas de broce en 1785, obra de Domingo Urquiza (Añom, 2003, p. 73). Es como si Mateo Guill hubiera obviado el jardín bajo en su inventario tal vez porque ya fuera tasado en el momento de la compra, y se centrara exclusivamente en los elementos de nueva obra.
            Seguimos pues con el mismo plano que en diciembre de 1784 diseñó el jardinero francés, Pablo Boutelou, para la duquesa de Osuna, con apenas alguna variación.

El Capricho de la Alameda
El Capricho en 1789 tomando como base el Proyecto que Pablo Boutelou realizó en 1784 



            He dejado para la próxima entrada de este blog una de las construcciones más emblemática y enigmática de este parque, el Templete de Baco, que Mateo Guill incluye en el inventario pero que no contempla el proyecto de Boutelou, posiblemente porque los terrenos donde se ubica fueron incorporados con escasos meses de antelación a la presentación del proyecto, aunque no debemos descartar la posibilidad de que Boutelou continuara con el diseño del Capricho ya que en 1789 todavía trabaja para los duques en Aranjuez (OSUNA, CT. 408, d.6). Por otra parte, según palabras de Carmen Añon  al hablar de la moda imperante en España cuestión de jardinería, cuando se refiere a Pablo Boutelou dice que a él “debemos los primeros y únicos atisbos de jardín paisajista que se conoce” (Añon, 2003, p.68). 


Bibliografía y Documentos