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| Fuente de las columnas o del Cascarón del Capricho de la Alameda |
Continuando
con la entrada anterior voy a describir alguno de los elementos que conforman
el Jardín en estos momentos. A excepción del Casino de baile y el monumento
conmemorativo a la duquesa de Osuna, el resto de los edificios que hay
actualmente fueron construidos a lo largo de quince años, desde el primer
diseño realizado por Pablo Boutelou en 1784.
Los edificios que se terminan en estos
años son la Casa de cañas, la Casa de la vieja y el Fortín al inicio del primer
tramo de la Ría. La Casa de la vieja y la Casa de cañas son dos edificaciones
que podemos contemplar actualmente por lo que no me voy a detener en su
descripción. En cambio el primer Fortín merece una pequeña reseña, ya que su
conocimiento llega a nosotros de la mano de Nicolás Cruz de Bahamonde.
Según
la descripción de Nicolás Cruz de Bahamonde, consistía en “un castillo á manera de torre antigua con su foso de agua,
contrafoso encubierto, cañones, cuerpo de guardia y quarto del oficial con
todos sus requisitos: la subida es cómoda. Dentro contiene una bomba manejada
por una bestia que saca el agua de un pozo á ochenta pies de profundidad. Con
esta agua' y la de un manantial hacen todo el acopio para el canal, para los
estanques y para regar la huerta” (Bahamonde, 1812, Tomo 11, Cap. 3, p. 481-486).
Su
construcción, sin embargo, debió realizarse entre agosto y noviembre de 1793
según se deduce de una serie de recibos hallados en los archivos de los Osuna (SNAHN,
OSUNA, CT. C. 514). Según estas cuentas se está trabajando en la construcción de una máquina o
noria (“la bomba manejada por una bestia” de Cruz de
Bahamonde) y en una torre, bajo la dirección del aparejador Antonio Álvarez.
Documentos
posteriores hacen referencia también a este edificio, así Ventura Martín,
maestro vidriero, en noviembre de 1796 coloca “11 entrefinos en la Máquina”, en los “Gavinetillos” y “donde anda
la mula” (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.103), tres elementos que identifican
este primer Fortín. Otra cuenta del 15 de diciembre trata de la reparación de
varias cerraduras del “Castillo” de
la Alameda (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.50), término que también utiliza Nicolás
Cruz de Bahamonde para definir este edificio.
No
sabemos exactamente cuándo se transforma el Fortín en el Casino de baile. Según
Carmen Añon es obra de Antonio López Aguado (Añon, 1994, p. 99), lo que nos
sitúa como muy pronto en 1803, pues es cuando su nombre aparece en la nómina
del Capricho (SNAHN, OSUNA, CT. C. 463). Aunque los trabajos que firma en estos
momentos están en relación con fincas extramuros del jardín (SNAHN, OSUNA, C.
1516, D. 14, 2).
La
entrada de Antonio Aguado en el Capricho coincide, por otro lado, con el
desmontaje de una torre, entre abril y mayo de 1804 (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.
14, 3), y aunque todo apunta a que se trata del Fortín, lo más seguro es que el proyecto no se llevara
a cabo en este momento, ya que la “Batería”
que figura en el inventario de bienes muebles de 1807 está más en consonancia
con el primer Fortín descrito por Cruz de Bahamonde, ya que alberga una habitación
de oficiales, que el Fortín posterior, que parece macizo en su interior y por
tanto carente de ningún tipo de estructura parecida (SNAHN, OSUNA, CT. 534,
D.2).
De
momento es prematuro conjeturar una fecha para este edificio. Tal vez el
proyecto estaba en marcha ya en 1804 tras el regreso de los duques de París, que
deslumbrados por la grandiosidad de sus edificios y la opulencia de la corte, volverían
a Madrid con la agenda repleta de nuevos proyectos e ideas. Los acontecimientos
de años sucesivos, sin embargo, muerte del duque en 1807 y toma de Madrid por
las tropas francesas en 1808, van a paralizar la actividad en el Capricho
durante varios años. Será a su vuelta y en documentos tardíos (de 1828 y 1829) cuando
se mencione el Casino de baile, ya que la obra de Ventura Aguado, donde se describen
las dos nuevas construcciones, Casino y nuevo Fortín, no puede utilizarse como
criterio cronológico de momento pues está sin fechar.
Otro
de los elementos nuevos que no han llegado hasta nuestros días es la fuente del
“Cascarón”, como se la menciona en
distintos documentos. Su configuración nos llega de la mano de Ramón Pardo,
marmolista, quien en julio de 1797 presenta una cuenta por realizar “obras de Cantería Mármol y Berroqueña que echo
para el Zenador que se halla en la Fuente del Jardín propio de la exma Señora
condesa de Venabente, sita en la Villa de la Alameda con horden de dcha Señora,
bajo la dirección del Señor Arquitecto Mateo Medina” (SNAHN, OSUNA, CT. C.
404, D. 17).
Según
la descripción efectuada por el marmolista, de los trabajos realizados en la
fuente, esta se asentaría sobre cuatro pilastras de piedra berroqueña, encima
de las cuales se colocarían el enlosado y cuatro zócalos de piedra, que
sostendrían las cuatro columnas de orden jónico, de fuste blanco, y basa y
capitel de color pajizo, mientras que en
los huecos entre los zócalos se colocarían tres bancos de piedra blanca. El
entablamento, también jónico, combinaría tres colores diferentes de piedra, el
color pajizo y el morado de la piedra de Cuenca, con el blanco de la de Granada.
En el centro de la composición iría la taza de la fuente con una estatua. La
cubierta sería de media cúpula. Esta la realiza Jorge Balze en 1796, así como
la decoración de sus “repartimentos”
con florones colgantes y conchas (SNAHN, OSUNA, CT. C. 398 (3)).
Ventura Aguado nos ofrece un detalle más sobre
esta fuente: “Un medio cascarón, que
suntuoso /se eleva en un jardín vanaglorioso, /bien merece su erguida
prepotencia/pues en el se demuestra sin falencia,/la arquitectura regia y
primorosa,/se descubre escultura muy preciosa/en estatuas columnas y labores,/en
bellas grecas y preciosas flores”. Lo que hace pensar que la fuente estaba
elevada sobre una colina artificial, tal y como vemos en esta pintura efectuada
en un abanico perteneciente a la duquesa de Talavera, datado a finales del
S.XVIII y primer decenio del S. XIX (Ezquerra, 1920, nº 152 del catálogo).
La
fuente de las Columnas o del Cascarón es otro de los elementos que se
mantendrán en vida de la duquesa. Tras su muerte en octubre de 1834, su nieto
D. Pedro encargará a Martín Aguado la ejecución del monumento conmemorativo que
podemos contemplar hoy en día, para el cual se reutilizó parte de las
estructuras precedentes, como puede observarse en las columnas que sostienen la
media cúpula de esta nueva construcción. El busto de la duquesa se coloca en el
centro de la composición en el año de 1838 ( SNAHN, OSUNA, 1313).
De la pintura del abanico se
puede extraer otro dato más, ya que si la datación del abanico es correcta,
debemos entender que el palacio fue modificado seguramente a principios del
siglo XIX. Lo que está en consonancia con una carta que escribe Taday a la
duques, una vez los ejércitos franceses se han retirado de Madrid, el seis de
octubre de 1812, comentándole el estado de la hacienda, y dice que “las guardillas que antiguamente servían de
guardarropa, están quasi hundiéndose” y continúa “en esta semana tratare con Aguado lo que se puede azer para evitar su
rouna y al menor gasto” (SNAHN, OSUNA, CT. C. 540, D. 13). Por tanto es posible que sea en este
momento cuando se suprima el tejado de la fachada del jardín y se cubran las
torres.
Por
último mencionar, como nuevo elemento que se construye en estos años, la Nueva Ría.
Con el nombre de Nueva Ría se designa el tramo que va desde el lago al segundo
fortín, que es el que ha llegado hasta nuestros días, ya que el tramo que va
del lago al Casino de baile actual ya debía estar construido con anterioridad,
posiblemente se haría al tiempo que la máquina y la torre, entre 1793 y 1794.
Su
construcción debió ser complicada ya que como indicamos en la entrada anterior,
para unir los dos tramos de ría era necesaria la construcción de un puente-acueducto
que salvara el desnivel que suponía el arroyo que cruza la finca. Su interior
es decorado con roca, según los recibos (SNAHN, OSUNA, CT.C.514), adquiriendo
el aspecto de gruta, como puede contemplarse en la actualidad.
A
esto hay que añadir los “juguetes
chinescos”, la tienda de campaña y la montaña rusa, que no es más que una
pequeña elevación, cuyo ascenso se realiza en espiral y que se sitúa cerca del
lago, mencionados tanto en la descripción de Nicolás de Bahamonde como en los
documentos de archivo (SNAHN, OSUNA, CT. 402, CT. C. 398 y CT. C. 514). Elementos
que tampoco han llegado hasta nosotros aunque han quedado las trazas de su
existencia en el terreno.
Para
finalizar señalar la pervivencia todavía en estas fechas, y seguramente hasta
la muerte de la duquesa, del jardín anglo-chino de Pablo Boutelou, ya que se
mencionan varios elementos diseñados por este jardinero en 1784. Como son el
estanque de los peces situado en el jardín bajo (el estanque de la huerta), el
Salón de baile frente al palacio, ya que como hemos visto el Casino de baile es
una construcción posterior, y la primitiva Puerta de entrada al jardín (SNAHN,
OSUNA, C. 1516, D. 50).
Este
Estanque del jardín bajo se puebla con tencas en 1784 (SNAHN, OSUNA, 66), unas
226, y se vuelve a mencionar en un fragmento del manuscrito de Ventura Aguado,
cerca de la fuente de las ranas, con sus peces de colores, desapareciendo con
la construcción del laberinto, seguramente en época del XI duque de Osuna,
pasando las tencas a otro situado en la parte norte de la posesión, al final
del segundo tramo de la Ría, como se recoge en la descripción de Pascual Madoz
(Madoz, 1845, Tomo I, p.187).
Una
última curiosidad es que Nicolás menciona que “Antes de la entrada del jardin hai bustos de marmol de los
Emperadores romanes”. Lo más probable es que se trate de los bustos que
actualmente adornan la plaza de los emperadores, que en estos momentos se encuentran
en la rotonda de entrada al jardín.




