1798 en la historia del Capricho III


Fuente de las columnas o del Cascarón del Capricho de la Alameda

Continuando con la entrada anterior voy a describir alguno de los elementos que conforman el Jardín en estos momentos. A excepción del Casino de baile y el monumento conmemorativo a la duquesa de Osuna, el resto de los edificios que hay actualmente fueron construidos a lo largo de quince años, desde el primer diseño realizado por Pablo Boutelou en 1784.

Los edificios que se terminan en estos años son la Casa de cañas, la Casa de la vieja y el Fortín al inicio del primer tramo de la Ría. La Casa de la vieja y la Casa de cañas son dos edificaciones que podemos contemplar actualmente por lo que no me voy a detener en su descripción. En cambio el primer Fortín merece una pequeña reseña, ya que su conocimiento llega a nosotros de la mano de Nicolás Cruz de Bahamonde.

Según la descripción de Nicolás Cruz de Bahamonde, consistía en “un castillo á manera de torre antigua con su foso de agua, contrafoso encubierto, cañones, cuerpo de guardia y quarto del oficial con todos sus requisitos: la subida es cómoda. Dentro contiene una bomba manejada por una bestia que saca el agua de un pozo á ochenta pies de profundidad. Con esta agua' y la de un manantial hacen todo el acopio para el canal, para los estanques y para regar la huerta” (Bahamonde, 1812, Tomo 11, Cap. 3, p. 481-486).
Su construcción, sin embargo, debió realizarse entre agosto y noviembre de 1793 según se deduce de una serie de recibos hallados en los archivos de los Osuna (SNAHN, OSUNA, CT. C. 514). Según estas cuentas se está  trabajando en la construcción de una máquina o noria (“la  bomba manejada por una bestia” de Cruz de Bahamonde) y en una torre, bajo la dirección del aparejador Antonio Álvarez.

Documentos posteriores hacen referencia también a este edificio, así Ventura Martín, maestro vidriero, en noviembre de 1796 coloca “11 entrefinos en la Máquina”, en los “Gavinetillos” y “donde anda la mula” (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.103), tres elementos que identifican este primer Fortín. Otra cuenta del 15 de diciembre trata de la reparación de varias cerraduras del “Castillo” de la Alameda (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.50), término que también utiliza Nicolás Cruz de Bahamonde para definir este edificio.

No sabemos exactamente cuándo se transforma el Fortín en el Casino de baile. Según Carmen Añon es obra de Antonio López Aguado (Añon, 1994, p. 99), lo que nos sitúa como muy pronto en 1803, pues es cuando su nombre aparece en la nómina del Capricho (SNAHN, OSUNA, CT. C. 463). Aunque los trabajos que firma en estos momentos están en relación con fincas extramuros del jardín (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D. 14, 2).
La entrada de Antonio Aguado en el Capricho coincide, por otro lado, con el desmontaje de una torre, entre abril y mayo de 1804 (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D. 14, 3), y aunque todo apunta a que se trata del Fortín,  lo más seguro es que el proyecto no se llevara a cabo en este momento, ya que la “Batería” que figura en el inventario de bienes muebles de 1807 está más en consonancia con el primer Fortín descrito por Cruz de Bahamonde, ya que alberga una habitación de oficiales, que el Fortín posterior, que parece macizo en su interior y por tanto carente de ningún tipo de estructura parecida (SNAHN, OSUNA, CT. 534, D.2).

De momento es prematuro conjeturar una fecha para este edificio. Tal vez el proyecto estaba en marcha ya en 1804 tras el regreso de los duques de París, que deslumbrados por la grandiosidad de sus edificios y la opulencia de la corte, volverían a Madrid con la agenda repleta de nuevos proyectos e ideas. Los acontecimientos de años sucesivos, sin embargo, muerte del duque en 1807 y toma de Madrid por las tropas francesas en 1808, van a paralizar la actividad en el Capricho durante varios años. Será a su vuelta y en documentos tardíos (de 1828 y 1829) cuando se mencione el Casino de baile, ya que la obra de Ventura Aguado, donde se describen las dos nuevas construcciones, Casino y nuevo Fortín, no puede utilizarse como criterio cronológico de momento pues está sin fechar.   

Otro de los elementos nuevos que no han llegado hasta nuestros días es la fuente del “Cascarón”, como se la menciona en distintos documentos. Su configuración nos llega de la mano de Ramón Pardo, marmolista, quien en julio de 1797 presenta una cuenta por realizar “obras de Cantería Mármol y Berroqueña que echo para el Zenador que se halla en la Fuente del Jardín propio de la exma Señora condesa de Venabente, sita en la Villa de la Alameda con horden de dcha Señora, bajo la dirección del Señor Arquitecto Mateo Medina” (SNAHN, OSUNA, CT. C. 404, D. 17).

Según la descripción efectuada por el marmolista, de los trabajos realizados en la fuente, esta se asentaría sobre cuatro pilastras de piedra berroqueña, encima de las cuales se colocarían el enlosado y cuatro zócalos de piedra, que sostendrían las cuatro columnas de orden jónico, de fuste blanco, y basa y capitel de color pajizo,  mientras que en los huecos entre los zócalos se colocarían tres bancos de piedra blanca. El entablamento, también jónico, combinaría tres colores diferentes de piedra, el color pajizo y el morado de la piedra de Cuenca, con el blanco de la de Granada. En el centro de la composición iría la taza de la fuente con una estatua. La cubierta sería de media cúpula. Esta la realiza Jorge Balze en 1796, así como la decoración de sus “repartimentos” con florones colgantes y conchas (SNAHN, OSUNA, CT. C. 398 (3)).

Ventura Aguado nos ofrece un detalle más sobre esta fuente: “Un medio cascarón, que suntuoso /se eleva en un jardín vanaglorioso, /bien merece su erguida prepotencia/pues en el se demuestra sin falencia,/la arquitectura regia y primorosa,/se descubre escultura muy preciosa/en estatuas columnas y labores,/en bellas grecas y preciosas flores”. Lo que hace pensar que la fuente estaba elevada sobre una colina artificial, tal y como vemos en esta pintura efectuada en un abanico perteneciente a la duquesa de Talavera, datado a finales del S.XVIII y primer decenio del S. XIX (Ezquerra, 1920, nº 152 del catálogo).

La fuente de las Columnas o del Cascarón es otro de los elementos que se mantendrán en vida de la duquesa. Tras su muerte en octubre de 1834, su nieto D. Pedro encargará a Martín Aguado la ejecución del monumento conmemorativo que podemos contemplar hoy en día, para el cual se reutilizó parte de las estructuras precedentes, como puede observarse en las columnas que sostienen la media cúpula de esta nueva construcción. El busto de la duquesa se coloca en el centro de la composición en el año de 1838 ( SNAHN, OSUNA, 1313).  

De la pintura del abanico se puede extraer otro dato más, ya que si la datación del abanico es correcta, debemos entender que el palacio fue modificado seguramente a principios del siglo XIX. Lo que está en consonancia con una carta que escribe Taday a la duques, una vez los ejércitos franceses se han retirado de Madrid, el seis de octubre de 1812, comentándole el estado de la hacienda, y dice que “las guardillas que antiguamente servían de guardarropa, están quasi hundiéndose” y continúa “en esta semana tratare con Aguado lo que se puede azer para evitar su rouna y al menor gasto” (SNAHN, OSUNA, CT. C. 540, D. 13). Por tanto es posible que sea en este momento cuando se suprima el tejado de la fachada del jardín y se cubran las torres.

Por último mencionar, como nuevo elemento que se construye en estos años, la Nueva Ría. Con el nombre de Nueva Ría se designa el tramo que va desde el lago al segundo fortín, que es el que ha llegado hasta nuestros días, ya que el tramo que va del lago al Casino de baile actual ya debía estar construido con anterioridad, posiblemente se haría al tiempo que la máquina y la torre, entre 1793 y 1794.  

Su construcción debió ser complicada ya que como indicamos en la entrada anterior, para unir los dos tramos de ría era necesaria la construcción de un puente-acueducto que salvara el desnivel que suponía el arroyo que cruza la finca. Su interior es decorado con roca, según los recibos (SNAHN, OSUNA, CT.C.514), adquiriendo el aspecto de gruta, como puede contemplarse en la actualidad.

A esto hay que añadir los “juguetes chinescos”, la tienda de campaña y la montaña rusa, que no es más que una pequeña elevación, cuyo ascenso se realiza en espiral y que se sitúa cerca del lago, mencionados tanto en la descripción de Nicolás de Bahamonde como en los documentos de archivo (SNAHN, OSUNA, CT. 402, CT. C. 398 y CT. C. 514). Elementos que tampoco han llegado hasta nosotros aunque han quedado las trazas de su existencia en el terreno.

Para finalizar señalar la pervivencia todavía en estas fechas, y seguramente hasta la muerte de la duquesa, del jardín anglo-chino de Pablo Boutelou, ya que se mencionan varios elementos diseñados por este jardinero en 1784. Como son el estanque de los peces situado en el jardín bajo (el estanque de la huerta), el Salón de baile frente al palacio, ya que como hemos visto el Casino de baile es una construcción posterior, y la primitiva Puerta de entrada al jardín (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D. 50).

Este Estanque del jardín bajo se puebla con tencas en 1784 (SNAHN, OSUNA, 66), unas 226, y se vuelve a mencionar en un fragmento del manuscrito de Ventura Aguado, cerca de la fuente de las ranas, con sus peces de colores, desapareciendo con la construcción del laberinto, seguramente en época del XI duque de Osuna, pasando las tencas a otro situado en la parte norte de la posesión, al final del segundo tramo de la Ría, como se recoge en la descripción de Pascual Madoz (Madoz, 1845, Tomo I, p.187).   

Una última curiosidad es que Nicolás menciona que “Antes de la entrada del jardin hai bustos de marmol de los Emperadores romanes”. Lo más probable es que se trate de los bustos que actualmente adornan la plaza de los emperadores, que en estos momentos se encuentran en la rotonda de entrada al jardín.

1798 en la historia del Capricho II



1798 es un año clave para el Capricho. Este año pone el punto final a la actividad constructiva en la Alameda, al menos durante un largo período de tiempo. Se puede decir que el Capricho ya está conformado en sus dimensiones, en su diseño y en su misma esencia. Las postreras actuaciones serán puntuales, de remodelación unas, en el palacio, y de transformación otras, el casino de baile y la plaza de los emperadores, sobre unos espacios ya creados y sin distorsionar el espíritu del mismo, el espíritu de la duquesa de Osuna.
Don Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco, IX duque de Osuna, ha sido nombrado embajador en Viena por Carlos IV (YEBES, p. 153), y debe incorporarse lo antes posible a su nuevo cargo, desplazándose para ello con toda la familia. Por ello es necesario finalizar en este año de 1798, cuanto antes, las obras en el Capricho.
El capricho de la Alameda


Desde 1796 a 1798 se efectúan distintas actuaciones destinadas en principio al acondicionamiento de las estancias ya creadas, palacio, abejero, ermita, invernadero y de finalización de las que estaban en curso, casa de la vieja, casa de cañas y primer fortín, para continuar con otras de nueva fábrica como la ría o la fuente de la plaza frente al palacio. Concentrando la mayor actividad constructiva entre 1797 y 1798, cuando se termina la fuente frente al palacio y se construye el puente de la ría nueva, auténtica obra de ingeniería que salvará el obstáculo que supone el pequeño riachuelo que recorre la finca de norte a sur para la circulación de las pequeñas embarcaciones. Y hace su aparición un nuevo edificio fuera de los muros de la posesión, la casa de oficios, lo que determinará las nuevas funciones de la cuadra vieja y el pajar.
Por las cuentas del archivo de los Osuna sabemos que durante este período se compran lámparas de araña para los cuartos de los duques (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.103), se procede al acristalamiento de puertas, ventanas y muebles en los distintos edificios (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.103), así como se efectúan obras de cerrajería en puertas, ventanas, persianas, mobiliario, balaustres, escaleras, enrejados o emparrados (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D. 43-50).
En el palacio se rematan y revocan las torres, se construye una librería de ladrillo frente al oratorio (SNAHN, OSUNA, CT. C. 514) y una chimenea francesa en el cuarto principal (SNAHN, OSUNA, CT.C.404, D.18). Tadey realizará trabajos de pintura (SNAHN, OSUNA, CT.C.514), y se decorará con estucos tanto el palacio como el abejero (SNAHN, OSUNA, CT. C. 398).
Angel María Tadey, contratado por los duques desde 1796 (SNAHN, OSUNA, CT.C.501, D. 2 y D. 34), comunica que los trabajos de pintura en la casa de cañas están casi finalizados, al igual que las obras en la casa de la vieja (SNAHN, OSUNA, CT.C.514).
Se menciona un castillo en un documento que tiene relación con trabajos de cerrajería (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.50), que posiblemente esté haciendo referencia al fortín que se sitúa al inicio de la ría, donde posteriormente se construirá el casino de baile. 
Por último mencionar los trabajos de dos elementos nuevos, la nueva ría construida durante el año de 1798 (SNAHN, OSUNA, CT.C.514), y la fuente denominada en los documentos “del cascarón”, por estar cubierta por una cúpula sostenida por columnas con capiteles jónicos, que se sitúa en el gran espacio frente al palacio, cuya construcción se lleva a cabo fundamentalmente en el año de 1797 (SNAHN, OSUNA, CT.C. 404, D. 17).  
Mientras avanzan estos trabajos, el Capricho se introduce, poco a poco, en el escenario social del momento. La duquesa ofrece este espacio a sus invitados para la celebración de bailes (SNAHN, OSUNA, CT.C. 390, D.1) y cenas, una muy especial con ocasión de su 44 cumpleaños, a la que acuden 34 personas (6176.53/2, Archivo Blake).  
Esto a grandes rasgos son las labores que se llevan a cabo en el Capricho durante estos años.

En la siguiente entrada me centraré en los edificios y los elementos de nueva creación, sobre todo los que no perviven en la actualidad, y comentaré algunos detalles que pueden resultar interesantes.



1798 en la historia del Capricho


El Capricho de la Alameda


Llegamos a 1798 en la historia del Capricho. Un año interesante para mí pues hace su aparición la escultura de Baco (Bahamonde, 1812, Tomo XI, Cap.3, p. 481-486), cuya presencia es el origen de esta investigación, ya que se desconoce todo de esta escultura.
El Baco de la Alameda es una escultura que ha pasado desapercibida ante los ojos de los investigadores, sobre todo desde que Pedro Navascués dictó su sentencia condenatoria cuando, hablando del templete dice, que “encierra una mediocre escultura de Baco en mármol” (Navascués, 1975, p.11), lo que unido a la ausencia de pruebas acerca de su procedencia o de su autor, ha ocasionado que pocas personas le hayan dedicado algunas líneas.
Cierto que según el gusto artístico actual la escultura de Baco no puede ser calificada de obra maestre, como sucede con la Venus de Adán. Pero también es cierto que en cuanto a gustos no hay nada escrito. Esta escultura por algún motivo fue elegida por la duquesa para ocupar un lugar relevante en su jardín, el Templo.
De hecho el Capricho de esta época rezuma rococó por todos sus poros, como así lo declara Pedro Navascués, que al hablar del abejero dice “lo curioso aquí se produce al analizar los volúmenes y detalles arquitectónicos del edificio, ya que recuerda más los de la arquitectura rococó que la más severa y racional neoclásica” (Navascués, 1975, p. 12), o cuando habla del templete dice que “…conviene señalar otras peculiaridades del templete tales como el modo inusual de resolver la planta acudiendo al modelo barroco de la elipse” (Navascués, 1975, p. 11). El mismo palacio con sus gabinetes ochavados y compleja secuencia de escaleras recuerda esta estética dieciochesca.
Pero es lógico que así sea, ya que la duquesa ha paseado su infancia y juventud por palacios rococós. Su espíritu, aunque participa de la locura ilustrada del momento, mantiene el gusto por un estilo en declive, que pronto será sustituido por los nuevos artistas forjados en la recién nacida Academia de San Fernando, cuyos primeros maestros todavía pertenecen a la antigua estética barroca.
Juan Adán es uno de estos artistas noveles desconocidos y el neoclasicismo la vanguardia minoritaria del arte. Cuando Bahamonde visita el Capricho solo dice de la Venus de Adán que es una “estatua moderna de mármol”, mientras que en el inventario de 1807 los escribanos toman nota del nombre de Juan Adán al inventariar la Venus situada en el abejero, porque así consta en la firma, no porque reconozcan su estilo (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. 534,D.1).
La propia duquesa, en cierta ocasión, manifiesta su descontento por la Venus del escultor aragonés, según se colige de las palabras extraídas de una carta que escribe Adán a la duquesa, cuando en octubre de 1793, esta, visita el taller del escultor. El escultor siente no hallarse en su obrador “en la ocasión que V.E. se sirvió venir a ver su Estatua mayormente por ver si con mis razones podía conseguir mitigar la desazon con que me dicen V.E. estuvo”,  y más adelante dice que le han comunicado que “V.E. prorrumpio varias expresiones y entre ellas de no servirle ya la Estatua”, y que “se manifestó V.E. como arrepentida de no haver encargado la obra a Roma”  (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. C. 393, D 34).
En cambio la escultura de Baco está más en consonancia con esta estética todavía rococó que perdura en el Capricho. A caballo entre lo antiguo y lo moderno, pues aunque las formas apuntan en este sentido, la sencillez con que está tratado el tema báquico contribuye a ensalzar los nuevos valores ilustrados del momento. Por ello a pesar de ser una escultura “mediocre” es original en su concepción, muy propio del pensamiento ilustrado de la duquesa. Es por tanto coherente que la duquesa eligiera para presidir su Capricho una escultura que estuviera en consonancia con el resto del jardín.
Sea como fuere el Baco aparece en el templo, que nosotros sepamos, en 1798, aunque pudo llegar antes, pues la Venus de Adán se coloca en el Abejero en octubre de 1797 (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. C. 393, D 36), lo que puede indicar que el Baco ya estuviera en el Templo por esas fechas.
Llegamos pues a 1798 en la historia del Capricho y antes de continuar vamos a ver en qué situación estaba el jardín de los duques de Osuna.