1798 en la historia del Capricho


El Capricho de la Alameda


Llegamos a 1798 en la historia del Capricho. Un año interesante para mí pues hace su aparición la escultura de Baco (Bahamonde, 1812, Tomo XI, Cap.3, p. 481-486), cuya presencia es el origen de esta investigación, ya que se desconoce todo de esta escultura.
El Baco de la Alameda es una escultura que ha pasado desapercibida ante los ojos de los investigadores, sobre todo desde que Pedro Navascués dictó su sentencia condenatoria cuando, hablando del templete dice, que “encierra una mediocre escultura de Baco en mármol” (Navascués, 1975, p.11), lo que unido a la ausencia de pruebas acerca de su procedencia o de su autor, ha ocasionado que pocas personas le hayan dedicado algunas líneas.
Cierto que según el gusto artístico actual la escultura de Baco no puede ser calificada de obra maestre, como sucede con la Venus de Adán. Pero también es cierto que en cuanto a gustos no hay nada escrito. Esta escultura por algún motivo fue elegida por la duquesa para ocupar un lugar relevante en su jardín, el Templo.
De hecho el Capricho de esta época rezuma rococó por todos sus poros, como así lo declara Pedro Navascués, que al hablar del abejero dice “lo curioso aquí se produce al analizar los volúmenes y detalles arquitectónicos del edificio, ya que recuerda más los de la arquitectura rococó que la más severa y racional neoclásica” (Navascués, 1975, p. 12), o cuando habla del templete dice que “…conviene señalar otras peculiaridades del templete tales como el modo inusual de resolver la planta acudiendo al modelo barroco de la elipse” (Navascués, 1975, p. 11). El mismo palacio con sus gabinetes ochavados y compleja secuencia de escaleras recuerda esta estética dieciochesca.
Pero es lógico que así sea, ya que la duquesa ha paseado su infancia y juventud por palacios rococós. Su espíritu, aunque participa de la locura ilustrada del momento, mantiene el gusto por un estilo en declive, que pronto será sustituido por los nuevos artistas forjados en la recién nacida Academia de San Fernando, cuyos primeros maestros todavía pertenecen a la antigua estética barroca.
Juan Adán es uno de estos artistas noveles desconocidos y el neoclasicismo la vanguardia minoritaria del arte. Cuando Bahamonde visita el Capricho solo dice de la Venus de Adán que es una “estatua moderna de mármol”, mientras que en el inventario de 1807 los escribanos toman nota del nombre de Juan Adán al inventariar la Venus situada en el abejero, porque así consta en la firma, no porque reconozcan su estilo (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. 534,D.1).
La propia duquesa, en cierta ocasión, manifiesta su descontento por la Venus del escultor aragonés, según se colige de las palabras extraídas de una carta que escribe Adán a la duquesa, cuando en octubre de 1793, esta, visita el taller del escultor. El escultor siente no hallarse en su obrador “en la ocasión que V.E. se sirvió venir a ver su Estatua mayormente por ver si con mis razones podía conseguir mitigar la desazon con que me dicen V.E. estuvo”,  y más adelante dice que le han comunicado que “V.E. prorrumpio varias expresiones y entre ellas de no servirle ya la Estatua”, y que “se manifestó V.E. como arrepentida de no haver encargado la obra a Roma”  (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. C. 393, D 34).
En cambio la escultura de Baco está más en consonancia con esta estética todavía rococó que perdura en el Capricho. A caballo entre lo antiguo y lo moderno, pues aunque las formas apuntan en este sentido, la sencillez con que está tratado el tema báquico contribuye a ensalzar los nuevos valores ilustrados del momento. Por ello a pesar de ser una escultura “mediocre” es original en su concepción, muy propio del pensamiento ilustrado de la duquesa. Es por tanto coherente que la duquesa eligiera para presidir su Capricho una escultura que estuviera en consonancia con el resto del jardín.
Sea como fuere el Baco aparece en el templo, que nosotros sepamos, en 1798, aunque pudo llegar antes, pues la Venus de Adán se coloca en el Abejero en octubre de 1797 (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. C. 393, D 36), lo que puede indicar que el Baco ya estuviera en el Templo por esas fechas.
Llegamos pues a 1798 en la historia del Capricho y antes de continuar vamos a ver en qué situación estaba el jardín de los duques de Osuna.