El duque de Osuna D. Pedro Alcántara Téllez-Girón y Pacheco hace testamento el 10 de diciembre de 1805 (ARCHIVO DE PROTOCOLOS 21765, 12). Nombra como albaceas al Príncipe de la Paz, a sus dos hijos Francisco de Borja y Pedro de Alcántara y a sus dos yernos el Marqués de Santa Cruz y el Marqués de Camarasa, encargando al primero la vigilancia y seguimiento, y revocando cualquier poder anterior (es posible que hiciera otro en 1779, motivado tal vez por la inminente guerra contra Inglaterra en la que el duque participa activamente, según se desprende del escrito de apertura del testamento efectuada a su muerte El 9 de enero de 1807).
Comienza el testamento dando muestra de su fe en la Iglesia Católica, en la Santísima Trinidad y en la Virgen María para continuar manifestando que se encuentra en su sano juicio, tal y como exige la ley, para otorgar testamento, y pide que sea depositado su cuerpo sin vida junto al de sus padres en el Convento de la Victoria de Madrid, situado en la Puerta del Sol. No quiere un entierro con mucha pompa sino que se haga con discreción, en la noche, trasladando el cuerpo en su propio coche hasta la iglesia donde tendrá lugar el sepelio, con la única salvedad de las seis mil misas que han de rezarse por su alma, así como el reparto de mil duros en obras de caridad.
A su heredero, D. Francisco de Borja Téllez-Girón y Pimentel, X duque de Osuna, al que se refiere como Marqués de Peñafiel, ya que todos los herederos del título Osuna también lo son del de Peñafiel, le otorga un caballo, el que él elija. También otorga caballos a sus dos yernos, el Marqués de Camarasa, casado con la primogénita, Dña. María Manuela, a la que también distingue como Marquesa de Peñafiel, y el de Santa Cruz, este último casado con Joaquina, su segunda hija, condesa de Osilo y Marquesa de Santa Cruz. Al segundo varón, D. Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pimentel, Príncipe de Angola y Marqués de Javalquinto, por ser aficionado a la pintura le regala el cuadro que le dejó el Conde Fernán Núñez, presumiblemente a su muerte, por lo que debió tratarse del VI Conde, D. Carlos José Gutiérrez de los Ríos y Rohan, y una espada de montar. A las tres hijas les deja que elijan de su cuarto cada una un reloj de sobre mesa, aunque reserva uno en concreto para su hija mayor. A su gran amigo y bien hechor el Príncipe de la Paz le manda la copia de la Venus de Tiziano y otro objeto que tiene que ver con los caballos pero que no he conseguido descifrar debido a la caligrafía tan complicada del duque, mientras que a otro Marqués de Santa Cruz que tampoco he conseguido averiguar de quién se trata, D. Pedro de Silva Fco de (…), le da un libro de su librería el que él quiera.
El resto de los bienes, tanto propios como gananciales, los refunde en uno aunque haciendo la separación pertinente, para repartirlo entre sus dos hijos más desfavorecidos por la fortuna, Dña. Joaquina Téllez-Girón y Pimentel, Marquesa de Santa Cruz, y D. Pedro de Alcántara Tellez-Girón y Pimentel, reservando el quinto que queda de la herencia para un ahijado llamado D. Pedro Ortega, hijo de D. Manuel y de Dña María Bernarda (Chambee), dejando a esta última el usufructo del mismo hasta la mayoría de edad de D. Pedro. Por último pide a su hijo se haga cargo de sus camareros D. Juan de Gambasa y D. Juan de Sevilla, entre los que reparte alguna ropa y algún mueble de su recamara, según la costumbre, y pide al Príncipe de la Paz que interceda por él ante sus Amos los Reyes.
El testamento nada deja a su esposa la Condesa-Duquesa de Benavente, al contrario es la más perjudicada al otorgar en herencia no solo los bienes propios sino también los gananciales, fruto de una vida en común. Ya en 1808 vemos como afectan estas disposiciones a la duquesa pues tiene que recurrir a una testamentaría judicial para comprar el Capricho. Problemas que continuarán tras la Guerra de Independencia con su hijo D. Francisco de Borja, “en pleito con su madre a consecuencia de las disposiciones que tomó Pedro Alcántara al morir” (Yebes, p.49), a quien había intervenido su fortuna el Supremo de Castilla en 1816 hasta la resolución del pleito por la herencia.

