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La ampliación de 1784 en relación con el proyecto de Boutelou

    Tras la compra inicial de “una casa palacio, huerta y demás” al excelentísimo conde de Priego el 18 de octubre de 1783, los duques manifiestan su intención de ampliar la finca al presbítero D. Antonio Salcedo, mediante la incorporación de los terrenos situados al norte de la finca, pertenecientes a su capellanía, como así consta en la petición efectuada por este ante el Ayuntamiento de dicha villa el 7 de noviembre de 1783 para llevar a cabo la tasación de las tierras: “ teniendo tratado con la señora Condesa Duquesa de Benavente, Bejar, Gandia, y Arcos el venderla dicha tierra á censo reservatorio por lógica a juicio de personas inteligentes se considere correspondiente y justo, con motivo de acomodar á S.E. el tomarla para extender la Huerta y Jardin que tiene en sus inmediaciones” (OSUNA, C. 1699, D. 15).    
En agosto de 1784 se procede con el “pedimento” del presbítero por el cual se nombran a tres peritos vecinos de dicha villa, Agustín Hernández Gara de “quarenta y un años poco más o menos”, Pedro de la Fuente de “quarenta y seis años poco mas o menos” y Lorenzo Ramos de “hedad de treinta y cinco años poco mas o menos”, bajo la supervisión de Ylario de la Riva, escribano de número de la villa de Baraja. Los tres peritos acompañados del escribano proceden al reconocimiento de “un pedazo de tierra sito en las inmediaciones de esta villa detrás de ella a la parte del Norte, frente de la iglesia parroquial de la misma”, “entre esta y posesión de la Señora Marquesa Condesa de Benavente” que “corresponde á la Capellania que en la parroquial de la villa de Barajas fundo Lucas Bazquez de Ledesma, en cuya posesión han estado los capellanes que han sido y lo está el actual D. Antonio de Salcedo (OSUNA, C. 1699, D. 15). Se trata por tanto de los terrenos situados a continuación del jardín por el norte cuyo límite superior lo constituye la iglesia parroquial.
Tras el reconocimiento de la finca el cuatro de septiembre de dicho año se convoca a los tres peritos nuevamente ante el alcalde ordinario Juan Martínez para proceder al interrogatorio. Los tres coinciden en sus conclusiones, consideran que sería beneficioso para la capellanía otorgar dichas tierras en censo reservatorio a los duques de Osuna ya que se aseguraría un ingreso anual y evitaría la continua usurpación que viene sufriendo la finca por parte de sus vecinos, al tiempo que se ahorrarían los costes derivados de su arrendamiento. En este momento la extensión de la finca ocupa más o menos una fanega pero “en lo antiguo se dice haber sido Huerto plantado de arboles frutales, como de dos fanegas de cavida poco mas o menos, y lindando con calles publicas, y con corrales del Lizdo Pedro Julian y Huertos de Pedro Mathias vecino de Madrid” (OSUNA, C. 1699, D. 15). La causa de esta reducción en las dimensiones es debida a la práctica habitual de los labradores de introducirse dentro de los lindes de sus vecinos cuando trabajan la tierra.
Según se desprende de la lectura del texto en el momento de la adquisición la posesión está bastante deteriorada presentando incluso síntomas de abandono, según palabras del presbítero, “todos los cuales Huertos se advierten reducidos en el dia a tierra Calma, y las Calles a caminos o sendas”,  lo que coincide con el comentario de los peritos al hablar de “sus cercas y estanque de aguas” de los que solo se conservan los cimientos. La causa de este abandono puede deberse al progresivo descenso de la producción motivado por una sucesión de malas cosechas que dificulta el arrendamiento de la misma. De ahí la conveniencia para la capellanía de otorgarlas en censo reservatorio a los duques de Osuna. La cantidad que los peritos estiman vale el terreno es de 22 o 24 reales anuales, cantidad que los duques deberán abonar a la capellanía por su inclusión dentro de la posesión.
En noviembre de 1784 continua la compra de terrenos, esta vez el vendedor es el propio Ayuntamiento de la Alameda. La compra consiste en “cuatro pedazos que se hallan eriales y en lo antiguo fueron calles y sendas para esta Villa”,dos pedazos de tierra labrantía detrás de esta villa de la Alameda frente a la Iglesia Parroquial” (OSUNA, C. 1699, D.6) y tres pedazos situados en el lugar que llaman “el vadillo” al sur del camino o calle Real. Un total de siete fanegas, cinco celemines y tres cuartillos. Los dos pedazos de tierra labrantía deben situarse al norte del jardín en línea con la iglesia parroquial pero sin llegar a unirse con este ya que están rodeadas por el norte y poniente con tierras de D. Juan Lopez Lobo y a mediodía y saliente con tierra y huerta de D. Ramón Rodriguez Prieto. Los cuatro pedazos que eran antiguas calles de la villa de la Alameda lindan con los dos pedazos anteriores y con las tierras otorgadas por la capellanía de Barajas a los duques de Osuna en censo reservatorio. Mientras que los otros tres pedazos situados en el vadillo se encuentran al sur de la posesión separados por la calle Real que circula en sentido este-oeste y que conduce a Madrid.
El Capricho de la Alameda
Reconstrucción hipotética de los terrenos existentes en 1783 sobre el plano de Boutelou

      Por tanto cuando Boutelou realiza el proyecto de jardín anglo-

chino todos los terrenos incluidos dentro de la cerca exterior ya

 pertenecen a los duques, consecuencia de las adquisiciones de este

 año 1784. Aunque según hemos podido comprobar solo las tierras

 otorgadas por la capellanía se extienden inmediatamente a

 continuación del jardín por lo que es posible que solo se incluyeran

 estas dentro del proyecto, y tal vez alguno de los cuatro pedazos 

que eran antiguas vías públicas y que fueron vendidos por el 

Ayuntamiento, el resto se añadiría más tarde, posiblemente en 

1790, cuando se agregan prácticamente la totalidad de los terrenos 

que D. Ramón Rodríguez Prieto tiene en esa zona. 



El proyecto de Pablo Boutelou 1784

           Para entender mejor cómo era el Capricho en esta primera etapa de formación, y la siguiente, hasta 1789, he recurrido a un documento gráfico único realizado un año después de la adquisición de los terrenos que constituyen el núcleo inicial a partir del cual se genera el parque, me refiero al proyecto que Pablo Boutelou (Plano 1), jardinero de origen francés, realiza por encargo de los duques para la Alameda, según se explica en la cartela situada en la parte superior izquierda del plano: “Plano del jardín y casa de campo de la Excma. Sr. Condesa de Benavente y marquesa de Peñafiel. Con una idea de un jardín anglochino y demás que puede acerse en la Alameda a una legua de Madrid. Diciembre 24 de 1784.”  

El Capticho de la Alameda
Plano 1. Proyecto de Jardín para la Alameda que realiza Pablo Boutelo en 1784


El 18 de octubre de 1783 los duques de Osuna compran a D. Juan Justo Fernández de Córdoba, conde de Priego, una “casa principal que está en dicha villa de la Alameda como se va de la calle Real a la Iglesia a la mano izquierda, con su huerta, cochera y caballerizas, estanques, minas, agua de pie y dulce, rejas y balcones, puertas y todo lo demás de que se compone sitio y fábrica” (A.H.N. OSUNA, C.  1699).  Ese mismo año se acometen las primeras obras, “se cuidan los cultivos existentes, se cubren las uvas de las parras con redes, y se construye un salón de baile cuadrilongo, situado en el parterre frente al palacio” (Añon, 2003, p.64). En 1784 continua la adquisición de terrenos, se traen árboles de San Fernando y Aranjuez y se compran tencas para el “estanque de la huerta” (Añon, 2003, p. 64). Es entonces cuando entra en escena Pablo Boutelou, diseñando un jardín “anglochino” para la Alameda de los duques de Osuna.

                Para hacernos una idea de la extensión que tenía en 1784 la finca contamos con elementos de referencia en el plano que han permanecido en el mismo lugar a lo largo del tiempo. Así por ejemplo la iglesia de Santa Catalina, que el autor denomina “Parroquia”, nos permite establecer un límite aproximado por el norte, el arroyo, que actualmente cruza el Capricho de norte a sur pero que en el proyecto del jardinero todavía no es un elemento integrante del jardín, nos marcaría el límite por el oeste, mientras que los límites sur y este están formados por las actuales calles del Paseo de la Alameda, calle Real en el plano, y la calle de la Rambla que sube a la parroquia, respectivamente.

Un proyecto es la plasmación de una idea que aún no se ha realizado de manera que alguno de los elementos que vemos representados en el proyecto de Boutelou todavía no existían en 1784. Cotejando la documentación gráfica con la escrita tal vez podamos establecer un punto de partida que nos permita determinar qué elementos se hallaban en el momento de la compra y cuales se van incorporando posteriormente. Así vemos en el plano como una segunda tapia interior de menor extensión delimita lo que debió ser la primitiva propiedad del conde de Priego, donde Boutelou desarrolla su jardín anglochino, y que describen diversos documentos, algunos de tiempos de Vitalicio Faviani, abogado del Superior Consejo de Italia, propietario de la finca hasta 1676. Según estos la posesión cuenta con una serie de elementos, a saber, una casa con “cuarto bajo y principal”, sin duda la vivienda principal que Boutelou centra en la tapia que da a la calle de la iglesia, que más tarde transformaran los duques en la casa palacio que conocemos; una huerta con árboles frutales, que Carmen Añon hace coincidir con la parte baja de la propiedad (Añon, 2003, p. 63); un estanque, posiblemente el “estanque de la huerta” que los duques pueblan de tencas en 1784 y que Boutelou describe rodeado de saucos de Babilonia y chopos de Lombardía asignándole la letra (N); una fuente de pie con agua dulce situada también en la parte baja y que en el diseño de Boutelo tiene “quatro surtidores” (O), a la que se añadirían, como nos cuenta Carmen Añon (Añon, 2003, p.73), unas ranas de bronce realizadas por  Domingo Urquiza en 1785, que dan el nombre actual a la Fuente; caballeriza, cueva (tal vez una bodega, como más tarde comentará Madoz) y cochera, sin duda la construcción situada en el muro sur que da a la calle Real en el plano de Boutelou, a la que asigna la letra (I) y describe como “Casa de Jardineros y quadras”; y cerca, la tapia interior en el diseño de Boutelou que encierra todo lo mencionado hasta ahora y que “lindaba al levante y poniente con calles públicas”, las únicas que refleja el plano son la calle Real, al sur, y la que sube a la iglesia al este, por lo que debía haber una tercera calle al oeste, por la zona del arroyo, lo que implicaría la compra de terreno público; luego hay un comentario a otro huerto “de las minas, donde nacía el agua que surtía la huerta” que tal vez debido a encontrarse en un lugar más apartado no se representa en el plano. A todo esto hay que añadir el salón de baile cuadrilongo que menciona Carmen Añon que debió construirse a finales de 1783 y que en el plano de Boutelou lleva la letra (D), Salon. Esta sería la descripción de la finca a finales de 1783 (Plano 2). 
El Capricho de la Alameda
 Plano 2. Reconstruccion hipótetica de la Alameda en 1783

Al ampliar la propiedad en 1784, Boutelou introduce dos elementos nuevos en el jardín, las Puertas y las Calles para los carruajes (G), elementos que han permanecido hasta la actualidad aunque con algunas modificaciones y que puede que procedan de la inclusión de dos viales públicos en la finca, uno por el oeste y el otro por el norte. Los carruajes efectuaban la entrada por la calle Real, paseo de la Alameda, y salían por la actual calle de la Rambla, que en otros documentos llaman calle Mayor, realizando un recorrido en L, que conducía a los viajeros ante la Casa Principal. Según veremos en otro documento posterior la Puerta que da a la Calle Real, y que se considera la Principal, será modificada su apariencia que no su ubicación a consecuencia de una nueva ampliación, mientras que la de Salida que está junto a la Casa Principal, permanece sin alteraciones desde su construcción (A.H.N. OSUNA, 1699, D.2). Antes de la ampliación de la finca no debía estar habilitada la entrada de carruajes dentro de la propiedad dejando probablemente a los viajeros delante de la casa principal, en la calle de la iglesia, para retroceder nuevamente hasta la calle Real donde se encontraba la entrada a las cocheras. Incluso es posible que las cocheras, como se describe en documentos posteriores, tuviera una entrada directa a la parte baja del jardín, llegando a la vivienda por la zona de la “fuente de pie”, luego fuente de las ranas, que está alineada con las escaleras de subida a la terraza superior. Estas escaleras según Carmen Añon fueron construidas en 1785 (Añón, 2013, p. 72), Boutelou, sin embargo, no las asigna letra en su proyecto por lo que es posible que ya estuvieran con anterioridad, siendo una remodelación lo que tiene lugar en 1785. Actualmente estas escaleras no ocupan el lugar asignado por Boutelou ya que como vemos en el plano se hallan desplazadas con respecto a la Casa Principal mientras que en la actualidad están a continuación de la fachada sur de la misma. Posiblemente el cambio se realizó al tiempo que las obras de remodelación de la vivienda principal.

El resto del diseño de Boutelou, “el mazizar de rosalea cortadas a tijera a un ygual formando alfonbra” (K) o el “exagono de chopos de la Carolina” (F),  no podemos saber si se llevó a cabo ya que el laberinto que actualmente ocupa este lugar oculta cualquier resto que pudiera haber pervivido, aunque no se descarta que en vida de la duquesa el lugar estuviera ocupado por el proyecto de Boutelou ya que la primera mención al laberinto es de 1845 (Madoz, 1845, p.188). Solo hay que observar en planos posteriores la parte de la Fuente de las Ranas para darse cuenta que los senderos siguen el trazado diseñado por Boutelou (Plano 3 y 4). En la terraza superior, dentro de la tapia interior, se representan además dos depósitos de agua (E) y una estufa (C).  En un documento posterior se menciona la existencia de un estanque delante del salón de baile (D), que puede ser uno de los depósitos de Boutelou, así como un invernadero a la derecha de la entrada, que pudiera hacer referencia a la estufa (A.H.N. OSUNA, 1699, D.2). Refuerza esta idea el hecho de que para la construcción del bunker en 1937 durante la Guerra Civil española, se utilizaron las construcciones de agua existentes con anterioridad destinadas al abastecimiento de fuentes y jardines, situadas en el palacio, el parterre y el laberinto (Castillo, 2008, p.43). Precisamente los lugares donde Boutelou sitúa los depósitos (E) y el estanque rodeado de saucos de Babilonia y chopos de Lombardía (N), posiblemente el "estanque de la huerta" de épocas anteriores. Así quedaría configurado el Capricho posiblemente en 1785 ya que al año siguiente se comenzará la construcción de uno de los monumentos más emblemáticos de este parque, el Templo de Baco, que Boutelou no contempla en su proyecto (Plano 1).
 

El Capricho de la Alameda
Plano 3 y 4. Perduración del trazado de las calles del proyecto de Boutelou


De la mitad superior del plano lo único que podemos decir es que se trata de una elevación o accidente natural del terreno con escasa vegetación, según se deduce de la descripción de la letra H, que hace alusión a la proyección de una “calle de olibos en la falda del cerro”. Por último me gustaría comentar la descripción que hace al hablar del arroyo asignado con la letra M, “arroyo que en tiempo de aguaceros o fuertes lluvias vierte a la calle Real”, lo que anegaría el camino principal de entrada a la posesión en determinadas épocas del año con los consiguientes trastornos para la circulación de los carruajes. Y como dato curioso señalar la existencia al otro lado del arroyo de una tapia delimitando otra propiedad en cuya parte inferior hay dibujada una construcción que Boutelou identifica con una “Hermita”, ¿es posible que esta ermita sea el origen de la futura ermita del Capricho?. Los duques eran personas extremadamente religiosas, por lo que es posible que decidieran simplemente trasladar la ermita, junto con el ermitaño, al interior de los muros de su espectacular jardín. Estos terrenos debieron incluirse dentro de los muros en diciembre de 1790. Pertenecían a D. Ramón Rodríguez Prieto, a quien ya habían comprado otras fincas anteriormente. En esta ocasión D. Ramón vende una finca de catorce fanegas de extensión en el lugar que llaman arroyo de la Coloma (el arroyo que actualmente cruza el Capricho de norte a sur) junto con unas casas con huerto y la ermita de Nuestra Señora de la Guía (es decir que la ermita ya estaba en una hacienda privadas antes de pertenecer a los duques). Tanto el huerto como la ermita, según se recoge en otros documentos, estaban cercados por una tapia (que Boutelou representa en su proyecto). Toda la hacienda recibía el nombre de "Estacasolo" y lindaba con las vías que conectaban Barajas (Avd. de Logroño) y la Alameda (Calle Real en el plano de Boutelou, Paseo de la Alameda en la actualidad) con Madrid.
Para concluir con este asunto de la ermita comentar que en el epitafio de la tumba de Fray Arsenio, primer ermitaño del Capricho, uno de los ermitaños que habitó este edificio y que fué enterrado a su muerte junto al mismo, se lee lo siguiente: " Aquí yace Fray Arsenio/ residió en esta comarca 26 años / en esta ermita de la Alameda de Osuna / que le fue donada en caridad por sus méritos /dedicándose constantemente a la oración y a las más sublimes prácticas piadosas / murió en 4 de junio de 1802 / en brazos de su amigo Eusebio quién le ha sucedido en su genero de vida / y aspira en sucederle en sus virtudes." Lo que refuerza la idea que apuntabamos más arriba de que la ermita extramuros fuera trasladad intramuros al efectuarse la ampliación de la finca trasladando con ella al ermitaño encargado del culto y la conservación del lugar sacro que llevaba 26 años residiendo "en esta comarca", lo que nos llevaría a 1776, antes de que los duques compraran la propiedad al conde Priego.
Por todo ello coincido totalmente con Carmen Añon al conceder a Boutelou la autoría del primer diseño del jardín de la Alameda (Añon, 2003,p. 67).

Posteriormente he podido comprobar que Mª Isabel Pérez Hernández llega a estas mismas conclusiones, en el asunto de la ermita, en su tesis doctoral.
              









El Testamento del Duque, 1805






El Capricho de la Alameda


El duque de Osuna D. Pedro Alcántara Téllez-Girón y Pacheco hace testamento el 10 de diciembre de 1805 (ARCHIVO DE PROTOCOLOS 21765, 12). Nombra como albaceas al Príncipe de la Paz, a sus dos hijos Francisco de Borja y Pedro de Alcántara y a sus dos yernos el Marqués de Santa Cruz y el Marqués de Camarasa, encargando al primero la vigilancia y seguimiento, y revocando cualquier poder anterior (es posible que hiciera otro en 1779, motivado tal vez por la inminente guerra contra Inglaterra en la que el duque participa activamente, según se desprende del escrito de apertura del testamento efectuada a su muerte El 9 de enero de 1807).
Comienza el testamento dando muestra de su fe en la Iglesia Católica, en la Santísima Trinidad y en la Virgen María para continuar manifestando que se encuentra en su sano juicio, tal y como exige la ley, para otorgar testamento, y pide que sea depositado su cuerpo sin vida junto al de sus padres en el Convento de la Victoria de Madrid, situado en la Puerta del Sol. No quiere un entierro con mucha pompa sino que se haga con discreción, en la noche, trasladando el cuerpo en su propio coche hasta la iglesia donde tendrá lugar el sepelio, con la única salvedad de las seis mil misas que han de rezarse por su alma, así como el reparto de mil duros en obras de caridad.
A su heredero, D. Francisco de Borja Téllez-Girón y Pimentel, X duque de Osuna, al que se refiere como Marqués de Peñafiel, ya que todos los herederos del título Osuna también lo son del de Peñafiel, le otorga un caballo, el que él elija. También otorga caballos a sus dos yernos, el Marqués de Camarasa, casado con la primogénita, Dña. María Manuela, a la que también distingue como Marquesa de Peñafiel, y el de Santa Cruz, este último casado con Joaquina, su segunda hija, condesa de Osilo y Marquesa de Santa Cruz. Al segundo varón, D. Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pimentel, Príncipe de Angola y Marqués de Javalquinto, por ser aficionado a la pintura le regala el cuadro que le dejó el Conde Fernán Núñez, presumiblemente a su muerte, por lo que debió tratarse del VI Conde, D. Carlos José Gutiérrez de los Ríos y Rohan, y una espada de montar. A las tres hijas les deja que elijan de su cuarto cada una un reloj de sobre mesa, aunque reserva uno en concreto para su hija mayor. A su gran amigo y bien hechor el Príncipe de la Paz le manda la copia de la Venus de Tiziano y otro objeto que tiene que ver con los caballos pero que no he conseguido descifrar debido a la caligrafía tan complicada del duque, mientras que a otro Marqués de Santa Cruz que tampoco he conseguido averiguar de quién se trata, D. Pedro de Silva Fco de (…), le da un libro de su librería el que él quiera.
El resto de los bienes, tanto propios como gananciales, los refunde en uno aunque haciendo la separación pertinente, para repartirlo entre sus dos hijos más desfavorecidos por la fortuna, Dña. Joaquina Téllez-Girón y Pimentel, Marquesa de Santa Cruz, y D. Pedro de Alcántara Tellez-Girón y Pimentel, reservando el quinto que queda de la herencia para un ahijado llamado D. Pedro Ortega, hijo de D. Manuel y de Dña María Bernarda (Chambee), dejando a esta última el usufructo del mismo hasta la mayoría de edad de D. Pedro. Por último pide a su hijo se haga cargo de sus camareros D. Juan de Gambasa y D. Juan de Sevilla, entre los que reparte alguna ropa y algún mueble de su recamara, según la costumbre, y pide al Príncipe de la Paz que interceda por él ante sus Amos los Reyes.
El testamento nada deja a su esposa la Condesa-Duquesa de Benavente, al contrario es la más perjudicada al otorgar en herencia no solo los bienes propios sino también los gananciales, fruto de una vida en común. Ya en 1808 vemos como afectan estas disposiciones a la duquesa pues tiene que recurrir a una testamentaría judicial para comprar el Capricho. Problemas que continuarán tras la Guerra de Independencia con su hijo D. Francisco de Borja, “en pleito con su madre a consecuencia de las disposiciones que tomó Pedro Alcántara al morir” (Yebes, p.49), a quien había intervenido su fortuna el Supremo de Castilla en 1816 hasta la resolución del pleito por la herencia.









Escritura de venta judicial de la Alameda



En el Archivo de los Osuna encontramos un documento que comienza de esta manera, “Por escritura de venta judicial otorgada por el juez de la testamentaria del Excelentisimo Señor Duque de Osuna con fecha 20 de junio de 1808, ante el Escribano D. Casimiro Antonio Gómez, adquirió la Excelentisima Señora Condesa Duquesa de Benavente, viuda del referido Señor Duque de Osuna, varias fincas en la Villa de la Alameda, a saber=”  y a continuación va describiendo una serie de posesiones por orden cronológico según la fecha de compra  (OSUNA, C.1699, D.6-12). Quiero hacer mención a él porque se están basando muchas dataciones en el contenido de este documento y yo creo que hay que utilizarlo con reservas ya que la descripción que incluye del Capricho en mi opinión no corresponde con el año de 1808, sino que pertenece a una etapa mucho más temprana del jardín.
El documento debió ser redactado como muy pronto en 1860, ya que esta es la última fecha que consta en el mismo y que hace alusión a la compra por parte del entonces duque de Osuna de una casa situada en la Alameda, cuya fachada principal da a la calle Mayor. Además la homogeneidad de la escritura invita a pensar que fue escrita de una sola vez y no en distintos momentos como se observa en otros documentos del Archivo. La naturaleza de este documento la desconocemos, tan solo podemos suponer que el entonces Duque de Osuna, D. Mariano, decidió en un momento dado hacer un listado de las posesiones que tenía en la Alameda basado en las escrituras de compra venta de su Archivo. No es mi intención ahora analizar el motivo de la creación de este documento sino el de analizar su contenido, deteniéndome en esta ocasión en la primera de las posesiones mencionadas en el listado.
Foto de Susana Novillo Irurzun
Como dije al principio la primera posesión hace referencia al Capricho de la Alameda. Llama la atención, sin embargo, la fórmula jurídica por la que la Duquesa Condesa de Benavente adquiere esta posesión, “venta judicial”, sobre la testamentaría del Señor Duque de Osuna, su marido ya fallecido, de lo que se desprende que la Duquesa tiene que  comprar la propiedad del testamento del Duque, posiblemente de la parte no sujeta al heredero, ya que si no se la tendría que haber comprado a su hijo, D. Francisco de Borja Téllez-Girón y Alonso Pimentel, que hereda la parte inherente al título, convirtiéndose en el X Duque de Osuna. Por qué el Duque de Osuna no lega el Capricho a su mujer la Condesa Duquesa de Benavente pues conoce la pasión que su esposa siente por esa posesión, lo ignoramos. La Condesa de Yebes cuenta que la familia se desplaza a Viena en 1799 por motivos de trabajo pero que no consiguen llegar debido a los acontecimientos que están teniendo lugar en la capital francesa, es el año en el que Napoleón Bonaparte da el golpe de estado convirtiendo la recién estrenada República en una Dictadura militar. Mientras esperan en París el duque cae gravemente enfermo por lo que la familia tiene que regresar a Madrid pero desde entonces su salud es frágil. El duque muere a principios del año 1807 a la edad de 52 años, ¿inesperadamente?, sin tiempo de incluir en el testamento la cesión del Capricho a favor de su esposa. Tal vez por ello se recurre a una descripción anterior con el objeto de abaratar el precio de compra.
Foto de Susana Novillo Irurzun
Así en primer lugar se dan las medidas y la descripción del palacio en el que ya existen las cuatro torres pero todavía se conserva el “Frontis” central con el escudo de la familia. Según Carmen Añon (1994, p.72) las cuatro torres del palacio se realizan entre 1784 y 1793 a cargo de Manuel Machuca Vargas y Mateo Medina, mientras que el frontis no desaparece hasta después de la muerte de la duquesa en 1834 (Añon, 1994, 74-75). Luego se da medida de toda la posesión que tiene 5.169 pies formando un polígono de 13 lados, mencionando la Puerta de entrada “de reja de hierro sostenida por dos pilastras almohadillada de cantería”. Dentro de la posesión hace referencia al Templo y coloca en su interior la estatua de una “Venus en mármol blanco”, a continuación nombra el Abejero y no menciona que tenga ninguna estatua, sin embargo Nicolás Cruz de Bahamonde en la visita que realiza a la Alameda en 1798 sitúa la estatua de Baco en el Templo y la Venus de Adán en el Abejero (Nicolás,Tomo XI, p.485), y más adelante un inventario realizado en 1807 a la muerte del duque vuelve a describir a la “Benus su autor Adan” en “la Abejera” (OSUNA, CT. 534, D.1) por tanto es posible que la estatua de la “Venus en mármol blanco” que se describe en este documento sea todavía la “Venus Medici” de la tasación que efectúa Mateo Guill en 1789 y no la de Adán que según Carmen Añon se coloca en el Templo en 1797 (Añon,2003,p.127). Después menciona el Invernadero, que Carmen Añon data en 1795 (Añon, 1994, p.60), a la derecha de la entrada, después la Casa de Vacas en lo más bajo de la posesión, a continuación por la derecha  la cuadra, pajares y corral para las gallinas, llegando hasta la esquina de la cerca que sube al palacio nuevamente. En el medio de la posesión hace alusión a tres “puentecillos sobre el arrollo que la cruza de Norte a Medio día, el primero de fabrica de ladrillo con antepechos de piedra, enfilada en dirección con los árboles que forman la calle y concluye en la plaza semicircular frente a la cara principal como a unos 500 pasos de ella, el segundo de madera haciendo simetría con un camino de arboleda como el anterior, y el tercero más pequeño que da paso a la calle de árboles frutales junto a la cerca de tablones y maderos rollizos”. Después nombra la Casa y la Capilla del ermitaño, las casas rústicas de ”cañas, espadañas, palos y ramage, el columpio, juego de sortija y demás juguetes”, y sale de la finca para describir la Casa de Oficios que hay frente a la fachada del palacio.
Foto de Susana Novillo Irurzun
Llama la atención que no se hace mención ni del primer Fortín ni de la Ría con el lago, pues sabemos que en 1798 ya existían ambos elementos (Nicolás, Tomo XI, p.483), es más, cuando los duques se detienen en París en 1799, como comentábamos más arriba, la duquesa da órdenes para que se arregle la nueva Ría (Rodríguez, 1997, p. 356). Tal vez sea por ello que en el documento que estamos analizando cuándo describe los puentecillos sobre el arrollo que circula de norte a sur, al describir el último sitúa una cerca de tablones y troncos “rollizos”, posiblemente para acotar el espacio reservado a la Ría.
Como conclusión yo me atrevería a sugerir que la descripción del Capricho contenida en este documento debe datarse entre 1795, cuando el Abejero ya está construido (Añon, 2003, p.129) pero no alberga todavía en su interior la Venus de Adán, y 1797, cuando todavía no tenemos noticia de la existencia de la Nueva Ría.


El Capricho en 1798



Foto de Susana Novillo Irurzun



En esta ocasión quiero dar a conocer una obra que considero crucial para poder establecer un marco cronológico al cambio de las estatuas en el Templo de la Alameda y determinar que aspecto tenía el Capricho en ese momento determinado, se trata de la obra de Nicolás Cruz de Bahamonde, “Viaje por  España, Francia e Italia”.

La obra fue publicada entre 1806 y 1813, esta dividida en 15 tomos siguiendo la secuencia cronológica del viaje, como expongo a continuación según se extrae del Prefacio del Tomo 1 (tomo1, Prefacio, p.X-XI):

“La obra está repartida en X V tomos. E 1 I.° trata de la parte de España , que comprehende desde Ocaña , Valencia , Barcelona , Gerona, Figueras, Rosas , hasta la Junquera: el II.0 habla de la costa de Francia, desde Bellegarde, Perpiñan , Narbona , Mompeller , Nimes, A i x , Marsella, T o l ó n , Antibo, y Niza ; con la ribera de poniente y su capital Genova : el III.° los estados de Parma, y Placencia; Regio , y Mddena; Bolonia , Florencia , Luca , Pisa, L i o r na , Sena, y demás países del camino hasta Roma ; el I V da una idea de Roma, y de sus inmediaciones: el Vi se reduce á Ñapóles, y sus al rededores: el V I contiene la ruta desde Ñapóles por la via de Loreto , Ancona, y países de la Romanía hasta Ferrara; el viage por el Pó á Fusina, y Venecia, y descripción de esta ciudad : en el V I I se hace relación del regreso por Fusina, Padua, Vicenza, Verona, Mantua, Milan, y los demás países de la carrera hasta Turin , incluyendo esta ciudad : el V I I I tomo presenta el viage del Monsenís, Chamberí , Leon , Dijon , Auxerre, Fontenebleau , y París; comprehendiendo las cosas mas singulares de esta capital : en el I X continúa la sucinta idea de las cosas mas notables de París, y de sus cercanías; y se describen Jas principales ciudades del camino , desde París hasta San Juan de Luz : el X da noticia de todos los paises de la carrera , desde San Juan de L u z , con inclusion de Bilbao, has-ta Madrid: el X I describe Madrid, y casas de campo , con los establecimientos inmediatos : el X I I se refiere í Valsain, la Granja, Segovia, Escorial , Toledo , Aranjuez , y viage hasta Granada: el X I I I describe Granada , y los países del camino hasta Cadiz: en el X I V se trata de Cadiz, y de sus inmediaciones : y en el tomo X V se concluye el viage con la descripción de San Lúcar , Sevilla, E c i j a , y Córdoba.”

Sin embargo la obra final fue reducida a 14 tomos al cambiar el tipo de papel, lo que no implicaba abandonar el orden cronológico del viaje según se desprende de las siguientes palabras, “…ya me contento con indicar en cada materia lo mas curioso, siguiendo la cronología, para memoria del sabio, y para estimular al que no lo es, á fin de empeñarlo en la lectura” (Tomo X, Advertencia, p. IV).

Podemos seguir esta secuencia gracias a que el autor tuvo la precaución de anotar en el margen de los primeros tomos la fecha de inicio de cada viaje, como él mismo expresa en el Prefacio del 1º tomo, “He tenido por conveniente notar al margen, en el principio de cada tomo, la data de mi partida , previendo, que muchos de los objetos pueden variar, con lo qual los viajantes, si después los hallasen reformados, sabrán que mi descripción es respectiva á aquellas épocas. La verdad, expuesta con sencillez, es el norte que me he propuesto seguir” (Tomo 1, Prefacio, p. XIII). Así descubrimos que Nicolás Cruz de Bahamonde se encuentra en Madrid entre junio y octubre de 1798, según se lee al inicio del tomo 11, en letra muy pequeña, en el margen derecho, donde se incluye la descripción de la Alameda.

Avalan estas fechas una serie de acontecimientos históricos que vive el autor en primera persona, así se halla en Milán (tomo 1, prefacio,p.IV) en el primer año de la creación de la República Cisalpina (1797) o en Roma cuando el general Duphau, es decir Mathurin-Leonard Duphot, es asesinado a manos del ejército italiano el 28 de diciembre de 1797 (tomo 1, prefacio, p.III).

“En Genova vi la mutación de su gobierno. E n R o m a la muerte del general Duphau,y claros indicios de una pròxima revolución , me obligaron á dex a r , con harto sentimiento, esta ciudad antes de cumplir dos meses. E l l a pedia lo menos una mansion de seis, para poder examinar sus antigüedades , admirar sus bellas artes , y hablar de todo con propiedad. Después seguí en posta por Loreto, Ancona, y costa del Adriático. E n toda la carrera encontre las tropas francesas, divididas en pelotones , que iban contra Roma. Pezaro era el punto de reunion. L a inquietud consiguiente de estos pueblos, indicaba que no era el momento favorable para mis observaciones. E n Venecia entré pocos dias antes de evacuarla los franceses, y ocuparla los alemanes. Por medio de unos dos mil hombres de estas ultimas tropas entré en Padua, y V icenza. De Verona salí envuelto en un cuerpo de ochocientos franceses que la evacuaban. Así como iba en posta , así llegué algunas horas antes que ellos í Mantua. E n Milan, después de muchas fatigas, mediante el comandante francés, que tenia el mando de las armas, pude lograr una carta de seguridad, d un permiso por diez dias para residir allí. Era el primer año de la República Cisalpina: sus temores los traían con razón agitados. E l camino de Turin estaba lleno de soldados, licenciados, que se volvían á Francia. L a zaga de mi coche jamas se vio libre de ellos. E n medio de la nieve de las cumbres del Monsenís encontré tropas que transitaban i pié de una y otra parte. Chamberí parecía una plaza de armas. E n varios pueblos del camino de la Saboya hasta Leon se celebraban con arcos adornados de mirtos, é inscripciones, los triunfos de la Italia. N o obstante de este laberinto de cosas, por una costumbre, mi espíritu sereno se detenia en todos los pueblos investigando sus preciosidades. Leon en estado de sitio, y los demás países de la carrera hasta París, me parecian en el mayor sosiego respecto de las inquietudes de la Italia. A la verdad ellos habían pasado el furor de su revolución.”(Tomo 1, Prefacio, p. III-V).

Este es el recorrido con sus fechas siguiendo las fechas anotadas por el autor en el margen al inicio de cada tomo:

  Abril-Agosto de 1797: Ocaña , Valencia , Barcelona , Gerona, Figueras, Rosas , hasta la Junquera,  entra en Francia, desde Bellegarde, Perpiñan , Narbona , Mompeller , Nimes, A i x , Marsella, T o l ó n , Antibo, y Niza ; con la ribera de poniente y su capital Genova.

Septiembre-Octubre de 1797: los estados de Parma, y Placencia; Regio , y Mddena; Bolonia , Florencia , Luca , Pisa, L i o r na , Sena, y demás países del camino hasta Roma y sus inmediaciones.

Noviembre-Diciembre de 1797:  Nápoles, y sus al rededores,  la ruta desde Nápoles por la via de Loreto , Ancona, y países de la Romanía hasta Ferrara, del Pó á Fusina, y Venecia, y descripción de esta ciudad.

Enero-Febrero de 1798: regreso por Fusina, Padua, Vicenza, Verona, Mantua, Milan, y los demás países de la carrera hasta Turin , incluyendo esta ciudad, el viage del Monsenís, Chamberí , Leon , Dijon , Auxerre, Fontenebleau , y París.

Marzo-24 de Mayo de 1798: continua en París, y de sus cercanías; y se describen Jas principales ciudades del camino , desde París hasta San Juan de Luz.

25 de Mayo de 1798: desde San Juan de L u z , con inclusion de Bilbao, hasta Madrid.

Desde Junio hasta Octubre de 1798: describe Madrid, y casas de campo, con los establecimientos inmediatos, donde se incluye la descripción de la Alameda.

Agosto de 1798: Valsain, la Granja, Segovia, Escorial , Toledo , Aranjuez , y viage hasta Granada: el X I I I describe Granada , y los países del camino hasta Cadiz
1 de Marzo 1799: se trata de Cadiz, y de sus inmediaciones.

6 de Mayo de 1801: concluye el viaje con la descripción de San Lúcar , Sevilla, E c i j a , y Córdoba.



Gracias a estas anotaciones tenemos la oportunidad de conocer que edificios y elementos componían el Capricho en 1798. En primer lugar describe el palacio en el que da descripción de alguna de sus habitaciones, luego pasa a la huerta y jardín donde sitúa una cabaña, “un estanque con islita”, “juguetes chinescos”, y un “pabellón sobre un montecillo”, más adelante dice que la finca “tiene también un castillo a manera de torre antigua, con su foso de agua, contrafoso encubierto, cañones, cuerpo de guardia y quarto del oficial con todos sus requisitos…Dentro tiene una bomba manejada por una bestia que saca el agua de un pozo”, que Añon sitúa donde se encuentra actualmente el Casino, pues piensa que el fortín que conocemos actualmente se construye al tiempo que se levanta el Casino, es decir, a la vuelta de la duquesa de Cádiz, posiblemente en 1815 (AÑON, 1994, p.112-113). Habla del Abejero y sitúa en él una estatua “moderna” de mármol, con seguridad la Venus de Adán pues en 1795 ya la había concluido, mientras que en el Templo coloca una estatua de mármol con un perro a su pie, indudablemente el perro al que hace referencia es la pantera que se enrosca a los pies del dios Baco, por lo que podemos afirmar que la estatua del dios Baco se encuentra en el Templo de la Alameda como muy tarde en octubre de 1798. Y si Carmen Añon está en lo cierto cuando dice que la Venus de Adán se traslada del taller del escultor al Templo en 1797 (Añon, 2003,p.127) entonces el cambio debe suceder en este mismo año de 1798 más o menos.


Se puede consultar la obra online de Nicolás Cruz Bahamonde accediendo a través del Catálogo de la Biblioteca Nacional.

La descripción correspondiente al Capricho se puede ver en una de las entradas de este blog titulada igual que el articulo, El Capricho en 1798.





Un Parque con Encanto

    



    Si estais interesado en descubrir los innumerable secretos que encierra el Capricho os recomiendo que visiteis la siguiente página www.descubriendoelcapricho.blogspot.com.es,
 es una página con encanto igual que el propio Parque, seguro que os cautivará ... 


Las Esculturas del Templo de la Alameda





   Situado en el barrio de la Alameda de Osuna (Barajas) el Parque del Capricho en origen fue una de las casas que los duques de Osuna tenían en Madrid a finales del s.XVIII y que consistía en un palacete y un jardincito privado que más tarde ampliarían siguiendo la innovadora moda del jardín inglés, convirtiéndose en uno de los escenarios madrileños destacados dentro de la vida social, económica y política de la aristocracia ilustrada de entonces.
   El Parque está jalonado por una serie de curiosas construcciones entre las que se encuentra un Templo de estilo clásico. Situado sobre un promontorio cerca del Palacio, al norte, consiste en una construcción de planta ovalada rodeado por doce columnas de orden compuesto o jónico, dependiendo de la publicación, dispuestas en cuatro grupos de tres dejando dos pasillos centrales que convergen en el centro de la elipse donde hoy en día podemos contemplar una estatua del dios Baco. Pedro Navascues atribuye a Mulot, jardinero francés que trabaja en el Petit Trianon de María Antonieta en Versalles, la creación de esta arquitectura debido al "fuerte carácter francés de su diseño”(P.NAVASCUES,1975,p.11). Carmen Añon en un principio no descarta a Mulot como posible autor del Templo, aunque en una publicación posterior baraja varios nombres entre los que no se encuentra el arquitecto José de la Ballina (C.AÑON Y M.LUENGO,2003,p. 74-75), que es al verdadero artífice de esta construcción según se desprende de unos documentos hallados en el Archivo. En cuanto a la escultura Pedro Navascues tan solo se limita a decir de la estatua que es “una mediocre escultura de Baco en mármol” (P.NAVASCUES,1975,p.11) , mientras que Carmen Añon afirma que “la obra de escultura la realizará José Guerra, que también parece colaborar en los adornos para una estatua de Venus, que ignoramos si será la de Juan Adán” (C.AÑON,1994,p.123) y Ana Luengo matiza que “Los capiteles y la escultura las realizó José Guerra” (A. LUENGO AÑON,2001,p.227) . Esta idea sin embargo parte de un estudio anterior realizado por Enrique Pardo Canalis (E. PARDO CANALIS,1951, p. 45-46) que basándose en documentos de archivo llega a la conclusión que José Guerra realiza varios trabajos en el Templo de la Alameda, uno es anterior a 1788 y no sabría decir en qué consiste, el otro es posterior a esta fecha, y consiste en la ejecución de la estatua de una Venus (V. ALBARRÁN MARTÍN, 2005, P.401-402, vuelve a reproducir nuevamente las conclusiones de Enrique Pardo Canalis respecto a las obras realizadas por José Guerra para los Osuna en la Alameda). Posteriormente Carmen Añon llega a una solución de compromiso   y reparte la tarea de la estatua de Venus entre dos escultores, José Guerra que realiza los adornos de la Venus en 1788 y Juan Cháez que es contratado también en esta fecha para la ejecución de la estatua de la Venus, reconociendo que ignora quién es el autor de la estatua de Baco actual (C.AÑON Y M.LUENGO, 2003, p.125-127).  Lo que entonces no queda claro es porqué a José Guerra se le abonan 4.000 r.v. en 1792 por los trabajos en una Venus y que la piedra de mármol de Carrara cuando pasa al taller de Juan Chaez se halla en “su primer desvaste”.
 

   Los documentos que consulta Enrique Pardo Canalis se encuentran en el Archivo Histórico Nacional en la sección Nobleza (esta sección fue extraída del Archivo ubicado en Madrid (CSIC) y llevada al Hospital de Tavera en Toledo). El documento consiste en seis hojas archivadas en una carpetilla con la signatura OSUNA,CT.393,D.25 y el nombre de José Guerra y guardan relación con el encargo de la estatua de una Venus que los Osuna hacen a este escultor. Aunque se trata de un documento contable el origen es una carta y una nota adjunta que escribe José Guerra a la duquesa de Osuna a las que se van añadiendo una serie de recibos ordenados por orden cronológico. No obstante faltan 3 documentos (4,5 y 7) ya que las hojas se numeran del 1 al 9.El primero es una carta que José Guerra escribe a la duquesa reclamando el pago de una escultura hecha para el Templo de la Alameda (A.H.N. OSUNA, CT. 393, D.25, 1, Anexo I, 1 y 2). El segundo es una nota que Enrique Pardo dice que está sin fechar y en la que se puede leer en qué consistía la obra de escultura realizada para el Templo de la Alameda, los atributos de Venus y su basa que el escultor tasa en 6000 reales de vellón (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,2, Anexo I, 3 y 4). Los otros cuatro documentos son una orden de pago y recibí por 6.000 r.v. fechado en 1788 ( A.H.N. OSUNA,CT.393,25,3, Anexo I,5 y 6), un recibí de 4.000 r.v. de 1790 por un Pedestal (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,6, Anexo I, 7) y otro recibí de 4.000 r.v. fechado en 1792 por el trabajo realizado en la estatua de una Venus (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,8 Y 9, Anexo I, 8 y 9). Enrique Pardo llega a la conclusión de que como la nota no ésta fechada y la piedra para la escultura de la Venus no llega hasta 1789 ( Posiblemente el número 4 de los documentos desaparecidos ya que Enrique Pardo lo recoge en una de sus publicaciones, Pardo, 1951,p.46) el abono de los 4.000 r.v. fechado en 1792 debe ser el pago por los atributos de la Venus que describe la nota.

   He consultado personalmente estos documentos comprobando que algunos tienen anotaciones de tipo contable en el reverso con sus correspondientes fechas que Enrique Pardo no transcribe. De esta manera por detrás de la carta hay un breve resumen del contenido de la misma, así como un apunte de la duquesa en el que consulta a D. Juan Gómez, mayordomo de los Osuna en ese momento, si es cierto que se ajustó el precio en 6.000 r.v., y la contestación de Gómez de ser cierto junto con la orden del libramiento de “el todo o lo que se pueda” con fecha de resolución del 20 de agosto de 1788. En la nota adjunta por detrás arriba está escrita la fecha de 20 de agosto de 1788, en el medio hay otro escrito que dice “su cuenta -de Don Josef Guerra, profesor de escultura- de los adornos que hizo en el templo de la Alameda, que importa” y la cantidad de 6.000 r.v., y más abajo está el apunte del libramiento de esta cantidad con fecha 29 de agosto de 1788. Pero es que además el documento número 3 contiene la orden de pago de los 6.000 r. v. a favor de José Guerra “en el que se ajustó la obra que ha hecho en el Templo de mi Casa de Campo de la Alameda” escrita y firmada por la duquesa en Madrid el 25 de agosto de 1788 por una de las caras y por la otra el recibí firmado por José Guerra el 27, parece que de septiembre -no se lee bien el mes- de 1788 y D. Manuel de Cubas, el entonces tesorero, por dicha cantidad (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,3). Yo creo por tanto que no existe duda que la obra a la que hace referencia la carta es la misma que la de la nota por lo que ambas deben fecharse en 1788 correspondiendo el pago de 6.000 r.v. a los atributos de la Venus.
    
   Guerra realiza otros trabajos en el Templo a parte de la Venus ya que el 28 de octubre de 1787 se le abona la cantidad de 285 r. v. por el Remate de la obra del Templo (A.H.N. OSUNA, CT.404,D.14,8)  y de 1.105 r.v. por ayudar al escultor Miguel Aguado en la ejecución de los capiteles del Templo  (A.H.N. OSUNA, CT.404,D.15). Ambas cuentas quedan saldadas en 1787. Con respecto a la obra de Remate del Templo comentar que en la misma carpetilla hay otros recibos dentro de este mismo concepto extendidos a otras personas por trabajos de cantería, carpintería, montaje del andamio y colocación del Remate por lo que yo deduzco que se trata de la cúpula hoy desaparecida que cubría dicho templo. Estos trabajos debieron comenzar en agosto de 1787 y finalizar más o menos en marzo de 1788, con un coste total de 10.941 r.v. En cuanto a los documentos que hacen referencia a los capiteles del Templo están guardados en otra carpetilla con el nombre de Miguel Aguado de los cuales el último corresponde al recibí firmado por José Guerra. Miguel Aguado había estado trabajando en los capiteles desde más o menos octubre o noviembre de 1786 hasta marzo de 1787 recibiendo la ayuda de José Guerra tal vez al final para cumplir con los plazos acordados, por lo que la obra de los capiteles hay que adjudicársela a Miguel Aguado y no a José Guerra como dice Ana Luengo (A. LUENGO, 2001,p.227).
  
      Retomando la historia de la Venus en 1789 llega la piedra de carrara por lo que se lleva al taller de José Guerra pues es el escultor contratado para realizar el encargo. Guerra comienza a devastar la piedra pero la duquesa en 1790 contrata a otro escultor, Juan Chaez, para que termine la obra (A.H.N. OSUNA, CT.393,D.29) y pide consejo a Manuel Álvarez, también escultor, para que la ayude a tasar el trabajo que lleva realizado hasta el momento José Guerra en la Venus (A.H.N. OSUNA,CT.393,D.26). Finalmente se llega a un acuerdo por lo que se le paga a José Guerra 4.000 r.v. en 1792 por la Venus inconclusa (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,8 y 9) y se traslada la piedra del obrador de José Guerra al de Juan Chaez. Juan Chaez no cumple con su compromiso de finalizar la escultura en el plazo acordado por lo que los duques de Osuna le llevan a juicio ya que le han adelantado una cantidad importante de dinero (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,8 y 9) y trasladan nuevamente la piedra de la Venus en su primer devaste al taller de Juan Adán que termina la estatua en 1795 (A.H.N. OSUNA,CT.393,D.36). Por tanto los documentos 8 y 9 (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,8 y 9) con fecha uno de ellos (nº8) de 1792 hacen referencia al acuerdo al que llegan los duques con José Guerra de abonarle 4.000 r.v. por la Venus inconclusa y no al pago de los atributos de Venus como sugería Enrique Pardo ya que esta obra como hemos visto ya había sido abonada en 1788 por 6.000 r.v. (Enrique Pardo cuenta todas estas vicisitudes por las que pasa la estatua en su artículo publicado en la revista Goya 102, La Venus de Adán, 1971, p.435-436).

   De todo esto se deduce que José Guerra queda fuera de la Alameda en 1790 y no creo que la duquesa volviera a contratar sus servicios pues prescindió de él sin terminar el encargo de la Venus. Corrobora esta idea el hecho de que en los listados que efectúa el propio escultor para la Academia de San Fernando en dos ocasiones, una en 1803 (A.R.A.A.S.F. 5-172-2) para solicitar el reconocimiento como académico de mérito y otro en 1814 (A.R.A.A.S.F. 5-173-2) cuando solicita la plaza de Escultor de Cámara que había quedado vacante tras la muerte de Pedro Michel, no menciona ningún trabajo realizado en la Alameda para los Osuna. Si realmente José Guerra hubiera realizado alguna escultura de relevancia en la Alameda lo habría incluido en estos listados igual que incluyó el Neptuno realizado para la Casa que los Oñate tenían en el Paseo de Recoletos, ya que estos memoriales son como el currículum vitae de los artistas en aquella época, más cuando tienen que acreditar que son los mejores candidatos para el puesto.
  
  En conclusión durante los primeros años los duques adornaron su finca de recreo con esculturas traídas de otras haciendas pertenecientes a la familia o mediante nuevas adquisiciones, este pudo ser el caso de la Venus Medici que describe Mateo Guill en 1789 (A.H.N. OSUNA,C.1699,D.2), más tarde sin embargo prefieren obras de encargo y comienzan a contratar artistas. Entre 1787 y 1788 José Guerra realiza varios trabajos en el Templo, trabaja en el Remate final así como en los capiteles ayudando a Miguel Aguado, al tiempo que se le encarga la ejecución de una Venus de la cual hasta la fecha solo ha realizado los atributos ya que la piedra de carrara para la figura de la diosa no llega hasta 1789. De 1789 a 1790 trabaja en un pedestal para el Templo (posiblemente el pedestal sobre el que se sitúa la estatua de Baco actualmente pues como hemos dicho antes todo el documento hace referencia al encargo de una Venus para el Templo, ya que el “gran pedestal” sobre el que se sitúa la Venus Medici que describe Mateo Guill en el inventario que realiza en 1789 parece que no se ajusta mucho al actual) y comienza la ejecución de la Venus en la piedra de Carrara. A la duquesa no le debió gustar el trabajo todavía muy barroco de José Guerra así que decide cambiar de escultor. En 1790 contrata a Juan Chaez para hacer la Venus y prescinde de los servicios de José Guerra. Juan Chaez tampoco termina la Venus por lo que la piedra pasa al obrador de Juan Adán quien la concluye en 1795. Durante estos cinco años se ha construido el Abejero por lo que los duques deciden colocar al dios Baco, cuya procedencia de momento desconocemos pero que seguramente no es obra de José Guerra, en el Templo como así viene reflejado en distintas publicaciones (V. AGUADO, “Rima en alabanza de la Alameda” 1801; N. CRUZ BAAMONDE, “Viaje por España, Italia y Francia, 1812 y  P. MADOZ, “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones en ultramar, 1948, tomo I, p. 186-189, así como un Inventario de los Osuna de 1807 (OSUNA,CT.534,D.1) colocan la estatua de Baco en el Templo) y reservar el Abejero para la Venus de Adán (Inventario de 1807,OSUNA,CT.534,D.1, menciona la Venus de Adán en “la Abejera”), colocando los atributos de la Venus de José Guerra (fig.3) en otro lugar del parque, al pie de un pequeño estanque no lejos del templete ocultos por la vegetación, como soporte ruinoso del busto de lo que parece ser una amazona de época clásica ( ANEXO II).
 
Estanque del Capricho
Estanque del Capricho


BIBLIOGRAFÍA

AGUADO, VENTURA. “Rima en alabanza de la Alameda” 1801.
ALBARRAN MARTIN, VIRGINIA. “Escultores académicos del siglo XVIII en el Diccionario de Ceán Bermúdez. Nuevas Adiciones (I). A.E.A., Madrid, tomo LXXVIII, n. 310, 2005. p. 145-162.
AÑON FELIU, CARMEN. “El Capricho de la Alameda de Osuna”, Madrid, 1994.
AÑON FELIU, CARMEN; LUENGO, MONICA; LUENGO, ANA. “Jardines artísticos de España. El Capricho”,lugar , 1995. P.147-159.
AÑON FELIU,C. Y LUENGO AÑON, M. "El Capricho de la Alameda de Osuna. Madrid: Ayuntamiento de Madrid, Madrid, 2003.
CEAN BERMUDEZ, JUAN AGUSTIN. “Diccionario de los más ilustres profesores de las Bellas Aretes en España”, 1779. Documentos inéditos conservados en la Biblioteca Nacional. Madrid.
CRUZ BAAMONDE, NICOLAS. “Viaje por España, Italia y Francia, 1812
LUENGO AÑON, ANA. “Historia de los parques y jardines en España. Jardines Barrocos y Neoclásicos”, lugar,2001,p.226-230.
MADOZ, PASCUAL. “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar”, tomo I, 1848, p. 186-189.
NAVASCUES PALACIO, PEDRO. “La Alameda de Osuna: una villa suburbana”, Revista estudios pro-arte, 2, Barcelona, 1975, p.7-26.
OSSORIO Y BERNARD, MANUEL. “Galería biográfica de artistas españoles del s.XIX”, Madrid, 1868-1869.
PARDO CANALIS, ENRIQUE. “Escultores del s. XIX”, CSIC, Madrid, 1951. P.43-49 y p.180-187.
PARDO CANALIS, ENRIQUE. “La Venus de Adán”, Revista Goya, 102. p. 435-436.
SERRANO FATIGATI, ENRIQUE. “Escultura madrileña desde mediados del s. XVI hasta nuestros días”, B.S.E.E., Madrid, tomo XVIII, 1910, p. 278-280.
V.V.AA “Antecedentes de la Alameda de Osuna”, Madrid, 1977.

ARCHIVO
ARCHIVO HISTORICO NACIONAL (A.H.N.)
-          OSUNA, CT. 393, D. 25
-          OSUNA, CT. 393, D.36
-          OSUNA, CT. 404, D. 14
-          OSUNA, CT. 404, D. 15
-          OSUNA, CT. 393, D.26
-          OSUNA, CT. 393, D. 29 Y 20BIS
-          OSUNA CT. 534, D. 1

ARCHIVO DE LA REAL ACADEMIA DE LAS ARTES DE SAN FERNANDO (A.R.A.A.S.F.)
            -  A.R.A.A.S.F. 5-172-2.
            -  A.R.A.A.S.F. 5-173-2.


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