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Baco



El Capricho de la Alameda

El Templo del Capricho albergó como ya sabemos la estatua de una Venus Medici que según Añón fue sustituida por la Venus de Juan Adán en 1797 (Añon, 2003, p.127). Todavía no he tenido ocasión de consultar estos documentos por lo que no puedo saber con certeza si la Venus se colocó en el Templo o en la rotonda central del Abejero que ya estaba construido, ya que en la visita que realiza Nicolás Cruz de Bahamonde en 1798 al Capricho el Baco ya está en el Templo (Nicolás,Tomo XI, p.485). Un análisis formal de esta escultura puede ofrecernos algún dato interesante que pueda ayudarnos a vislumbrar la procedencia de esta escultura.
Se trata de un conjunto escultórico exento realizado en mármol blanco,  compuesto por una figura humana, un joven de complexión atlética, y un felino, posiblemente una pantera. La figura humana tiene el pie izquierdo adelantado y el torso girado ligeramente también hacia la izquierda así como la cabeza, tocada con racimos de uvas que le caen por la espalda como si fuera el cabello. El brazo derecho se dobla llevando la mano a la altura del pecho que agarra un racimo de uvas. El brazo izquierdo por el contrario permanece extendido a lo largo del cuerpo y sujeta en la mano otro racimo de uvas. El felino se enrosca por detrás de la figura humana sentado sobre sus patas traseras, con la pata derecha delantera alzada para no pisar el racimo de uvas que se encuentra debajo, mientras, con la boca, intenta mordisquear las uvas que lleva en la mano izquierda la figura humana. Como dato curioso el sexo del joven queda oculto por una hoja de parra que proviene del racimo que sujeta con la mano izquierda.
El Capricho de la Alameda

Llama la atención la sencillez con la que está tratado el tema báquico, tan solo con tres elementos, un joven desnudo, unos racimos de uvas y un felino, el artista no solo ha identificado al personaje con el dios del vino sino que ha conseguido humanizar su divinidad introduciéndole en un escenario cotidiano como es la vendimia. El joven dios acaba de recoger el fruto de la vid y camina despreocupado cuando el felino se acerca juguetón para arrebatarle parte de la cosecha que el muchacho sujeta con la mano izquierda haciendo girar ligeramente al joven. En esta interpretación del dios no hay copas, ni tirsos, ni pieles de felino, ni comparsas, ni connotaciones eróticas, no es un dios ebrio de alcohol y de placer como en el Renacimiento y el Barraco, sino un dios exclusivamente agrícola, lo que encaja perfectamente dentro del pensamiento ilustrado del momento donde la vuelta a la naturaleza y a la vida sencilla del campo se convierte en un motivo recurrente en el arte. Sin embargo y a pesar de ser un tema clásico tratado con mucha originalidad el aspecto formal de la figura humana recuerda todavía a tipos un poco barrocos, tal vez de la primera mitad del siglo XVIII. Incluso el detalle de la hoja de parra nos remonta a un momento anterior en el arte.
En el archivo encontramos un documento que bien podría encajar con la cronología extraída del análisis formal de la escultura. El documento hace referencia a la compra de 28 estatuas por parte de la duquesa del Infantado para adornar su palacio nuevo de Chamartín, entre las que encontramos una cuya descripción podría encajar con el Baco del Templo de la Alameda: … “Otra de un manzebo desnudo, adornada su Cabeza con racimos de Ubas y en las manos también razimos con dos niños el uno Satiro, y el otro racional=” (OSUNA, CT. 393,D.16).
María Francisca de Silva Mendoza y Sandoval, XI duquesa del Infantado, en junio de 1756 compra 28 estatuas a María Josefa Michaela, marquesa de Mirabal, por valor de 22.000 reales de vellón, para su palacio de Chamartín. Estas estatuas proceden del antiguo palacio de las Dos Torres, construido por D. Luis de Mirabal tras casarse con Dña. Isabel María Queipo de Llano, Señora de Boadilla del Monte, en 1709. A su muerte en 1729, el Marqués de Mirabal tenía hipotecado gran parte del Señorío de Boadilla por lo que su hija Dña. María Josefa Michaela, única heredera, solicita al Consejo de Castilla la enajenación de la herencia para poder venderlo, realizando previamente en 1755 un inventario de los bienes libres entre los que se encontraban estas 28 estatuas. El palacio fue vendido finalmente al Infante D. Luis en 1761 quien construye un nuevo palacio sobre el antiguo de las Dos Torres en 1765 que es el que actualmente se conserva. 
El legajo en cuestión pasa al archivo de Osuna seguramente cuando Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Beaufort hereda el título del Infantado en 1841, y con él presumiblemente las estatuas. Pero la estatua de Baco ya se encuentra en el Templo con anterioridad a esta fecha de 1841, ya que como apuntamos más arriba, Nicolás Cruz de Bahamonde ya lo sitúa en el templo en 1798, por lo que si el documento y la estatua guardan alguna relación solo se me ocurren dos explicaciones posibles, o bien fue un regalo del entonces duque del Infantado o se trata de una copia. La copia de obras de arte es una práctica habitual en cualquier época, así, por ejemplo, nos cuenta la condesa de Yebes que Dña María Uría y Alcedo solicita en 1803 a la Condesa-Duquesa de Benavente que le deje el cuadro del general Urrutia que realizó Goya en 1798 para que Esteve haga una copia, a lo que la Condesa-Duquesa accede una vez le sea devuelto, ya que está en poder del duque del Infantado quien está realizando también una copia del cuadro (Yebes, p. 45).
En la corte la vida social de la aristocracia madrileña está en continua ebullición.  Las damas de la alta sociedad del siglo XVIII rivalizan en los salones por ser la más ocurrente, elegante o atrevida, buscando cualquier excusa para organizar una gran “función” en su casa que tenga ocupadas las mentes y las plumas de los cronistas. Los invitados a estas fiestas suelen ser en su mayoría aristócratas aunque nunca falta en ellas la soldadesca y el artista de moda. Esta pequeña sociedad ilustrada va deambulando de salón en salón dando a conocer sus últimas adquisiciones o novedades. La Duquesa como parte integrante seguramente fuera invitada ilustre en Chamartín en más de una ocasión, por lo que es normal que conociera la existencia de estas esculturas adquiridas por la abuela del entonces duque del Infantado D. Pedro Alcántara de Toledo y Salm Salm.
Las estatuas sin embargo debieron realizarse en la primera mitad del siglo XVIII, cuando el Marqués de Mirabal construye el Palacio de las Dos Torres en Boadilla. Mirabal fue un político brillante al servicio de Felipe V, quien en 1722 crea el título de Marqués de Miraba para él como recompensa por sus servicios. Sin embargo su fortuna se ve truncada tras la abdicación de Felipe V en su hijo, ya que como miembro del Consejo de Luis I Mirabal intentará alejar la influencia francesa del gobierno español cosa no bien vista por Felipe V y su esposa que se encuentran en San Ildefonso disfrutando de una vida relajada. Luis I por desgracia muere ese mismo año con lo que Felipe V recupera el trono y destituye a Mirabal como Presidente del Consejo relegándolo a un cargo honorífico y mal remunerado que le impedirá hacer frente a sus enormes gastos (http://www.boadilla.com/pages/antonio.htm). Por tanto es probable que estas esculturas fueran adquiridas o realizadas durante los años de mayor esplendor de Mirabal entre 1709, que es cuando contrae matrimonio con Isabel Queipo, Señora de Boadilla, y 1724, cuando comienza su declive como político.
            La cuestión es que si la estatua del mancebo fue el modelo para el Baco de la Alameda, aunque con algunas licencias ya que los niños desaparecen y se sustituyen por un felino, a quién se hizo el encargo. Como ya se comentó en la primera entrada de este blog, en 1787 se encargó la ejecución de la Venus que sustituiría a la Venus Medici del Templo a José Guerra, pero la duquesa decide darle la obra en 1790 a otro escultor, por lo que pone sus ojos en Juan Chaez. Chaez no realizará la Venus y queda a expensas de un proceso judicial por este motivo ya que los duques le habían adelantado una suma importante de dinero (OSUNA, CT. 393, D. 29-29 BIS). Durante este proceso judicial los duques dejan abierta la posibilidad de que el escultor salde la deuda contraída mediante la ejecución de alguna estatua, por lo que no se descarta la posibilidad de que Juan Chaez finalmente saldara su deuda con el Baco de la Alameda tomando como fuente de inspiración una de las esculturas que el duque del Infantado tenía en los jardines de su Palacio de Chamartín, un mancebo con racimos de uvas en el cabello y en las manos, que en la Alameda se transforma en un dios agrícola, el dios del vino. Esto es solo una hipótesis, imposible de probar, de momento, pero que puede servir de hilo conductor para futuras investigaciones.

            A pesar de ser una escultura mediocre como la han calificado algunos investigadores (Navascues, 1975, p. 11), hay que tener en cuenta que es estatua elegida por la duquesa para exhibirla en su Templo   de la Alameda, por lo que si su valor no es artístico debe ser otro, ¿sentimental?, ¿simbólico?, que le lleva a ocupar un lugar destacado en el Capricho, y que por tanto debe tomarse en consideración.





Un Parque con Encanto

    



    Si estais interesado en descubrir los innumerable secretos que encierra el Capricho os recomiendo que visiteis la siguiente página www.descubriendoelcapricho.blogspot.com.es,
 es una página con encanto igual que el propio Parque, seguro que os cautivará ... 


Las Esculturas del Templo de la Alameda





   Situado en el barrio de la Alameda de Osuna (Barajas) el Parque del Capricho en origen fue una de las casas que los duques de Osuna tenían en Madrid a finales del s.XVIII y que consistía en un palacete y un jardincito privado que más tarde ampliarían siguiendo la innovadora moda del jardín inglés, convirtiéndose en uno de los escenarios madrileños destacados dentro de la vida social, económica y política de la aristocracia ilustrada de entonces.
   El Parque está jalonado por una serie de curiosas construcciones entre las que se encuentra un Templo de estilo clásico. Situado sobre un promontorio cerca del Palacio, al norte, consiste en una construcción de planta ovalada rodeado por doce columnas de orden compuesto o jónico, dependiendo de la publicación, dispuestas en cuatro grupos de tres dejando dos pasillos centrales que convergen en el centro de la elipse donde hoy en día podemos contemplar una estatua del dios Baco. Pedro Navascues atribuye a Mulot, jardinero francés que trabaja en el Petit Trianon de María Antonieta en Versalles, la creación de esta arquitectura debido al "fuerte carácter francés de su diseño”(P.NAVASCUES,1975,p.11). Carmen Añon en un principio no descarta a Mulot como posible autor del Templo, aunque en una publicación posterior baraja varios nombres entre los que no se encuentra el arquitecto José de la Ballina (C.AÑON Y M.LUENGO,2003,p. 74-75), que es al verdadero artífice de esta construcción según se desprende de unos documentos hallados en el Archivo. En cuanto a la escultura Pedro Navascues tan solo se limita a decir de la estatua que es “una mediocre escultura de Baco en mármol” (P.NAVASCUES,1975,p.11) , mientras que Carmen Añon afirma que “la obra de escultura la realizará José Guerra, que también parece colaborar en los adornos para una estatua de Venus, que ignoramos si será la de Juan Adán” (C.AÑON,1994,p.123) y Ana Luengo matiza que “Los capiteles y la escultura las realizó José Guerra” (A. LUENGO AÑON,2001,p.227) . Esta idea sin embargo parte de un estudio anterior realizado por Enrique Pardo Canalis (E. PARDO CANALIS,1951, p. 45-46) que basándose en documentos de archivo llega a la conclusión que José Guerra realiza varios trabajos en el Templo de la Alameda, uno es anterior a 1788 y no sabría decir en qué consiste, el otro es posterior a esta fecha, y consiste en la ejecución de la estatua de una Venus (V. ALBARRÁN MARTÍN, 2005, P.401-402, vuelve a reproducir nuevamente las conclusiones de Enrique Pardo Canalis respecto a las obras realizadas por José Guerra para los Osuna en la Alameda). Posteriormente Carmen Añon llega a una solución de compromiso   y reparte la tarea de la estatua de Venus entre dos escultores, José Guerra que realiza los adornos de la Venus en 1788 y Juan Cháez que es contratado también en esta fecha para la ejecución de la estatua de la Venus, reconociendo que ignora quién es el autor de la estatua de Baco actual (C.AÑON Y M.LUENGO, 2003, p.125-127).  Lo que entonces no queda claro es porqué a José Guerra se le abonan 4.000 r.v. en 1792 por los trabajos en una Venus y que la piedra de mármol de Carrara cuando pasa al taller de Juan Chaez se halla en “su primer desvaste”.
 

   Los documentos que consulta Enrique Pardo Canalis se encuentran en el Archivo Histórico Nacional en la sección Nobleza (esta sección fue extraída del Archivo ubicado en Madrid (CSIC) y llevada al Hospital de Tavera en Toledo). El documento consiste en seis hojas archivadas en una carpetilla con la signatura OSUNA,CT.393,D.25 y el nombre de José Guerra y guardan relación con el encargo de la estatua de una Venus que los Osuna hacen a este escultor. Aunque se trata de un documento contable el origen es una carta y una nota adjunta que escribe José Guerra a la duquesa de Osuna a las que se van añadiendo una serie de recibos ordenados por orden cronológico. No obstante faltan 3 documentos (4,5 y 7) ya que las hojas se numeran del 1 al 9.El primero es una carta que José Guerra escribe a la duquesa reclamando el pago de una escultura hecha para el Templo de la Alameda (A.H.N. OSUNA, CT. 393, D.25, 1, Anexo I, 1 y 2). El segundo es una nota que Enrique Pardo dice que está sin fechar y en la que se puede leer en qué consistía la obra de escultura realizada para el Templo de la Alameda, los atributos de Venus y su basa que el escultor tasa en 6000 reales de vellón (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,2, Anexo I, 3 y 4). Los otros cuatro documentos son una orden de pago y recibí por 6.000 r.v. fechado en 1788 ( A.H.N. OSUNA,CT.393,25,3, Anexo I,5 y 6), un recibí de 4.000 r.v. de 1790 por un Pedestal (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,6, Anexo I, 7) y otro recibí de 4.000 r.v. fechado en 1792 por el trabajo realizado en la estatua de una Venus (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,8 Y 9, Anexo I, 8 y 9). Enrique Pardo llega a la conclusión de que como la nota no ésta fechada y la piedra para la escultura de la Venus no llega hasta 1789 ( Posiblemente el número 4 de los documentos desaparecidos ya que Enrique Pardo lo recoge en una de sus publicaciones, Pardo, 1951,p.46) el abono de los 4.000 r.v. fechado en 1792 debe ser el pago por los atributos de la Venus que describe la nota.

   He consultado personalmente estos documentos comprobando que algunos tienen anotaciones de tipo contable en el reverso con sus correspondientes fechas que Enrique Pardo no transcribe. De esta manera por detrás de la carta hay un breve resumen del contenido de la misma, así como un apunte de la duquesa en el que consulta a D. Juan Gómez, mayordomo de los Osuna en ese momento, si es cierto que se ajustó el precio en 6.000 r.v., y la contestación de Gómez de ser cierto junto con la orden del libramiento de “el todo o lo que se pueda” con fecha de resolución del 20 de agosto de 1788. En la nota adjunta por detrás arriba está escrita la fecha de 20 de agosto de 1788, en el medio hay otro escrito que dice “su cuenta -de Don Josef Guerra, profesor de escultura- de los adornos que hizo en el templo de la Alameda, que importa” y la cantidad de 6.000 r.v., y más abajo está el apunte del libramiento de esta cantidad con fecha 29 de agosto de 1788. Pero es que además el documento número 3 contiene la orden de pago de los 6.000 r. v. a favor de José Guerra “en el que se ajustó la obra que ha hecho en el Templo de mi Casa de Campo de la Alameda” escrita y firmada por la duquesa en Madrid el 25 de agosto de 1788 por una de las caras y por la otra el recibí firmado por José Guerra el 27, parece que de septiembre -no se lee bien el mes- de 1788 y D. Manuel de Cubas, el entonces tesorero, por dicha cantidad (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,3). Yo creo por tanto que no existe duda que la obra a la que hace referencia la carta es la misma que la de la nota por lo que ambas deben fecharse en 1788 correspondiendo el pago de 6.000 r.v. a los atributos de la Venus.
    
   Guerra realiza otros trabajos en el Templo a parte de la Venus ya que el 28 de octubre de 1787 se le abona la cantidad de 285 r. v. por el Remate de la obra del Templo (A.H.N. OSUNA, CT.404,D.14,8)  y de 1.105 r.v. por ayudar al escultor Miguel Aguado en la ejecución de los capiteles del Templo  (A.H.N. OSUNA, CT.404,D.15). Ambas cuentas quedan saldadas en 1787. Con respecto a la obra de Remate del Templo comentar que en la misma carpetilla hay otros recibos dentro de este mismo concepto extendidos a otras personas por trabajos de cantería, carpintería, montaje del andamio y colocación del Remate por lo que yo deduzco que se trata de la cúpula hoy desaparecida que cubría dicho templo. Estos trabajos debieron comenzar en agosto de 1787 y finalizar más o menos en marzo de 1788, con un coste total de 10.941 r.v. En cuanto a los documentos que hacen referencia a los capiteles del Templo están guardados en otra carpetilla con el nombre de Miguel Aguado de los cuales el último corresponde al recibí firmado por José Guerra. Miguel Aguado había estado trabajando en los capiteles desde más o menos octubre o noviembre de 1786 hasta marzo de 1787 recibiendo la ayuda de José Guerra tal vez al final para cumplir con los plazos acordados, por lo que la obra de los capiteles hay que adjudicársela a Miguel Aguado y no a José Guerra como dice Ana Luengo (A. LUENGO, 2001,p.227).
  
      Retomando la historia de la Venus en 1789 llega la piedra de carrara por lo que se lleva al taller de José Guerra pues es el escultor contratado para realizar el encargo. Guerra comienza a devastar la piedra pero la duquesa en 1790 contrata a otro escultor, Juan Chaez, para que termine la obra (A.H.N. OSUNA, CT.393,D.29) y pide consejo a Manuel Álvarez, también escultor, para que la ayude a tasar el trabajo que lleva realizado hasta el momento José Guerra en la Venus (A.H.N. OSUNA,CT.393,D.26). Finalmente se llega a un acuerdo por lo que se le paga a José Guerra 4.000 r.v. en 1792 por la Venus inconclusa (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,8 y 9) y se traslada la piedra del obrador de José Guerra al de Juan Chaez. Juan Chaez no cumple con su compromiso de finalizar la escultura en el plazo acordado por lo que los duques de Osuna le llevan a juicio ya que le han adelantado una cantidad importante de dinero (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,8 y 9) y trasladan nuevamente la piedra de la Venus en su primer devaste al taller de Juan Adán que termina la estatua en 1795 (A.H.N. OSUNA,CT.393,D.36). Por tanto los documentos 8 y 9 (A.H.N. OSUNA,CT.393,25,8 y 9) con fecha uno de ellos (nº8) de 1792 hacen referencia al acuerdo al que llegan los duques con José Guerra de abonarle 4.000 r.v. por la Venus inconclusa y no al pago de los atributos de Venus como sugería Enrique Pardo ya que esta obra como hemos visto ya había sido abonada en 1788 por 6.000 r.v. (Enrique Pardo cuenta todas estas vicisitudes por las que pasa la estatua en su artículo publicado en la revista Goya 102, La Venus de Adán, 1971, p.435-436).

   De todo esto se deduce que José Guerra queda fuera de la Alameda en 1790 y no creo que la duquesa volviera a contratar sus servicios pues prescindió de él sin terminar el encargo de la Venus. Corrobora esta idea el hecho de que en los listados que efectúa el propio escultor para la Academia de San Fernando en dos ocasiones, una en 1803 (A.R.A.A.S.F. 5-172-2) para solicitar el reconocimiento como académico de mérito y otro en 1814 (A.R.A.A.S.F. 5-173-2) cuando solicita la plaza de Escultor de Cámara que había quedado vacante tras la muerte de Pedro Michel, no menciona ningún trabajo realizado en la Alameda para los Osuna. Si realmente José Guerra hubiera realizado alguna escultura de relevancia en la Alameda lo habría incluido en estos listados igual que incluyó el Neptuno realizado para la Casa que los Oñate tenían en el Paseo de Recoletos, ya que estos memoriales son como el currículum vitae de los artistas en aquella época, más cuando tienen que acreditar que son los mejores candidatos para el puesto.
  
  En conclusión durante los primeros años los duques adornaron su finca de recreo con esculturas traídas de otras haciendas pertenecientes a la familia o mediante nuevas adquisiciones, este pudo ser el caso de la Venus Medici que describe Mateo Guill en 1789 (A.H.N. OSUNA,C.1699,D.2), más tarde sin embargo prefieren obras de encargo y comienzan a contratar artistas. Entre 1787 y 1788 José Guerra realiza varios trabajos en el Templo, trabaja en el Remate final así como en los capiteles ayudando a Miguel Aguado, al tiempo que se le encarga la ejecución de una Venus de la cual hasta la fecha solo ha realizado los atributos ya que la piedra de carrara para la figura de la diosa no llega hasta 1789. De 1789 a 1790 trabaja en un pedestal para el Templo (posiblemente el pedestal sobre el que se sitúa la estatua de Baco actualmente pues como hemos dicho antes todo el documento hace referencia al encargo de una Venus para el Templo, ya que el “gran pedestal” sobre el que se sitúa la Venus Medici que describe Mateo Guill en el inventario que realiza en 1789 parece que no se ajusta mucho al actual) y comienza la ejecución de la Venus en la piedra de Carrara. A la duquesa no le debió gustar el trabajo todavía muy barroco de José Guerra así que decide cambiar de escultor. En 1790 contrata a Juan Chaez para hacer la Venus y prescinde de los servicios de José Guerra. Juan Chaez tampoco termina la Venus por lo que la piedra pasa al obrador de Juan Adán quien la concluye en 1795. Durante estos cinco años se ha construido el Abejero por lo que los duques deciden colocar al dios Baco, cuya procedencia de momento desconocemos pero que seguramente no es obra de José Guerra, en el Templo como así viene reflejado en distintas publicaciones (V. AGUADO, “Rima en alabanza de la Alameda” 1801; N. CRUZ BAAMONDE, “Viaje por España, Italia y Francia, 1812 y  P. MADOZ, “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones en ultramar, 1948, tomo I, p. 186-189, así como un Inventario de los Osuna de 1807 (OSUNA,CT.534,D.1) colocan la estatua de Baco en el Templo) y reservar el Abejero para la Venus de Adán (Inventario de 1807,OSUNA,CT.534,D.1, menciona la Venus de Adán en “la Abejera”), colocando los atributos de la Venus de José Guerra (fig.3) en otro lugar del parque, al pie de un pequeño estanque no lejos del templete ocultos por la vegetación, como soporte ruinoso del busto de lo que parece ser una amazona de época clásica ( ANEXO II).
 
Estanque del Capricho
Estanque del Capricho


BIBLIOGRAFÍA

AGUADO, VENTURA. “Rima en alabanza de la Alameda” 1801.
ALBARRAN MARTIN, VIRGINIA. “Escultores académicos del siglo XVIII en el Diccionario de Ceán Bermúdez. Nuevas Adiciones (I). A.E.A., Madrid, tomo LXXVIII, n. 310, 2005. p. 145-162.
AÑON FELIU, CARMEN. “El Capricho de la Alameda de Osuna”, Madrid, 1994.
AÑON FELIU, CARMEN; LUENGO, MONICA; LUENGO, ANA. “Jardines artísticos de España. El Capricho”,lugar , 1995. P.147-159.
AÑON FELIU,C. Y LUENGO AÑON, M. "El Capricho de la Alameda de Osuna. Madrid: Ayuntamiento de Madrid, Madrid, 2003.
CEAN BERMUDEZ, JUAN AGUSTIN. “Diccionario de los más ilustres profesores de las Bellas Aretes en España”, 1779. Documentos inéditos conservados en la Biblioteca Nacional. Madrid.
CRUZ BAAMONDE, NICOLAS. “Viaje por España, Italia y Francia, 1812
LUENGO AÑON, ANA. “Historia de los parques y jardines en España. Jardines Barrocos y Neoclásicos”, lugar,2001,p.226-230.
MADOZ, PASCUAL. “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar”, tomo I, 1848, p. 186-189.
NAVASCUES PALACIO, PEDRO. “La Alameda de Osuna: una villa suburbana”, Revista estudios pro-arte, 2, Barcelona, 1975, p.7-26.
OSSORIO Y BERNARD, MANUEL. “Galería biográfica de artistas españoles del s.XIX”, Madrid, 1868-1869.
PARDO CANALIS, ENRIQUE. “Escultores del s. XIX”, CSIC, Madrid, 1951. P.43-49 y p.180-187.
PARDO CANALIS, ENRIQUE. “La Venus de Adán”, Revista Goya, 102. p. 435-436.
SERRANO FATIGATI, ENRIQUE. “Escultura madrileña desde mediados del s. XVI hasta nuestros días”, B.S.E.E., Madrid, tomo XVIII, 1910, p. 278-280.
V.V.AA “Antecedentes de la Alameda de Osuna”, Madrid, 1977.

ARCHIVO
ARCHIVO HISTORICO NACIONAL (A.H.N.)
-          OSUNA, CT. 393, D. 25
-          OSUNA, CT. 393, D.36
-          OSUNA, CT. 404, D. 14
-          OSUNA, CT. 404, D. 15
-          OSUNA, CT. 393, D.26
-          OSUNA, CT. 393, D. 29 Y 20BIS
-          OSUNA CT. 534, D. 1

ARCHIVO DE LA REAL ACADEMIA DE LAS ARTES DE SAN FERNANDO (A.R.A.A.S.F.)
            -  A.R.A.A.S.F. 5-172-2.
            -  A.R.A.A.S.F. 5-173-2.


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