El proyecto de Pablo Boutelou 1784

           Para entender mejor cómo era el Capricho en esta primera etapa de formación, y la siguiente, hasta 1789, he recurrido a un documento gráfico único realizado un año después de la adquisición de los terrenos que constituyen el núcleo inicial a partir del cual se genera el parque, me refiero al proyecto que Pablo Boutelou (Plano 1), jardinero de origen francés, realiza por encargo de los duques para la Alameda, según se explica en la cartela situada en la parte superior izquierda del plano: “Plano del jardín y casa de campo de la Excma. Sr. Condesa de Benavente y marquesa de Peñafiel. Con una idea de un jardín anglochino y demás que puede acerse en la Alameda a una legua de Madrid. Diciembre 24 de 1784.”  

El Capticho de la Alameda
Plano 1. Proyecto de Jardín para la Alameda que realiza Pablo Boutelo en 1784


El 18 de octubre de 1783 los duques de Osuna compran a D. Juan Justo Fernández de Córdoba, conde de Priego, una “casa principal que está en dicha villa de la Alameda como se va de la calle Real a la Iglesia a la mano izquierda, con su huerta, cochera y caballerizas, estanques, minas, agua de pie y dulce, rejas y balcones, puertas y todo lo demás de que se compone sitio y fábrica” (A.H.N. OSUNA, C.  1699).  Ese mismo año se acometen las primeras obras, “se cuidan los cultivos existentes, se cubren las uvas de las parras con redes, y se construye un salón de baile cuadrilongo, situado en el parterre frente al palacio” (Añon, 2003, p.64). En 1784 continua la adquisición de terrenos, se traen árboles de San Fernando y Aranjuez y se compran tencas para el “estanque de la huerta” (Añon, 2003, p. 64). Es entonces cuando entra en escena Pablo Boutelou, diseñando un jardín “anglochino” para la Alameda de los duques de Osuna.

                Para hacernos una idea de la extensión que tenía en 1784 la finca contamos con elementos de referencia en el plano que han permanecido en el mismo lugar a lo largo del tiempo. Así por ejemplo la iglesia de Santa Catalina, que el autor denomina “Parroquia”, nos permite establecer un límite aproximado por el norte, el arroyo, que actualmente cruza el Capricho de norte a sur pero que en el proyecto del jardinero todavía no es un elemento integrante del jardín, nos marcaría el límite por el oeste, mientras que los límites sur y este están formados por las actuales calles del Paseo de la Alameda, calle Real en el plano, y la calle de la Rambla que sube a la parroquia, respectivamente.

Un proyecto es la plasmación de una idea que aún no se ha realizado de manera que alguno de los elementos que vemos representados en el proyecto de Boutelou todavía no existían en 1784. Cotejando la documentación gráfica con la escrita tal vez podamos establecer un punto de partida que nos permita determinar qué elementos se hallaban en el momento de la compra y cuales se van incorporando posteriormente. Así vemos en el plano como una segunda tapia interior de menor extensión delimita lo que debió ser la primitiva propiedad del conde de Priego, donde Boutelou desarrolla su jardín anglochino, y que describen diversos documentos, algunos de tiempos de Vitalicio Faviani, abogado del Superior Consejo de Italia, propietario de la finca hasta 1676. Según estos la posesión cuenta con una serie de elementos, a saber, una casa con “cuarto bajo y principal”, sin duda la vivienda principal que Boutelou centra en la tapia que da a la calle de la iglesia, que más tarde transformaran los duques en la casa palacio que conocemos; una huerta con árboles frutales, que Carmen Añon hace coincidir con la parte baja de la propiedad (Añon, 2003, p. 63); un estanque, posiblemente el “estanque de la huerta” que los duques pueblan de tencas en 1784 y que Boutelou describe rodeado de saucos de Babilonia y chopos de Lombardía asignándole la letra (N); una fuente de pie con agua dulce situada también en la parte baja y que en el diseño de Boutelo tiene “quatro surtidores” (O), a la que se añadirían, como nos cuenta Carmen Añon (Añon, 2003, p.73), unas ranas de bronce realizadas por  Domingo Urquiza en 1785, que dan el nombre actual a la Fuente; caballeriza, cueva (tal vez una bodega, como más tarde comentará Madoz) y cochera, sin duda la construcción situada en el muro sur que da a la calle Real en el plano de Boutelou, a la que asigna la letra (I) y describe como “Casa de Jardineros y quadras”; y cerca, la tapia interior en el diseño de Boutelou que encierra todo lo mencionado hasta ahora y que “lindaba al levante y poniente con calles públicas”, las únicas que refleja el plano son la calle Real, al sur, y la que sube a la iglesia al este, por lo que debía haber una tercera calle al oeste, por la zona del arroyo, lo que implicaría la compra de terreno público; luego hay un comentario a otro huerto “de las minas, donde nacía el agua que surtía la huerta” que tal vez debido a encontrarse en un lugar más apartado no se representa en el plano. A todo esto hay que añadir el salón de baile cuadrilongo que menciona Carmen Añon que debió construirse a finales de 1783 y que en el plano de Boutelou lleva la letra (D), Salon. Esta sería la descripción de la finca a finales de 1783 (Plano 2). 
El Capricho de la Alameda
 Plano 2. Reconstruccion hipótetica de la Alameda en 1783

Al ampliar la propiedad en 1784, Boutelou introduce dos elementos nuevos en el jardín, las Puertas y las Calles para los carruajes (G), elementos que han permanecido hasta la actualidad aunque con algunas modificaciones y que puede que procedan de la inclusión de dos viales públicos en la finca, uno por el oeste y el otro por el norte. Los carruajes efectuaban la entrada por la calle Real, paseo de la Alameda, y salían por la actual calle de la Rambla, que en otros documentos llaman calle Mayor, realizando un recorrido en L, que conducía a los viajeros ante la Casa Principal. Según veremos en otro documento posterior la Puerta que da a la Calle Real, y que se considera la Principal, será modificada su apariencia que no su ubicación a consecuencia de una nueva ampliación, mientras que la de Salida que está junto a la Casa Principal, permanece sin alteraciones desde su construcción (A.H.N. OSUNA, 1699, D.2). Antes de la ampliación de la finca no debía estar habilitada la entrada de carruajes dentro de la propiedad dejando probablemente a los viajeros delante de la casa principal, en la calle de la iglesia, para retroceder nuevamente hasta la calle Real donde se encontraba la entrada a las cocheras. Incluso es posible que las cocheras, como se describe en documentos posteriores, tuviera una entrada directa a la parte baja del jardín, llegando a la vivienda por la zona de la “fuente de pie”, luego fuente de las ranas, que está alineada con las escaleras de subida a la terraza superior. Estas escaleras según Carmen Añon fueron construidas en 1785 (Añón, 2013, p. 72), Boutelou, sin embargo, no las asigna letra en su proyecto por lo que es posible que ya estuvieran con anterioridad, siendo una remodelación lo que tiene lugar en 1785. Actualmente estas escaleras no ocupan el lugar asignado por Boutelou ya que como vemos en el plano se hallan desplazadas con respecto a la Casa Principal mientras que en la actualidad están a continuación de la fachada sur de la misma. Posiblemente el cambio se realizó al tiempo que las obras de remodelación de la vivienda principal.

El resto del diseño de Boutelou, “el mazizar de rosalea cortadas a tijera a un ygual formando alfonbra” (K) o el “exagono de chopos de la Carolina” (F),  no podemos saber si se llevó a cabo ya que el laberinto que actualmente ocupa este lugar oculta cualquier resto que pudiera haber pervivido, aunque no se descarta que en vida de la duquesa el lugar estuviera ocupado por el proyecto de Boutelou ya que la primera mención al laberinto es de 1845 (Madoz, 1845, p.188). Solo hay que observar en planos posteriores la parte de la Fuente de las Ranas para darse cuenta que los senderos siguen el trazado diseñado por Boutelou (Plano 3 y 4). En la terraza superior, dentro de la tapia interior, se representan además dos depósitos de agua (E) y una estufa (C).  En un documento posterior se menciona la existencia de un estanque delante del salón de baile (D), que puede ser uno de los depósitos de Boutelou, así como un invernadero a la derecha de la entrada, que pudiera hacer referencia a la estufa (A.H.N. OSUNA, 1699, D.2). Refuerza esta idea el hecho de que para la construcción del bunker en 1937 durante la Guerra Civil española, se utilizaron las construcciones de agua existentes con anterioridad destinadas al abastecimiento de fuentes y jardines, situadas en el palacio, el parterre y el laberinto (Castillo, 2008, p.43). Precisamente los lugares donde Boutelou sitúa los depósitos (E) y el estanque rodeado de saucos de Babilonia y chopos de Lombardía (N), posiblemente el "estanque de la huerta" de épocas anteriores. Así quedaría configurado el Capricho posiblemente en 1785 ya que al año siguiente se comenzará la construcción de uno de los monumentos más emblemáticos de este parque, el Templo de Baco, que Boutelou no contempla en su proyecto (Plano 1).
 

El Capricho de la Alameda
Plano 3 y 4. Perduración del trazado de las calles del proyecto de Boutelou


De la mitad superior del plano lo único que podemos decir es que se trata de una elevación o accidente natural del terreno con escasa vegetación, según se deduce de la descripción de la letra H, que hace alusión a la proyección de una “calle de olibos en la falda del cerro”. Por último me gustaría comentar la descripción que hace al hablar del arroyo asignado con la letra M, “arroyo que en tiempo de aguaceros o fuertes lluvias vierte a la calle Real”, lo que anegaría el camino principal de entrada a la posesión en determinadas épocas del año con los consiguientes trastornos para la circulación de los carruajes. Y como dato curioso señalar la existencia al otro lado del arroyo de una tapia delimitando otra propiedad en cuya parte inferior hay dibujada una construcción que Boutelou identifica con una “Hermita”, ¿es posible que esta ermita sea el origen de la futura ermita del Capricho?. Los duques eran personas extremadamente religiosas, por lo que es posible que decidieran simplemente trasladar la ermita, junto con el ermitaño, al interior de los muros de su espectacular jardín. Estos terrenos debieron incluirse dentro de los muros en diciembre de 1790. Pertenecían a D. Ramón Rodríguez Prieto, a quien ya habían comprado otras fincas anteriormente. En esta ocasión D. Ramón vende una finca de catorce fanegas de extensión en el lugar que llaman arroyo de la Coloma (el arroyo que actualmente cruza el Capricho de norte a sur) junto con unas casas con huerto y la ermita de Nuestra Señora de la Guía (es decir que la ermita ya estaba en una hacienda privadas antes de pertenecer a los duques). Tanto el huerto como la ermita, según se recoge en otros documentos, estaban cercados por una tapia (que Boutelou representa en su proyecto). Toda la hacienda recibía el nombre de "Estacasolo" y lindaba con las vías que conectaban Barajas (Avd. de Logroño) y la Alameda (Calle Real en el plano de Boutelou, Paseo de la Alameda en la actualidad) con Madrid.
Para concluir con este asunto de la ermita comentar que en el epitafio de la tumba de Fray Arsenio, primer ermitaño del Capricho, uno de los ermitaños que habitó este edificio y que fué enterrado a su muerte junto al mismo, se lee lo siguiente: " Aquí yace Fray Arsenio/ residió en esta comarca 26 años / en esta ermita de la Alameda de Osuna / que le fue donada en caridad por sus méritos /dedicándose constantemente a la oración y a las más sublimes prácticas piadosas / murió en 4 de junio de 1802 / en brazos de su amigo Eusebio quién le ha sucedido en su genero de vida / y aspira en sucederle en sus virtudes." Lo que refuerza la idea que apuntabamos más arriba de que la ermita extramuros fuera trasladad intramuros al efectuarse la ampliación de la finca trasladando con ella al ermitaño encargado del culto y la conservación del lugar sacro que llevaba 26 años residiendo "en esta comarca", lo que nos llevaría a 1776, antes de que los duques compraran la propiedad al conde Priego.
Por todo ello coincido totalmente con Carmen Añon al conceder a Boutelou la autoría del primer diseño del jardín de la Alameda (Añon, 2003,p. 67).

Posteriormente he podido comprobar que Mª Isabel Pérez Hernández llega a estas mismas conclusiones, en el asunto de la ermita, en su tesis doctoral.
              









1 comentario:

  1. Fantástica transcripción e interpretación de los planos al terreno real del parque, nos introduce en la mente del diseñador.

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