Buscando La Tumba del IX Duque de Osuna




He creído interesante traer aquí este asunto de la tumba del IX duque de Osuna, porque durante la investigación, me topé con otro suceso intrigante de la historia de Madrid, que no solo no ha sido convenientemente estudiado, sino que, más bien parece, se ha querido ocultar durante todos estos años.

El noveno duque de Osuna, Don Pedro Alcántara Téllez-Girón y Pacheco, para ponernos en situación, es el esposo de la tan renombrada duquesa del Capricho, Dña Josefa Alfonso Pimentel. Nace el ocho de agosto de 1755, y es el segundo hijo de Pedro Zoilo Téllez-Girón y Pérez de Guzmán (VIII duque de Osuna) y María Vicenta Pacheco Téllez-Girón. Así que en un principio no estaba previsto que heredara este título de Osuna.

La fortuna, o mala fortuna, según se mire, quiso que unos meses antes de sus nupcias con la condesa duquesa de Benavente, el primogénito de los Osuna, José María de la Concepción Téllez-Girón y Pacheco, falleciera, convirtiéndose entonces, Pedro, en el único heredero de la casa.

El duque fallece el siete de enero de 1807, debido a un problema de salud. Situación que arrastraba desde su estancia en París en 1800, donde permaneció durante un año, junto con su familia, a la espera de que Viena le diera el visto bueno para acceder a su cargo, como diplomático en dicha ciudad. En París el duque cae gravemente enfermo, y desde entonces, como diría la condesa de Yebes, su salud era extremadamente frágil.   

Según su testamento, que él mismo escribe de su puño y letra en 1805, solicita ser enterrado, junto a sus padres y su hermano mayor, en el Convento de la Victoria de Madrid. Y a ese Convento es llevado su féretro el nueve de enero, depositándolo bajo la bóveda de la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, "todo el tiempo que le parezca a la Exma Sra Duquesa, y los demas sres mios, y sucesores", según se lee en el documento de deposición del cadáver, "para trasladar despues sus huesos, si lo tienen por combeniente, donde lo esten perpetuamene, con los de sus ascendientes".


El capellán de la orden de los Mínimos de San Francisco de Paula, que son los clérigos que regentan el santo lugar de la Victoria, acepta la misión de velar el cuerpo del duque, por lo que firma el correspondiente contrato de deposición, ante notario, y se queda con una de las dos llaves que tiene el ataúd. La otra sería custodiada por uno de los asistentes al entierro, aunque en el documento en cuestión no está claro de quien se trata, ya que se refiere a él como "Su Excelencia", sin añadir nombres, debe estar haciendo aludiendo a la duquesa, su esposa.

Echamos mano de la wikipedia para ver donde está ubicado dicho Convento, y leemos que ya no existe, pues fue demolido tras su desamortización en 1836, pero que se encontraba en la Puerta del Sol, entre las calles Spoz y Minas y la de la Victoria.

Recurrimos entonces al famoso plano de Texeira, y efectivamente, lo vemos situado en un extremo de la Puerta del Sol, donde comienza la carrera de San Jerónimo.




Actualmente el solar está ocupado por una manzana de casas, construidas por un comerciante madrileño a mediados del siglo XIX, Manuel Mathew, a quién también le han dedicado el nombre de una calle en esta zona. Como curiosidad, comentar que este Convento tenía fama, entre otras cosas, por sus misas "ligeras" (cortas), y por ser lugar predilecto de citas amorosas.

Con lo que, no solo no tenemos Convento, sino que,  lo que es peor, no tenemos tumba. De vuelta a los archivos, busco un posible traslado del cadáver. Y me encuentro con la segunda deposición de los cadáveres de varios miembros de la familia, del hijo mayor, D. Francisco de Borja Téllez-Girón y Pimentel (X duque de Osuna), de la esposa de este, María Francisca Beaufort y Toledo, de su esposa, Dña Josefa Alfonso Pimentel, y del nieto mayor, Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Beaufort Spontin, XI duque de Osuna. Pero del IX duque, de sus padres y del hermano mayor, enterrados todos en el Convento de la Victoria, el silencio es absoluto. 

Estos otros miembros de la familia fueron enterrados en el Cementerio de San Isidoro con carácter provisional, seguramente porque cuando fallecieron (1820, 1830, 1834 y 1844), el proceso desamortizador ya estaba en marcha, por lo que el Gobierno decretaría el uso de los cementerios como lugar de enterramiento en lugar de las iglesias, ya que la mayor parte de ellas iban a ser demolidas. De ahí, sus cuerpos fueron trasladados al Santo Sepulcro de la Iglesia Colegial de Osuna, en 1849, donde se encuentra en la actualidad.

¿Que pasó entonces con la tumba del IX duque? para poder comprender lo que sucedió debemos entender que el proceso desamortizador transcurre en un ambiente tremendamente anticlerical y antinobiliar. En el que el Antiguo Régimen se tambalea bajo la oleada liberal que marca el comienzo del siglo XIX.

Tras la muerte de Fernando VII, y durante la regencia de la Reina María Cristina, el Estado necesita dinero urgentemente para reactivar la economía, y hacer frente a la incipiente guerra carlista. Por ello, la reina regente, tiene que hacer concesiones a los partidos liberales para atraerlos a su causa.

Con un Gobierno liberal a la cabeza del Estado, las medidas desamortizadoras se endurecieron, especialmente durante el gobierno de Mendizábal, extendiendo la desamortización a todos los establecimientos religiosos, ya que la especulación con los solares que ocupaban, una vez demolidos, contribuirían a sanear algo, las maltrechas arcas del Estado. Solo unos pocos se libraron de la quema.

Se crearon varias comisiones gubernamentales y eclesiásticas para llevar a cabo la labor desamortizadora. Pero en vistas de la impunidad con la que se vendían las obras de arte custodiadas en ellos, tanto por parte del personal civil como por el eclesiástico, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, decide intervenir y crea otra comisión para la vigilancia del patrimonio artístico. 

Pues bien, es esta última institución la que nos da la clave de lo que pudo suceder con las tumbas depositadas en los Conventos, ya que se quejan continuamente de que no les da tiempo a realizar su tarea, pues los plazos, desde que se publica el Real Decreto para la desamortización de un Convento, y la orden de demolición del mismo, son demasiado ajustados.

Por tanto, deducimos, que si no hay tiempo de retirar las obras artísticas, menos todavía lo hay para la retirada de las tumbas, con todo el papeleo que supone, y el enorme esfuerzo económico que conlleva el traslado de tantísimas sepulturas. El Estado quería dinero ¡ya!, rápido y fácil, no para gastarlo en mover tumbas sino en otros asuntos más peliagudos.

A lo que hay que añadir, como comentaba más arriba, el odio atroz que los estamentos no privilegiados profesaban, por aquel entonces, al clero y la nobleza, como máximos representantes de un Antiguo Régimen, que pretenden derrocar. Así, ante los brotes de violencia de la población contra el clero, que tienen lugar entre los años 1834 y 1835, es comprensible que ni clérigos ni nobles intercedan por los muertos enterrados en los Conventos cuando el Gobierno decide, un año después, deshacerse de ellos. 

Es más, en este párrafo, la Academia hace mención expresa de lo que está sucediendo con las tumbas, cuando habla de la destrucción de los edificios religiosos: “Arrancados de su lugar nada dicen, de nada sirven, ningún valor tienen porque nadie los compraría, no podrían servir para el adorno de ninguna casa; y finalmente vendrían a parar, los retablos de madera al fuego, y los sepulcros de mármoles y jaspes preciosos, en escombros. ¡O cuando mas serian pagados a vil precio por los marmolistas para aprovecharse de algunos jaspes, convirtiendo así las tumbas de nuestros hombres celebres, cuyas memorias creyeron los fundadores fuese eterna colocadas en los templos, en tableros de mesas y chimeneas. Así desaparecen todos en el mundo: así es la condición humana! ”.

Por lo que las tumbas se dejarían en su lugar, ocupando el subsuelo del solar donde se ubicaba el Convento destruido. Siendo removidas en aquellos casos donde una nueva edificación iba a ser construida, como es el caso del Convento de la Victoria, donde seguramente emergerían al hacer los cimientos del nuevo edificio, aunque nadie, y menos aún el Gobierno, quiso prestar atención, silenciando todo lo relacionado con el asunto.

Y así debió permanecer, hasta que en 1920, un periodista anónimo, que firma como "reporter", decidió que era hora de sacar a la luz lo que estaba ocurriendo en las obras de acondicionamiento de la plaza de Chamberí (La Voz, 2 de septiembre de 1920). Donde bajo el subsuelo comenzaron a emerger gran cantidad de tumbas (más de 200), algunas con escudos nobiliarios y ajuares variopintos. Procedentes con toda seguridad del Convento de la Merced, que anteriormente se ubicaba en dicho lugar, y que como el de la Victoria, fue demolido durante el período Desamortizador. De las tumbas solo se dice que se llevaron a una fosa común.




Aun así, parece que la noticia no tuvo el impacto deseado, ya que este hecho, ha seguido oculto a la opinión pública hasta nuestros días. Y tengo mis sospechas que de forma deliberada, tanto por parte de las Instituciones, como de los más perjudicados en esta historia, la nobleza, ya que son las tumbas de sus antepasados las que tapizaban estos santos lugares.

La cuestión es, que el subsuelo de Madrid debe estar plagado de tumbas nobiliarias. Y de las que desaparecieron, nada sabemos dónde fueron a parar, como la de este duque, el IX de Osuna, cuya ubicación sigue siendo hoy en día un misterio.






1798 en la historia del Capricho III


Fuente de las columnas o del Cascarón del Capricho de la Alameda

Continuando con la entrada anterior voy a describir alguno de los elementos que conforman el Jardín en estos momentos. A excepción del Casino de baile y el monumento conmemorativo a la duquesa de Osuna, el resto de los edificios que hay actualmente fueron construidos a lo largo de quince años, desde el primer diseño realizado por Pablo Boutelou en 1784.

Los edificios que se terminan en estos años son la Casa de cañas, la Casa de la vieja y el Fortín al inicio del primer tramo de la Ría. La Casa de la vieja y la Casa de cañas son dos edificaciones que podemos contemplar actualmente por lo que no me voy a detener en su descripción. En cambio el primer Fortín merece una pequeña reseña, ya que su conocimiento llega a nosotros de la mano de Nicolás Cruz de Bahamonde.

Según la descripción de Nicolás Cruz de Bahamonde, consistía en “un castillo á manera de torre antigua con su foso de agua, contrafoso encubierto, cañones, cuerpo de guardia y quarto del oficial con todos sus requisitos: la subida es cómoda. Dentro contiene una bomba manejada por una bestia que saca el agua de un pozo á ochenta pies de profundidad. Con esta agua' y la de un manantial hacen todo el acopio para el canal, para los estanques y para regar la huerta” (Bahamonde, 1812, Tomo 11, Cap. 3, p. 481-486).
Su construcción, sin embargo, debió realizarse entre agosto y noviembre de 1793 según se deduce de una serie de recibos hallados en los archivos de los Osuna (SNAHN, OSUNA, CT. C. 514). Según estas cuentas se está  trabajando en la construcción de una máquina o noria (“la  bomba manejada por una bestia” de Cruz de Bahamonde) y en una torre, bajo la dirección del aparejador Antonio Álvarez.

Documentos posteriores hacen referencia también a este edificio, así Ventura Martín, maestro vidriero, en noviembre de 1796 coloca “11 entrefinos en la Máquina”, en los “Gavinetillos” y “donde anda la mula” (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.103), tres elementos que identifican este primer Fortín. Otra cuenta del 15 de diciembre trata de la reparación de varias cerraduras del “Castillo” de la Alameda (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.50), término que también utiliza Nicolás Cruz de Bahamonde para definir este edificio.

No sabemos exactamente cuándo se transforma el Fortín en el Casino de baile. Según Carmen Añon es obra de Antonio López Aguado (Añon, 1994, p. 99), lo que nos sitúa como muy pronto en 1803, pues es cuando su nombre aparece en la nómina del Capricho (SNAHN, OSUNA, CT. C. 463). Aunque los trabajos que firma en estos momentos están en relación con fincas extramuros del jardín (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D. 14, 2).
La entrada de Antonio Aguado en el Capricho coincide, por otro lado, con el desmontaje de una torre, entre abril y mayo de 1804 (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D. 14, 3), y aunque todo apunta a que se trata del Fortín,  lo más seguro es que el proyecto no se llevara a cabo en este momento, ya que la “Batería” que figura en el inventario de bienes muebles de 1807 está más en consonancia con el primer Fortín descrito por Cruz de Bahamonde, ya que alberga una habitación de oficiales, que el Fortín posterior, que parece macizo en su interior y por tanto carente de ningún tipo de estructura parecida (SNAHN, OSUNA, CT. 534, D.2).

De momento es prematuro conjeturar una fecha para este edificio. Tal vez el proyecto estaba en marcha ya en 1804 tras el regreso de los duques de París, que deslumbrados por la grandiosidad de sus edificios y la opulencia de la corte, volverían a Madrid con la agenda repleta de nuevos proyectos e ideas. Los acontecimientos de años sucesivos, sin embargo, muerte del duque en 1807 y toma de Madrid por las tropas francesas en 1808, van a paralizar la actividad en el Capricho durante varios años. Será a su vuelta y en documentos tardíos (de 1828 y 1829) cuando se mencione el Casino de baile, ya que la obra de Ventura Aguado, donde se describen las dos nuevas construcciones, Casino y nuevo Fortín, no puede utilizarse como criterio cronológico de momento pues está sin fechar.   

Otro de los elementos nuevos que no han llegado hasta nuestros días es la fuente del “Cascarón”, como se la menciona en distintos documentos. Su configuración nos llega de la mano de Ramón Pardo, marmolista, quien en julio de 1797 presenta una cuenta por realizar “obras de Cantería Mármol y Berroqueña que echo para el Zenador que se halla en la Fuente del Jardín propio de la exma Señora condesa de Venabente, sita en la Villa de la Alameda con horden de dcha Señora, bajo la dirección del Señor Arquitecto Mateo Medina” (SNAHN, OSUNA, CT. C. 404, D. 17).

Según la descripción efectuada por el marmolista, de los trabajos realizados en la fuente, esta se asentaría sobre cuatro pilastras de piedra berroqueña, encima de las cuales se colocarían el enlosado y cuatro zócalos de piedra, que sostendrían las cuatro columnas de orden jónico, de fuste blanco, y basa y capitel de color pajizo,  mientras que en los huecos entre los zócalos se colocarían tres bancos de piedra blanca. El entablamento, también jónico, combinaría tres colores diferentes de piedra, el color pajizo y el morado de la piedra de Cuenca, con el blanco de la de Granada. En el centro de la composición iría la taza de la fuente con una estatua. La cubierta sería de media cúpula. Esta la realiza Jorge Balze en 1796, así como la decoración de sus “repartimentos” con florones colgantes y conchas (SNAHN, OSUNA, CT. C. 398 (3)).

Ventura Aguado nos ofrece un detalle más sobre esta fuente: “Un medio cascarón, que suntuoso /se eleva en un jardín vanaglorioso, /bien merece su erguida prepotencia/pues en el se demuestra sin falencia,/la arquitectura regia y primorosa,/se descubre escultura muy preciosa/en estatuas columnas y labores,/en bellas grecas y preciosas flores”. Lo que hace pensar que la fuente estaba elevada sobre una colina artificial, tal y como vemos en esta pintura efectuada en un abanico perteneciente a la duquesa de Talavera, datado a finales del S.XVIII y primer decenio del S. XIX (Ezquerra, 1920, nº 152 del catálogo).

La fuente de las Columnas o del Cascarón es otro de los elementos que se mantendrán en vida de la duquesa. Tras su muerte en octubre de 1834, su nieto D. Pedro encargará a Martín Aguado la ejecución del monumento conmemorativo que podemos contemplar hoy en día, para el cual se reutilizó parte de las estructuras precedentes, como puede observarse en las columnas que sostienen la media cúpula de esta nueva construcción. El busto de la duquesa se coloca en el centro de la composición en el año de 1838 ( SNAHN, OSUNA, 1313).  

De la pintura del abanico se puede extraer otro dato más, ya que si la datación del abanico es correcta, debemos entender que el palacio fue modificado seguramente a principios del siglo XIX. Lo que está en consonancia con una carta que escribe Taday a la duques, una vez los ejércitos franceses se han retirado de Madrid, el seis de octubre de 1812, comentándole el estado de la hacienda, y dice que “las guardillas que antiguamente servían de guardarropa, están quasi hundiéndose” y continúa “en esta semana tratare con Aguado lo que se puede azer para evitar su rouna y al menor gasto” (SNAHN, OSUNA, CT. C. 540, D. 13). Por tanto es posible que sea en este momento cuando se suprima el tejado de la fachada del jardín y se cubran las torres.

Por último mencionar, como nuevo elemento que se construye en estos años, la Nueva Ría. Con el nombre de Nueva Ría se designa el tramo que va desde el lago al segundo fortín, que es el que ha llegado hasta nuestros días, ya que el tramo que va del lago al Casino de baile actual ya debía estar construido con anterioridad, posiblemente se haría al tiempo que la máquina y la torre, entre 1793 y 1794.  

Su construcción debió ser complicada ya que como indicamos en la entrada anterior, para unir los dos tramos de ría era necesaria la construcción de un puente-acueducto que salvara el desnivel que suponía el arroyo que cruza la finca. Su interior es decorado con roca, según los recibos (SNAHN, OSUNA, CT.C.514), adquiriendo el aspecto de gruta, como puede contemplarse en la actualidad.

A esto hay que añadir los “juguetes chinescos”, la tienda de campaña y la montaña rusa, que no es más que una pequeña elevación, cuyo ascenso se realiza en espiral y que se sitúa cerca del lago, mencionados tanto en la descripción de Nicolás de Bahamonde como en los documentos de archivo (SNAHN, OSUNA, CT. 402, CT. C. 398 y CT. C. 514). Elementos que tampoco han llegado hasta nosotros aunque han quedado las trazas de su existencia en el terreno.

Para finalizar señalar la pervivencia todavía en estas fechas, y seguramente hasta la muerte de la duquesa, del jardín anglo-chino de Pablo Boutelou, ya que se mencionan varios elementos diseñados por este jardinero en 1784. Como son el estanque de los peces situado en el jardín bajo (el estanque de la huerta), el Salón de baile frente al palacio, ya que como hemos visto el Casino de baile es una construcción posterior, y la primitiva Puerta de entrada al jardín (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D. 50).

Este Estanque del jardín bajo se puebla con tencas en 1784 (SNAHN, OSUNA, 66), unas 226, y se vuelve a mencionar en un fragmento del manuscrito de Ventura Aguado, cerca de la fuente de las ranas, con sus peces de colores, desapareciendo con la construcción del laberinto, seguramente en época del XI duque de Osuna, pasando las tencas a otro situado en la parte norte de la posesión, al final del segundo tramo de la Ría, como se recoge en la descripción de Pascual Madoz (Madoz, 1845, Tomo I, p.187).   

Una última curiosidad es que Nicolás menciona que “Antes de la entrada del jardin hai bustos de marmol de los Emperadores romanes”. Lo más probable es que se trate de los bustos que actualmente adornan la plaza de los emperadores, que en estos momentos se encuentran en la rotonda de entrada al jardín.

1798 en la historia del Capricho II



1798 es un año clave para el Capricho. Este año pone el punto final a la actividad constructiva en la Alameda, al menos durante un largo período de tiempo. Se puede decir que el Capricho ya está conformado en sus dimensiones, en su diseño y en su misma esencia. Las postreras actuaciones serán puntuales, de remodelación unas, en el palacio, y de transformación otras, el casino de baile y la plaza de los emperadores, sobre unos espacios ya creados y sin distorsionar el espíritu del mismo, el espíritu de la duquesa de Osuna.
Don Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco, IX duque de Osuna, ha sido nombrado embajador en Viena por Carlos IV (YEBES, p. 153), y debe incorporarse lo antes posible a su nuevo cargo, desplazándose para ello con toda la familia. Por ello es necesario finalizar en este año de 1798, cuanto antes, las obras en el Capricho.
El capricho de la Alameda


Desde 1796 a 1798 se efectúan distintas actuaciones destinadas en principio al acondicionamiento de las estancias ya creadas, palacio, abejero, ermita, invernadero y de finalización de las que estaban en curso, casa de la vieja, casa de cañas y primer fortín, para continuar con otras de nueva fábrica como la ría o la fuente de la plaza frente al palacio. Concentrando la mayor actividad constructiva entre 1797 y 1798, cuando se termina la fuente frente al palacio y se construye el puente de la ría nueva, auténtica obra de ingeniería que salvará el obstáculo que supone el pequeño riachuelo que recorre la finca de norte a sur para la circulación de las pequeñas embarcaciones. Y hace su aparición un nuevo edificio fuera de los muros de la posesión, la casa de oficios, lo que determinará las nuevas funciones de la cuadra vieja y el pajar.
Por las cuentas del archivo de los Osuna sabemos que durante este período se compran lámparas de araña para los cuartos de los duques (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.103), se procede al acristalamiento de puertas, ventanas y muebles en los distintos edificios (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.103), así como se efectúan obras de cerrajería en puertas, ventanas, persianas, mobiliario, balaustres, escaleras, enrejados o emparrados (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D. 43-50).
En el palacio se rematan y revocan las torres, se construye una librería de ladrillo frente al oratorio (SNAHN, OSUNA, CT. C. 514) y una chimenea francesa en el cuarto principal (SNAHN, OSUNA, CT.C.404, D.18). Tadey realizará trabajos de pintura (SNAHN, OSUNA, CT.C.514), y se decorará con estucos tanto el palacio como el abejero (SNAHN, OSUNA, CT. C. 398).
Angel María Tadey, contratado por los duques desde 1796 (SNAHN, OSUNA, CT.C.501, D. 2 y D. 34), comunica que los trabajos de pintura en la casa de cañas están casi finalizados, al igual que las obras en la casa de la vieja (SNAHN, OSUNA, CT.C.514).
Se menciona un castillo en un documento que tiene relación con trabajos de cerrajería (SNAHN, OSUNA, C. 1516, D.50), que posiblemente esté haciendo referencia al fortín que se sitúa al inicio de la ría, donde posteriormente se construirá el casino de baile. 
Por último mencionar los trabajos de dos elementos nuevos, la nueva ría construida durante el año de 1798 (SNAHN, OSUNA, CT.C.514), y la fuente denominada en los documentos “del cascarón”, por estar cubierta por una cúpula sostenida por columnas con capiteles jónicos, que se sitúa en el gran espacio frente al palacio, cuya construcción se lleva a cabo fundamentalmente en el año de 1797 (SNAHN, OSUNA, CT.C. 404, D. 17).  
Mientras avanzan estos trabajos, el Capricho se introduce, poco a poco, en el escenario social del momento. La duquesa ofrece este espacio a sus invitados para la celebración de bailes (SNAHN, OSUNA, CT.C. 390, D.1) y cenas, una muy especial con ocasión de su 44 cumpleaños, a la que acuden 34 personas (6176.53/2, Archivo Blake).  
Esto a grandes rasgos son las labores que se llevan a cabo en el Capricho durante estos años.

En la siguiente entrada me centraré en los edificios y los elementos de nueva creación, sobre todo los que no perviven en la actualidad, y comentaré algunos detalles que pueden resultar interesantes.



1798 en la historia del Capricho


El Capricho de la Alameda


Llegamos a 1798 en la historia del Capricho. Un año interesante para mí pues hace su aparición la escultura de Baco (Bahamonde, 1812, Tomo XI, Cap.3, p. 481-486), cuya presencia es el origen de esta investigación, ya que se desconoce todo de esta escultura.
El Baco de la Alameda es una escultura que ha pasado desapercibida ante los ojos de los investigadores, sobre todo desde que Pedro Navascués dictó su sentencia condenatoria cuando, hablando del templete dice, que “encierra una mediocre escultura de Baco en mármol” (Navascués, 1975, p.11), lo que unido a la ausencia de pruebas acerca de su procedencia o de su autor, ha ocasionado que pocas personas le hayan dedicado algunas líneas.
Cierto que según el gusto artístico actual la escultura de Baco no puede ser calificada de obra maestre, como sucede con la Venus de Adán. Pero también es cierto que en cuanto a gustos no hay nada escrito. Esta escultura por algún motivo fue elegida por la duquesa para ocupar un lugar relevante en su jardín, el Templo.
De hecho el Capricho de esta época rezuma rococó por todos sus poros, como así lo declara Pedro Navascués, que al hablar del abejero dice “lo curioso aquí se produce al analizar los volúmenes y detalles arquitectónicos del edificio, ya que recuerda más los de la arquitectura rococó que la más severa y racional neoclásica” (Navascués, 1975, p. 12), o cuando habla del templete dice que “…conviene señalar otras peculiaridades del templete tales como el modo inusual de resolver la planta acudiendo al modelo barroco de la elipse” (Navascués, 1975, p. 11). El mismo palacio con sus gabinetes ochavados y compleja secuencia de escaleras recuerda esta estética dieciochesca.
Pero es lógico que así sea, ya que la duquesa ha paseado su infancia y juventud por palacios rococós. Su espíritu, aunque participa de la locura ilustrada del momento, mantiene el gusto por un estilo en declive, que pronto será sustituido por los nuevos artistas forjados en la recién nacida Academia de San Fernando, cuyos primeros maestros todavía pertenecen a la antigua estética barroca.
Juan Adán es uno de estos artistas noveles desconocidos y el neoclasicismo la vanguardia minoritaria del arte. Cuando Bahamonde visita el Capricho solo dice de la Venus de Adán que es una “estatua moderna de mármol”, mientras que en el inventario de 1807 los escribanos toman nota del nombre de Juan Adán al inventariar la Venus situada en el abejero, porque así consta en la firma, no porque reconozcan su estilo (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. 534,D.1).
La propia duquesa, en cierta ocasión, manifiesta su descontento por la Venus del escultor aragonés, según se colige de las palabras extraídas de una carta que escribe Adán a la duquesa, cuando en octubre de 1793, esta, visita el taller del escultor. El escultor siente no hallarse en su obrador “en la ocasión que V.E. se sirvió venir a ver su Estatua mayormente por ver si con mis razones podía conseguir mitigar la desazon con que me dicen V.E. estuvo”,  y más adelante dice que le han comunicado que “V.E. prorrumpio varias expresiones y entre ellas de no servirle ya la Estatua”, y que “se manifestó V.E. como arrepentida de no haver encargado la obra a Roma”  (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. C. 393, D 34).
En cambio la escultura de Baco está más en consonancia con esta estética todavía rococó que perdura en el Capricho. A caballo entre lo antiguo y lo moderno, pues aunque las formas apuntan en este sentido, la sencillez con que está tratado el tema báquico contribuye a ensalzar los nuevos valores ilustrados del momento. Por ello a pesar de ser una escultura “mediocre” es original en su concepción, muy propio del pensamiento ilustrado de la duquesa. Es por tanto coherente que la duquesa eligiera para presidir su Capricho una escultura que estuviera en consonancia con el resto del jardín.
Sea como fuere el Baco aparece en el templo, que nosotros sepamos, en 1798, aunque pudo llegar antes, pues la Venus de Adán se coloca en el Abejero en octubre de 1797 (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. C. 393, D 36), lo que puede indicar que el Baco ya estuviera en el Templo por esas fechas.
Llegamos pues a 1798 en la historia del Capricho y antes de continuar vamos a ver en qué situación estaba el jardín de los duques de Osuna.             


El Capricho 1795 (IV)


Entre 1790 y 1792 los duques adquieren varias fincas colindantes al Capricho hasta alcanzar una considerable extensión. La línea del contorno de la finca aumenta de 2.591 pies a 5.169 pies (como en la actualidad, unos 1.300 metros), mientras que su superficie es de cuarenta y cinco fanegas, cuatro celemines y veintiún estadales. Entre estas nuevas adquisiciones se encuentra un huerto que incluye una ermita llamada de Nuestra Señora de la Guía, y una serie de terrenos que introducen el pequeño arrollo que discurre de norte a sur, denominado de la Coloma, dentro del jardín.
Al jardín se accede por tres puertas idénticas compuestas por dos machones de piedra en los extremos que sostienen sendos jarrones de piedra en la parte superior, y puerta de verja de hierro con dibujo. La entrada principal es la más occidental, permaneciendo en este lugar hasta la actualidad. El acceso se hace desde la calle Real. Su construcción debió realizarse entre 1790 y 1791, así como el de la cerca de circunvalación.
Dos grandes avenidas conducen al palacio en línea recta, aunque a mitad de camino hay que atravesar dos puentes de madera para salvar el pequeño arroyo de la Coloma. Esta pequeña obra de ingeniería debió realizarse también entre 1790 y 1791 al tiempo que la nueva entrada principal.
Las otras dos puertas ya existían con anterioridad y permanecen en la misma ubicación que muestra el plano de Pablo Boutelou ya comentado en otra entrada de este blog (en la actualidad todavía existen aunque la que se sitúa en el muro sur que da a la calle Real ha cambiado su fisonomía).
Otro puente de ladrillo salva este mismo arroyo más al norte. El camino que lo atraviesa conduce por una parte hacia una pequeña plaza circular que se sitúa frente al palacio (actualmente Plaza de los Emperadores) mientras que por la otra se dirige a la Ermita. Los duques deciden introducir este elemento religioso, ya existente pero adosado al muro sur de la finca, la ermita de Nuestra Señora de la Guía, dentro del jardín incluyéndolo en su repertorio de amenidades, en el que iría incluido el ermitaño. En 1795 la Ermita ya está concluida atribuyéndose su diseño a Ángel María Tadey.
El Palacio ya tiene más o menos el aspecto actual, la planta es casi cuadrada (137p x 118p x136p x 106p), está dividida en dos pisos con un tejado aboardillado, la fachada principal que da a la calle tiene seis ventanas y una puerta de entrada con escalera de madera y barandilla de hierro, mientras que la fachada del jardín tiene un peristilo o pórtico con ocho columnas del orden corintio coronado con un atrio que se apoya en las cuatro columnas centrales en cuyo frontis se exhibe el escudo de la Casa, y a la que se accede por una escalera de piedra dividida en dos ramales. Un almohadillado de cal y yeso cubre todo el piso bajo y en las cuatro equinas del edificio se ubican cuatro torres.
Esta construcción se realiza en dos fases, primero la oriental o principal, que da a la calle que sube a la iglesia, entre 1790-1792, a cargo de Manuel Machuca, y luego la occidental que da al jardín, donde se sitúan las habitaciones de los duques, entre 1793-1795, realizada por Mateo Medina.
Muchos palacios de la época tienen una estructura parecida, un pórtico columnado con un frontis o cuerpo centrar, generalmente sustentado en cuatro columnas, aterrazado en su parte superior o rematado con un  frontón, como el que yo he elegido para recrear esta hipotética reconstrucción. El palacio de referencia que he elegido para simular la reconstrucción es el palacio Real de Caserta de Nápoles.

El Templo, edificio de planta elíptica rodeado de doce columnas del orden compuesto o jónico, según los autores, se sitúa en una elevación natural del terreno no lejos del palacio y alberga todavía en su interior la estatua de la Venus Medici de 1789.

El Capricho de la Alameda
Reconstrucción de la fachada del jardín del Palacio del Capricho en 1795

 Este edificio se construye entre 1786 y 1788 siendo José de la Ballina el encargado de las obras. Mateo Guill, no obstante, parece que conocía bien el edificio, según se desprende de la detallada descripción que realiza de los cimientos en la tasación de 1789, parte que solo puede conocerse si se han visto los planos del edificio o algún documento donde se explique su construcción. Lo que, a mi juicio, no le descarta como arquitecto implicado en este proyecto constructivo.  
Cerca del Templo se construye un nuevo edificio, el Abejero, compuesto por una rotonda central cubierta por una cúpula con casetones hexagonales sostenida por pilastras con capiteles corintios, y dos cuerpos alargados en los laterales este y oeste, que terminan en dos pequeñas torres. En su interior no hay ninguna estatua todavía. El arquitecto encargado de la construcción de este edificio es Mateo Medina y se concluye en 1795.
Otros edificios que existen en este momento son el invernadero a la derecha de la entrada a la posesión, distinto por sus dimensiones y situación del mencionado por Mateo Guill en 1789, el “departamento de Vacas”, “la cuadra para las vacas, pajares” y un “tiglao que sirve para guardar la hierba y heno”, “el corral para las gallinas” y otra construcción en la esquina donde confluyen las dos calles que debía estar destinado a fines similares, en la parte más baja del jardín.
Sin olvidar ”las casas rusticas de cañas, espadañas y ramaje”, cuya ubicación desconocemos de momento, pero que no es la que conocemos en la actualidad junto al lago ya que este no estaba construido todavía. Por último los juegos de “el columpio, juego de sotija y demás juguetes” ya están instalados.

Este es el aspecto que debía tener el Capricho en 1795.       

El Capricho en 1795
Plano del Capricho en 1795






El Capricho en 1795 (III)


A continuación voy a comentar el escrito de venta judicial del Capricho, porque considero que la descripción que contiene es de 1795-1797 (A.H.P.M. 21768, p.129R-143V):
Comenzando por la Casa Principal el elemento que puede ofrecer un criterio cronológico son las torres situadas en las cuatro esquinas: “En los quatro estremos, y angulos de la Casa sobresalen unos cuerpos de quince pies de altura, que forman como torres, o miradores con sus antepechos de fabrica de ladrillo”. Según los estudios realizados por Carmen Añon (Añon, 1994, p. 72; 2003, p. 78 ) e Isabel Pérez (Pérez, 2013, punto 8) las dos torres que dan a la calle junto con la fachada oriental y principal fueron realizadas por Manuel Machuca entre 1790 y 1792, mientras que la fachada occidental que da al jardín, con sus torres, se construye entre 1793 y 1795 a cargo del arquitecto Mateo Medina. Al estar las cuatro torres ya construidas, así como la fachada occidental, podríamos establecer un punto de partida en 1795.
Al hablar del templete copia casi íntegramente las palabras empleadas por Mateo Guill en el inventario de 1789: “En lo interior y mas elevado de la posesión se encuentra un cenador ovalado de veinte y tres pies y medio, por los diámetros sobre cuatro gradas de piedra blanca, solado de pavimento de piedra mármol, donde cargan doce columnas astreadas de piedras berroqueña del orden, compuesto, con un cornisamento, vasa, capiteles, y zócalos de piedra blanca de colmenar, con su cúpula, o media naranja de fabrica de alvañileria, en plomada por afuera, con fajas, y reundido pintado al temple por dentro casetones, rombos dorados, y lo restante de color abscuro, rematando sobre su cúpula,  un grupo de piedra blanca, y en el centro o medio de este templete hay un pedestal aislado con la estatua de Venus de mármol blanco”. Pero lo más revelador de esta descripción es que sitúa en el centro una Venus cuando por la obra de Cruz de Bahamonde sabemos que Baco ya está en este edificio desde 1798 (Bahamonde, Tomo11, Cap.3, p.481-486).
Carmen Añon dice que la Venus de Juan Adán se coloca en el templete en 1797 (Añon, 2003, p.127), mi opinión es que la Venus de Adán nunca ocupó el centro del templo sino que fue colocada directamente en el Abejero, por tanto es muy posible que la Venus que menciona este documento sea la Venus Medici de 1789, más si el texto de Mateo Guill sirvió de fuente documental para redactar el manuscrito. Por lo que siguiendo con nuestro criterio cronológico la descripción del Capricho contenida en este documento no superaría el año de 1798.
El siguiente edificio refuerza esta cronología: “A la derecha continuando la misma altura se encuentra un casino muy reducido en su forma de muy buen gusto y proporcionada arquitectura, que sirve de abejera”, y sorprendentemente no menciona ninguna estatua en su interior. Mateo Guill no dice nada  de este edificio en su inventario porque todavía no está construido en 1789, según Carmen Añon las obras comienzan en 1790 concluyéndose en 1795  (Añon, 2003, p. 129), pero Nicolás Cruz de Bahamonde (Bahamonde, Tomo11, Cap.3, p. 481-486) sí lo hace y sitúa la Venus de Adán en él, así como otro inventario realizado en marzo de 1807 (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. 534,D.1). Por tanto es más que probable que hasta 1797, que es cuando se trae la Venus de Adán a la Alameda, no debió albergar ninguna escultura en su interior, por lo que nuestro intervalo cronológico se reduce a los años comprendidos entre  1795 y 1797.  
            De la entrada principal dice: “la entrada principal de esta posesión forma una plaza de 146 pies de diámetro rodeada de arbustos con una puerta reja de hierro sostenida por dos pilastrones almoadillados de cantería con sus remates correspondientes, con dos figuras de yeso sobre zócalo a los costados: siguiendo la cerca circular hasta tocar a las dos casillas de guardas que tienen 14 pies de ancho por 32 de largo y 9 de alto guardando la misma figura de la plaza, la que se cierra con dos antepechos de fábrica hasta la valla de enrejado de madera”, descripción que coincide con la puerta actual por lo que debemos entender que la puerta principal cambia de ubicación, lo que implica un nuevo sistema de circulación siguiendo un eje oeste-este diferente del planteado en 1789 que era en L. La línea del contorno de la finca aumenta de 2.591 pies, según los datos que proporciona Mateo Guill en 1789, a 5.169 pies, mientras que su superficie es de cuarenta y cinco fanegas, cuatro celemines y veintiún estadales según los cálculos estimados por Don Simón Judas Cannivary.
Según el estudio histórico realizado por la Escuela-taller de la Alameda de Osuna, la puerta se construyó en 1793, ya que en una carta fechada el 29 de mayo de 1793, Luis Negro, carpintero, comenta que  la “baya de flechas la tengo bastante adelantada están ya todos los palos redondos y aunque son de pino están mui fuertes, también tengo todas las puntas y aletas perfiladas solo me faltan tallarlas y la madera de basa y cornisa también esta labrada”(SNAHN, OSUNA. CT. C. 514), lo que puede estar haciendo referencia, según este estudio, a la “la valla de enrejado de madera”  que cierra la plaza circular de la entrada. Sin embargo comprobamos que la “valla de enrejado de madera” de la puerta principal es “de listones de tabla”, no como la que describe Luis Negro, descripción que encaja mejor con otra situada junto al Palacio: “un antepecho de madera á échura de flechas con sus pedestales de piedra berroqueña, frente á la Casa Palacio”. Por lo que discrepo de este análisis y propongo otra cronología.
Existe una cuenta de 1790 por unos trabajos de cantería realizados por Josef Ruiz y Francisco Prieto en los que Manuel Machuca anota que hay que hacer un descuento en el importe pues deshicieron la entrada de la calle Real cuando Juan Gómez, el administrador de los duques, les advirtió que no lo hicieran, por lo que tuvieron que volver a montarla (SNAHN, OSUNA, CT.C. 514). Es decir que en 1790 ya se plantea cambiar la entrada principal de lugar. Posiblemente al principio se dudó entre hacer una nueva puerta o trasladar la ya existente de la calle Real, de ahí la confusión de los canteros.
Desde que se adquieren las nuevas posesiones vemos que la duquesa ya está planeando el nuevo trazado de la cerca y posiblemente de la ubicación de la puerta principal según se deduce de las palabras que el marqués de Villahermosa escribe en su diario el 11 de mayo de 1790 después de realizar una visita a la Alameda: “la condesa de Benavente ha hecho una casa de campo muy linda, medio francesa y medio inglesa y que quiere extender mucho tanto la casa como el terreno que quiere cercar” (Ezquerra, 1928, p. 150-153). Por lo que es probable que esta se construyera en este mismo año de 1790 o en 1791. Refuerza esta idea una memoria presentada por Joseph Albarez  el 3 de octubre de 1792 de lo que ha costado pintar el palacio, así como “la plaza redonda” y “las casillas”, que debe estar haciendo referencia a la entrada principal (SNAHN. OSUNA, CT.C.402,D.6).
El escrito continúa diciendo “Acontinuacion de este, y siguiendo la cerca por el camino a distancia de ochocientos ochenta pies se encuentra otra puerta que da paso a la posesión compuesta de dos pilastras de piedra con su puerta reja de hierro de dibujo y sus remates correspondientes; cuyo valor de esta, y la anterior es, el de veinte y tres mil setecientos noventa R.vn:”. La imprecisión por la falta de datos nos hace dudar de que esta puerta sea la que se sitúa junto a la Casa Principal ya que ochocientos ochenta pies parece poca distancia si seguimos la cerca para ubicar esta puerta, por lo que es posible que esté hablando de la antigua puerta principal que Mateo Guill y Pablo Boutelo colocan en la calle Real.
No sé en qué momento la fisonomía de la entrada de la calle Real cambia, no obstante, según lo que hemos comentado más arriba, yo me inclino a pensar que la actual puerta principal fue de nueva factura pudiendo coexistir tres puertas iguales al mismo tiempo, por lo que faltaría una puerta en la descripción ya que actualmente se conservan, aunque no iguales, las tres puertas. Lo que nuevamente hace sospechar que este inventario es elaborado a partir de otros anteriores por lo que surgen irregularidades como estas. 
            El hecho de cambiar de ubicación la entrada principal implica un nuevo sistema de circulación y la necesidad de salvar el pequeño accidente natural que constituye el arroyo de la Coloma, que ha quedado incluido dentro del ámbito del jardín desde 1790, mediante la construcción de unos puentes: “En el medio de la posesión se encuentran tres puentecillos sobre el arroyo que la cruza de norte, y medio dia, el primero es de fabrica de ladrillo con antepechos de piedra enfilada, su dirección con los árboles que forman la calle y concluye en la plaza frente de la casa principal, como a unos quinientos pasos de ella. El segundo es de madera haciendo simetría con un camino de Arvoleda como el anterior, y él tercero mas pequeño que dá paso a la calle de Arboles frutales, junto á la cerca de tablones, y maderos rollizos”. Nuevamente comprobamos la poca precisión al situar los puentes por lo que yo entiendo que los está nombrando de norte a sur, según la dirección del arroyo, siendo el primero un puente que actualmente existe que coincide con esta descripción de “fabrica de ladrillo con antepechos de piedra”, y que efectivamente sigue un camino bordeado por árboles que concluye en la actual plaza de los emperadores. Los otros dos de madera corresponderían entonces a los que actualmente forman dos avenidas principales que vienen de la puerta principal hacia el palacio, fabricados de obra con barandilla de hierro, pero que en este momento de 1795-1797 son provisionales, por lo que se construyen en madera.
  
            Del resto de las construcciones dice poco. El invernadero se sitúa “a la derecha, después de entrar en la posesión” y no es solo invernadero para flores sino también “conservatorio de frutos”. A continuación se sitúa en “lo más bajo de la posesión que contigua a la calle Real, se encuentra el Departamento de Casa de Bacas”, el edificio que en el inventario de Mateo Guill se denomina Casa de Labor y servía como cuadra para caballos y mulas. A continuación menciona una serie de construcciones fabricadas en mampostería y barro, a excepción de alguna fachada de ladrillo viejo, que sirven de “tinglado para guardar la Yerba y Eno”, de corral para gallinas y Acortadero “en el angulo, y rincón que forman las dos calles” pero que antes “sirvieron de Casas de gente pobre del Pueblo”. De la Casa y Capilla del ermitaño, así como de las Casas rusticas de “cañas, espadaña, palos y ramaje” solo hace mención de ellas sin describirlas, luego menciona también el columpio, juego de sortija y “demás juguetes” y sale del perímetro del parque para describir otras casas situadas en fincas colindantes como la Casa de oficios, situada frente al palacio, o la casa de los mozos, en otra finca que llamaban “la Huerta Valenciana”.
            Según los estudios realizados las cronologías de estos edificios nuevamente nos llevan a 1795, tanto el invernadero (Añon, 1994, p. 60) como la Casa del ermitaño (Isabel, 2013, p.21.1) datan de esta fecha, pero tal vez nos interesen más los edificios que no se mencionan, el Fortín y la Casa de la Vieja.
            El 2 de junio de 1795, Angel Mª Tadey escribe a la duquesa y dice que ha ido a la Alameda “y habiendo revisado en aquella casa las cosas que están a mi dirección y inspección he hallado que esta en disposición de empezar a seguir a pintar el cuarto de V.E. y el Ermitaño;(añada que) ha visto el monte, la casa pobre y demás obras que he encontrado sin defecto alguno y que el modelo de torre en la semana que viene estará de todo acabado y en estando concluido dare a V.E. parte para si gusta mandarlo llevar a ese sitio” (SNAHN, OSUNA, CT. C 514). De esta carta se deduce que la Casa o capilla del ermitaño ya está concluida, y lista para pintar, que la casa pobre, posible casa de la vieja, se está construyendo, mientras que el modelo de torre, posiblemente el primer fortín que menciona Cruz de Bahamonde en 1798, situado en el lugar donde actualmente se ubica el casino, se está diseñando.
En 1797 Tadey vuelve a escribir a la duquesa informando de la Alameda y dice que la Casa de la Vieja “quasi esta acabada” (SNAHN, OSUNA, CT. C.514), siendo ya mencionada por Nicolás Cruz de Bahamonde en 1798 (Bahamonde, Tomo11, Cap.3, p. 481-486), igual que el fortín o batería, lo que nuevamente nos lleva a nuestra cronología propuesta ya que estos edificios no se mencionan en este documento de venta judicial del Capricho porque entre 1795 y 1797 todavía no estaban construidos.
Resumir que entre marzo y abril de 1807 se realizan dos inventarios del Capricho tras la muerte del IX duque de Osuna, uno de los muebles y alhajas (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. 534,D.1) y el otro de la finca propiamente (A.H.P.M. 21768, p.129R-143V). Este último se encarga a dos personas diferentes, a un arquitecto, del que desconocemos el nombre, y a un agrimensor que se llama Judas Simon Canniviary que visita la finca el 24 de abril de 1807 , existiendo una serie de discrepancias no solo entre el inventario del arquitecto y el del agrimensor, sino también con el inventario de muebles y alhajas realizado en marzo de este año, por lo que es probable que la fuente documental sea diferente, siendo más coherente con la fecha de 1807 el de Canniviary que el del arquitecto, por lo que mi teoría es que el agrimensor sí realizó un inventario real mientras que el arquitecto copió datos de inventarios precedentes, posiblemente un inventario efectuado entre 1795 y 1797, ya que la descripción coincide con este momento cronológico.




El Capricho 1795 (II)



            Continuando con la entrada precedente quiero comentar otro documento muy parecido al anterior ya que se trata del escrito original de la venta judicial del Capricho (A.H.P.M. 21768, p.129R-143V), que ofrece una descripción más detallada, además de una tasación, pero en el que se observan una serie de irregularidades que hacen sospechar que su contenido, al menos una parte, no corresponde con el momento de redacción del escrito, junio de 1808, sino a una situación anterior que yo sitúo entre 1795 y 1798, según voy a exponer.     
Para comprender mejor la creación del documento tenemos que entender previamente las circunstancias que lo originan, que en este caso están en relación con la testamentaría del IX duque de Osuna. La testamentaría del duque de Osuna genera un proceso legal complejo que comienza con la notificación del fallecimiento a la autoridad competente, en este caso el Consejo de S.M. en el Supremo de Castilla, que procede por Real Orden a la intervención de todos los bienes muebles y raíces del fallecido, permitiendo a sus familiares tan sólo la conservación de aquellos bienes necesarios para su manutención hasta se resuelva con los herederos y acreedores el reparto de la herencia.
Una serie de documentos dan testimonio de este proceso judicial tras la muerte de D. Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco, acaecida el siete de enero de 1807. El nueve de ese mismo mes y año la duquesa confirma la existencia de un testamento que lee el notario D. Casimiro Antonio Gómez a todos los interesados, que a su vez manifiestan quedar enterados y lo firman (A.H.P.M. 21765, p. 14R-17R). D. Casimiro traslada el proceso a los tribunales del Consejo de S.M. en el Supremo de Castilla, y se otorga la testamentaría del duque al Sr. D. Ignacio Martínez de Villela, aunque será D. Tomas Moyano quien por ausencia de este se haga cargo de la misma.
Por Real Orden de S.M. de treinta de septiembre de 1806 y nueve de enero de 1807 todos los bienes, estados y rentas quedan intervenidos a la Casa Girón por lo que se conceden poderes especiales a determinadas personas para cuidar de los estados y posesiones de la familia durante el proceso, en el caso de la Alameda el poder de posesión se concede a Ángel María Tadey (A.H.P.M. 21766, p.364R-365V). A continuación el juez encargado ordena hacer inventario y tasación de “bienes, crédito, caudal y efectos” que dejó el duque, tarea que debido al volumen de la hacienda de los Girón debía resultar tediosa, y tal vez por ello se recurriera a documentos anteriores con el fin de agilizar este trámite que en el caso de la Alameda debió realizarse entre enero y abril de 1807 como comentaremos más adelante, ya que el treinta de septiembre ya están finalizadas las tasaciones por lo que, a petición de los acreedores, se da opción a la duquesa de elegir “las casas y los efectos, ganados y granos” que quiera para “abrir Almoneda” y subastar el resto. Es entonces cuando la duquesa propone la compra de las cuatro casas, la de la Puerta de la Vega, la de la Alameda y las de los Reales Sitios, San Ildefonso y San Lorenzo, tras deducción de las cargas, que pagará en tres plazos con vales reales. Este mismo día se comunica a los acreedores y defensor la propuesta de la duquesa que aceptan tras evaluar las tasaciones, quedando constituida la venta judicial de las cuatro casas mencionadas a favor de la testamentaría del IX duque de Osuna (A.H.P.M. 21768, p.129R-143V).
Como ya he comentado el inventario contenido en este documento de venta judicial del palacio de la Alameda se debió realizar entre enero y abril de 1807 ya que D. Simón Judas Cannivary, encargado de realizar la certificación del “Agrimento” o del jardín propiamente comenta lo siguiente al inicio de su certificación: “Primeramente un jardín cercado de pared toda su circunferencia, y dentro del su Casa de Campo, y diferentes edificios a los quales a la Casa, y a la cerca tienen dado valor el Arquitecto comisionado y va vendido en esta Escribania” (A.H.P.M 21768, p. 138R). Por lo que se deduce de sus palabras que el arquitecto encargado de tasar los edificios ya ha realizado su trabajo cuando Cannivary visita la finca el 24 de abril de 1807.
De esta cita además se desprende que el inventario se realizó en dos parte, una en la que se tasan los edificios y otra en la que se hace inventario de otros aspectos del jardín, como así se comenta en la página 137V de este documento después de realizar la tasación de las distintas edificaciones incluidas en el recinto del jardín, la casa de oficios y la huerta valenciana, “y juntando todas estas partidas ascienden al valor de esta posesión y los agregados, a la Cantidad de ochocientos setenta y seis mil novecientos diez R.Vn sin incluir excavaciones, minas, estanques, fuentes, depósitos, plantas, mayor y menor, tierras, y demás que corresponde a el Agrimento” (A.H.P.M 21768, p. 137V).
 A mi juicio estas dos partes provienen de diversas fuentes e incorporan datos de inventarios precedentes, siendo los de la certificación del agrimensor, D. Simón Judas, más reales y acordes con la situación del Capricho en 1807 que los ofrecidos por el arquitecto, en el que observamos menos precisión y a veces contradicciones con los de Cannivary o con otro inventario realizado en marzo de ese mismo año “de todos los muebles elegidos por la Excelentísima Señora Condesa Duquesa de Benavente, mi Señora, en su casa de campo de la Alameda”, como veremos más adelante (S.N.A.H.N., OSUNA, CT. 534, D. 2).
Existe además una intencionalidad por parte de la testamentaría de realizar esta venta como se deduce de las siguientes palabras “y no pudiendo menos de conocerse la utilidad que en ello, asegura a la testamentaria, y acreedores, porque sin gasto alguno encontraban comprador de unas fincas que no eran de fácil salida, y por todo su valor que recibirán en un año íntegramente; concluyo pidiendo se le admitiese esta proposición en los termino expresados, mandando se otorgase a favor de SE la venta judicial de las mismas por todo su valor pagadero en vales Reales en el presente año, pues hademas del beneficio que reportaba la testamentaria influirían infinitas circunstancias de consideración de esta pretensión se confirió traslado a los acreedores, y defensor en auto del mismo dia treinta de septiembre” (A.H.P.M. 21768, p. 329V-330R), y una especie de pacto tácito entre todas las partes de que así se resuelva.
En este contexto podrían encajar una serie de comentarios añadidos a la valoración de algunos edificios con el objeto de devaluar o desvalorizar la propiedad para abaratar el precio de compra. Este recurso vemos que se utiliza en otros documentos como si se tratara de una estrategia comercial con el propósito de vender fácilmente y comprar a buen precio. Así al hablar de la fachada del palacio que da al jardín se lee, “siendo de piedra estos cuerpos arquitectónicos, aunque mal despedazados, y con algún riesgo de ruina”, o el que se añade a la descripción del templete, “siendo este cenador de muy mal gusto desproporcionado con su todo, y partes que le componen, por lo que le regulo en treintaisiete mil novecientos &”, con lo que el valor del templo desciende considerablemente, ya que según la tasación que realiza Mateo Guill en 1789 vale 182.174 R.V., “haviéndolo reconocido muy por menos”, aunque hay que tener en cuenta, también, las circunstancias que originan este inventario de Mateo Guill, ya que el propósito era el de solicitar un crédito por lo que las cifras pueden estar un poco infladas ( S.N.A.H.N., OSUNA, C. 1699, D. 2). De esta manera la duquesa recupera sus casas a un precio inferior del real, mientras que los acreedores recibían en efectivo y no en bienes raíces, un dinero que debía cubrir con creces sus expectativas. Algo parecido ya observamos en el documento del censo reservatorio que los duques pactan con la capellanía de Barajas justificando la conveniencia de otorgar en censo las tierras de la capellanía debido a su baja productividad y estado de abandono (S.N.A.H.N., OSUNA, C.1699, D.15(2)).   
Yo propongo como hipótesis que la descripción de la parte realizada por el arquitecto contenida en este documento de la venta judicial del Capricho esta extraída de un inventario realizado entre 1795 y 1798, ya que existen muchos indicios dentro de la descripción que inducen a situarlo entre estas fechas.
            En la siguiente entrada expondré los elementos de datación que encuadran esta descripción entre estos años de 1795 a 1798.