El Capricho 1795 (IV)


Entre 1790 y 1792 los duques adquieren varias fincas colindantes al Capricho hasta alcanzar una considerable extensión. La línea del contorno de la finca aumenta de 2.591 pies a 5.169 pies (como en la actualidad, unos 1.300 metros), mientras que su superficie es de cuarenta y cinco fanegas, cuatro celemines y veintiún estadales. Entre estas nuevas adquisiciones se encuentra un huerto que incluye una ermita llamada de Nuestra Señora de la Guía, y una serie de terrenos que introducen el pequeño arrollo que discurre de norte a sur, denominado de la Coloma, dentro del jardín.
Al jardín se accede por tres puertas idénticas compuestas por dos machones de piedra en los extremos que sostienen sendos jarrones de piedra en la parte superior, y puerta de verja de hierro con dibujo. La entrada principal es la más occidental, permaneciendo en este lugar hasta la actualidad. El acceso se hace desde la calle Real. Su construcción debió realizarse entre 1790 y 1791, así como el de la cerca de circunvalación.
Dos grandes avenidas conducen al palacio en línea recta, aunque a mitad de camino hay que atravesar dos puentes de madera para salvar el pequeño arroyo de la Coloma. Esta pequeña obra de ingeniería debió realizarse también entre 1790 y 1791 al tiempo que la nueva entrada principal.
Las otras dos puertas ya existían con anterioridad y permanecen en la misma ubicación que muestra el plano de Pablo Boutelou ya comentado en otra entrada de este blog (en la actualidad todavía existen aunque la que se sitúa en el muro sur que da a la calle Real ha cambiado su fisonomía).
Otro puente de ladrillo salva este mismo arroyo más al norte. El camino que lo atraviesa conduce por una parte hacia una pequeña plaza circular que se sitúa frente al palacio (actualmente Plaza de los Emperadores) mientras que por la otra se dirige a la Ermita. Los duques deciden introducir este elemento religioso, ya existente pero adosado al muro sur de la finca, la ermita de Nuestra Señora de la Guía, dentro del jardín incluyéndolo en su repertorio de amenidades, en el que iría incluido el ermitaño. En 1795 la Ermita ya está concluida atribuyéndose su diseño a Ángel María Tadey.
El Palacio ya tiene más o menos el aspecto actual, la planta es casi cuadrada (137p x 118p x136p x 106p), está dividida en dos pisos con un tejado aboardillado, la fachada principal que da a la calle tiene seis ventanas y una puerta de entrada con escalera de madera y barandilla de hierro, mientras que la fachada del jardín tiene un peristilo o pórtico con ocho columnas del orden corintio coronado con un atrio que se apoya en las cuatro columnas centrales en cuyo frontis se exhibe el escudo de la Casa, y a la que se accede por una escalera de piedra dividida en dos ramales. Un almohadillado de cal y yeso cubre todo el piso bajo y en las cuatro equinas del edificio se ubican cuatro torres.
Esta construcción se realiza en dos fases, primero la oriental o principal, que da a la calle que sube a la iglesia, entre 1790-1792, a cargo de Manuel Machuca, y luego la occidental que da al jardín, donde se sitúan las habitaciones de los duques, entre 1793-1795, realizada por Mateo Medina.
Muchos palacios de la época tienen una estructura parecida, un pórtico columnado con un frontis o cuerpo centrar, generalmente sustentado en cuatro columnas, aterrazado en su parte superior o rematado con un  frontón, como el que yo he elegido para recrear esta hipotética reconstrucción. El palacio de referencia que he elegido para simular la reconstrucción es el palacio Real de Caserta de Nápoles.

El Templo, edificio de planta elíptica rodeado de doce columnas del orden compuesto o jónico, según los autores, se sitúa en una elevación natural del terreno no lejos del palacio y alberga todavía en su interior la estatua de la Venus Medici de 1789.

El Capricho de la Alameda
Reconstrucción de la fachada del jardín del Palacio del Capricho en 1795

 Este edificio se construye entre 1786 y 1788 siendo José de la Ballina el encargado de las obras. Mateo Guill, no obstante, parece que conocía bien el edificio, según se desprende de la detallada descripción que realiza de los cimientos en la tasación de 1789, parte que solo puede conocerse si se han visto los planos del edificio o algún documento donde se explique su construcción. Lo que, a mi juicio, no le descarta como arquitecto implicado en este proyecto constructivo.  
Cerca del Templo se construye un nuevo edificio, el Abejero, compuesto por una rotonda central cubierta por una cúpula con casetones hexagonales sostenida por pilastras con capiteles corintios, y dos cuerpos alargados en los laterales este y oeste, que terminan en dos pequeñas torres. En su interior no hay ninguna estatua todavía. El arquitecto encargado de la construcción de este edificio es Mateo Medina y se concluye en 1795.
Otros edificios que existen en este momento son el invernadero a la derecha de la entrada a la posesión, distinto por sus dimensiones y situación del mencionado por Mateo Guill en 1789, el “departamento de Vacas”, “la cuadra para las vacas, pajares” y un “tiglao que sirve para guardar la hierba y heno”, “el corral para las gallinas” y otra construcción en la esquina donde confluyen las dos calles que debía estar destinado a fines similares, en la parte más baja del jardín.
Sin olvidar ”las casas rusticas de cañas, espadañas y ramaje”, cuya ubicación desconocemos de momento, pero que no es la que conocemos en la actualidad junto al lago ya que este no estaba construido todavía. Por último los juegos de “el columpio, juego de sotija y demás juguetes” ya están instalados.

Este es el aspecto que debía tener el Capricho en 1795.       

El Capricho en 1795
Plano del Capricho en 1795






El Capricho en 1795 (III)


A continuación voy a comentar el escrito de venta judicial del Capricho, porque considero que la descripción que contiene es de 1795-1797 (A.H.P.M. 21768, p.129R-143V):
Comenzando por la Casa Principal el elemento que puede ofrecer un criterio cronológico son las torres situadas en las cuatro esquinas: “En los quatro estremos, y angulos de la Casa sobresalen unos cuerpos de quince pies de altura, que forman como torres, o miradores con sus antepechos de fabrica de ladrillo”. Según los estudios realizados por Carmen Añon (Añon, 1994, p. 72; 2003, p. 78 ) e Isabel Pérez (Pérez, 2013, punto 8) las dos torres que dan a la calle junto con la fachada oriental y principal fueron realizadas por Manuel Machuca entre 1790 y 1792, mientras que la fachada occidental que da al jardín, con sus torres, se construye entre 1793 y 1795 a cargo del arquitecto Mateo Medina. Al estar las cuatro torres ya construidas, así como la fachada occidental, podríamos establecer un punto de partida en 1795.
Al hablar del templete copia casi íntegramente las palabras empleadas por Mateo Guill en el inventario de 1789: “En lo interior y mas elevado de la posesión se encuentra un cenador ovalado de veinte y tres pies y medio, por los diámetros sobre cuatro gradas de piedra blanca, solado de pavimento de piedra mármol, donde cargan doce columnas astreadas de piedras berroqueña del orden, compuesto, con un cornisamento, vasa, capiteles, y zócalos de piedra blanca de colmenar, con su cúpula, o media naranja de fabrica de alvañileria, en plomada por afuera, con fajas, y reundido pintado al temple por dentro casetones, rombos dorados, y lo restante de color abscuro, rematando sobre su cúpula,  un grupo de piedra blanca, y en el centro o medio de este templete hay un pedestal aislado con la estatua de Venus de mármol blanco”. Pero lo más revelador de esta descripción es que sitúa en el centro una Venus cuando por la obra de Cruz de Bahamonde sabemos que Baco ya está en este edificio desde 1798 (Bahamonde, Tomo11, Cap.3, p.481-486).
Carmen Añon dice que la Venus de Juan Adán se coloca en el templete en 1797 (Añon, 2003, p.127), mi opinión es que la Venus de Adán nunca ocupó el centro del templo sino que fue colocada directamente en el Abejero, por tanto es muy posible que la Venus que menciona este documento sea la Venus Medici de 1789, más si el texto de Mateo Guill sirvió de fuente documental para redactar el manuscrito. Por lo que siguiendo con nuestro criterio cronológico la descripción del Capricho contenida en este documento no superaría el año de 1798.
El siguiente edificio refuerza esta cronología: “A la derecha continuando la misma altura se encuentra un casino muy reducido en su forma de muy buen gusto y proporcionada arquitectura, que sirve de abejera”, y sorprendentemente no menciona ninguna estatua en su interior. Mateo Guill no dice nada  de este edificio en su inventario porque todavía no está construido en 1789, según Carmen Añon las obras comienzan en 1790 concluyéndose en 1795  (Añon, 2003, p. 129), pero Nicolás Cruz de Bahamonde (Bahamonde, Tomo11, Cap.3, p. 481-486) sí lo hace y sitúa la Venus de Adán en él, así como otro inventario realizado en marzo de 1807 (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. 534,D.1). Por tanto es más que probable que hasta 1797, que es cuando se trae la Venus de Adán a la Alameda, no debió albergar ninguna escultura en su interior, por lo que nuestro intervalo cronológico se reduce a los años comprendidos entre  1795 y 1797.  
            De la entrada principal dice: “la entrada principal de esta posesión forma una plaza de 146 pies de diámetro rodeada de arbustos con una puerta reja de hierro sostenida por dos pilastrones almoadillados de cantería con sus remates correspondientes, con dos figuras de yeso sobre zócalo a los costados: siguiendo la cerca circular hasta tocar a las dos casillas de guardas que tienen 14 pies de ancho por 32 de largo y 9 de alto guardando la misma figura de la plaza, la que se cierra con dos antepechos de fábrica hasta la valla de enrejado de madera”, descripción que coincide con la puerta actual por lo que debemos entender que la puerta principal cambia de ubicación, lo que implica un nuevo sistema de circulación siguiendo un eje oeste-este diferente del planteado en 1789 que era en L. La línea del contorno de la finca aumenta de 2.591 pies, según los datos que proporciona Mateo Guill en 1789, a 5.169 pies, mientras que su superficie es de cuarenta y cinco fanegas, cuatro celemines y veintiún estadales según los cálculos estimados por Don Simón Judas Cannivary.
Según el estudio histórico realizado por la Escuela-taller de la Alameda de Osuna, la puerta se construyó en 1793, ya que en una carta fechada el 29 de mayo de 1793, Luis Negro, carpintero, comenta que  la “baya de flechas la tengo bastante adelantada están ya todos los palos redondos y aunque son de pino están mui fuertes, también tengo todas las puntas y aletas perfiladas solo me faltan tallarlas y la madera de basa y cornisa también esta labrada”(SNAHN, OSUNA. CT. C. 514), lo que puede estar haciendo referencia, según este estudio, a la “la valla de enrejado de madera”  que cierra la plaza circular de la entrada. Sin embargo comprobamos que la “valla de enrejado de madera” de la puerta principal es “de listones de tabla”, no como la que describe Luis Negro, descripción que encaja mejor con otra situada junto al Palacio: “un antepecho de madera á échura de flechas con sus pedestales de piedra berroqueña, frente á la Casa Palacio”. Por lo que discrepo de este análisis y propongo otra cronología.
Existe una cuenta de 1790 por unos trabajos de cantería realizados por Josef Ruiz y Francisco Prieto en los que Manuel Machuca anota que hay que hacer un descuento en el importe pues deshicieron la entrada de la calle Real cuando Juan Gómez, el administrador de los duques, les advirtió que no lo hicieran, por lo que tuvieron que volver a montarla (SNAHN, OSUNA, CT.C. 514). Es decir que en 1790 ya se plantea cambiar la entrada principal de lugar. Posiblemente al principio se dudó entre hacer una nueva puerta o trasladar la ya existente de la calle Real, de ahí la confusión de los canteros.
Desde que se adquieren las nuevas posesiones vemos que la duquesa ya está planeando el nuevo trazado de la cerca y posiblemente de la ubicación de la puerta principal según se deduce de las palabras que el marqués de Villahermosa escribe en su diario el 11 de mayo de 1790 después de realizar una visita a la Alameda: “la condesa de Benavente ha hecho una casa de campo muy linda, medio francesa y medio inglesa y que quiere extender mucho tanto la casa como el terreno que quiere cercar” (Ezquerra, 1928, p. 150-153). Por lo que es probable que esta se construyera en este mismo año de 1790 o en 1791. Refuerza esta idea una memoria presentada por Joseph Albarez  el 3 de octubre de 1792 de lo que ha costado pintar el palacio, así como “la plaza redonda” y “las casillas”, que debe estar haciendo referencia a la entrada principal (SNAHN. OSUNA, CT.C.402,D.6).
El escrito continúa diciendo “Acontinuacion de este, y siguiendo la cerca por el camino a distancia de ochocientos ochenta pies se encuentra otra puerta que da paso a la posesión compuesta de dos pilastras de piedra con su puerta reja de hierro de dibujo y sus remates correspondientes; cuyo valor de esta, y la anterior es, el de veinte y tres mil setecientos noventa R.vn:”. La imprecisión por la falta de datos nos hace dudar de que esta puerta sea la que se sitúa junto a la Casa Principal ya que ochocientos ochenta pies parece poca distancia si seguimos la cerca para ubicar esta puerta, por lo que es posible que esté hablando de la antigua puerta principal que Mateo Guill y Pablo Boutelo colocan en la calle Real.
No sé en qué momento la fisonomía de la entrada de la calle Real cambia, no obstante, según lo que hemos comentado más arriba, yo me inclino a pensar que la actual puerta principal fue de nueva factura pudiendo coexistir tres puertas iguales al mismo tiempo, por lo que faltaría una puerta en la descripción ya que actualmente se conservan, aunque no iguales, las tres puertas. Lo que nuevamente hace sospechar que este inventario es elaborado a partir de otros anteriores por lo que surgen irregularidades como estas. 
            El hecho de cambiar de ubicación la entrada principal implica un nuevo sistema de circulación y la necesidad de salvar el pequeño accidente natural que constituye el arroyo de la Coloma, que ha quedado incluido dentro del ámbito del jardín desde 1790, mediante la construcción de unos puentes: “En el medio de la posesión se encuentran tres puentecillos sobre el arroyo que la cruza de norte, y medio dia, el primero es de fabrica de ladrillo con antepechos de piedra enfilada, su dirección con los árboles que forman la calle y concluye en la plaza frente de la casa principal, como a unos quinientos pasos de ella. El segundo es de madera haciendo simetría con un camino de Arvoleda como el anterior, y él tercero mas pequeño que dá paso a la calle de Arboles frutales, junto á la cerca de tablones, y maderos rollizos”. Nuevamente comprobamos la poca precisión al situar los puentes por lo que yo entiendo que los está nombrando de norte a sur, según la dirección del arroyo, siendo el primero un puente que actualmente existe que coincide con esta descripción de “fabrica de ladrillo con antepechos de piedra”, y que efectivamente sigue un camino bordeado por árboles que concluye en la actual plaza de los emperadores. Los otros dos de madera corresponderían entonces a los que actualmente forman dos avenidas principales que vienen de la puerta principal hacia el palacio, fabricados de obra con barandilla de hierro, pero que en este momento de 1795-1797 son provisionales, por lo que se construyen en madera.
  
            Del resto de las construcciones dice poco. El invernadero se sitúa “a la derecha, después de entrar en la posesión” y no es solo invernadero para flores sino también “conservatorio de frutos”. A continuación se sitúa en “lo más bajo de la posesión que contigua a la calle Real, se encuentra el Departamento de Casa de Bacas”, el edificio que en el inventario de Mateo Guill se denomina Casa de Labor y servía como cuadra para caballos y mulas. A continuación menciona una serie de construcciones fabricadas en mampostería y barro, a excepción de alguna fachada de ladrillo viejo, que sirven de “tinglado para guardar la Yerba y Eno”, de corral para gallinas y Acortadero “en el angulo, y rincón que forman las dos calles” pero que antes “sirvieron de Casas de gente pobre del Pueblo”. De la Casa y Capilla del ermitaño, así como de las Casas rusticas de “cañas, espadaña, palos y ramaje” solo hace mención de ellas sin describirlas, luego menciona también el columpio, juego de sortija y “demás juguetes” y sale del perímetro del parque para describir otras casas situadas en fincas colindantes como la Casa de oficios, situada frente al palacio, o la casa de los mozos, en otra finca que llamaban “la Huerta Valenciana”.
            Según los estudios realizados las cronologías de estos edificios nuevamente nos llevan a 1795, tanto el invernadero (Añon, 1994, p. 60) como la Casa del ermitaño (Isabel, 2013, p.21.1) datan de esta fecha, pero tal vez nos interesen más los edificios que no se mencionan, el Fortín y la Casa de la Vieja.
            El 2 de junio de 1795, Angel Mª Tadey escribe a la duquesa y dice que ha ido a la Alameda “y habiendo revisado en aquella casa las cosas que están a mi dirección y inspección he hallado que esta en disposición de empezar a seguir a pintar el cuarto de V.E. y el Ermitaño;(añada que) ha visto el monte, la casa pobre y demás obras que he encontrado sin defecto alguno y que el modelo de torre en la semana que viene estará de todo acabado y en estando concluido dare a V.E. parte para si gusta mandarlo llevar a ese sitio” (SNAHN, OSUNA, CT. C 514). De esta carta se deduce que la Casa o capilla del ermitaño ya está concluida, y lista para pintar, que la casa pobre, posible casa de la vieja, se está construyendo, mientras que el modelo de torre, posiblemente el primer fortín que menciona Cruz de Bahamonde en 1798, situado en el lugar donde actualmente se ubica el casino, se está diseñando.
En 1797 Tadey vuelve a escribir a la duquesa informando de la Alameda y dice que la Casa de la Vieja “quasi esta acabada” (SNAHN, OSUNA, CT. C.514), siendo ya mencionada por Nicolás Cruz de Bahamonde en 1798 (Bahamonde, Tomo11, Cap.3, p. 481-486), igual que el fortín o batería, lo que nuevamente nos lleva a nuestra cronología propuesta ya que estos edificios no se mencionan en este documento de venta judicial del Capricho porque entre 1795 y 1797 todavía no estaban construidos.
Resumir que entre marzo y abril de 1807 se realizan dos inventarios del Capricho tras la muerte del IX duque de Osuna, uno de los muebles y alhajas (S.N.A.H.N. OSUNA, CT. 534,D.1) y el otro de la finca propiamente (A.H.P.M. 21768, p.129R-143V). Este último se encarga a dos personas diferentes, a un arquitecto, del que desconocemos el nombre, y a un agrimensor que se llama Judas Simon Canniviary que visita la finca el 24 de abril de 1807 , existiendo una serie de discrepancias no solo entre el inventario del arquitecto y el del agrimensor, sino también con el inventario de muebles y alhajas realizado en marzo de este año, por lo que es probable que la fuente documental sea diferente, siendo más coherente con la fecha de 1807 el de Canniviary que el del arquitecto, por lo que mi teoría es que el agrimensor sí realizó un inventario real mientras que el arquitecto copió datos de inventarios precedentes, posiblemente un inventario efectuado entre 1795 y 1797, ya que la descripción coincide con este momento cronológico.




El Capricho 1795 (II)



            Continuando con la entrada precedente quiero comentar otro documento muy parecido al anterior ya que se trata del escrito original de la venta judicial del Capricho (A.H.P.M. 21768, p.129R-143V), que ofrece una descripción más detallada, además de una tasación, pero en el que se observan una serie de irregularidades que hacen sospechar que su contenido, al menos una parte, no corresponde con el momento de redacción del escrito, junio de 1808, sino a una situación anterior que yo sitúo entre 1795 y 1798, según voy a exponer.     
Para comprender mejor la creación del documento tenemos que entender previamente las circunstancias que lo originan, que en este caso están en relación con la testamentaría del IX duque de Osuna. La testamentaría del duque de Osuna genera un proceso legal complejo que comienza con la notificación del fallecimiento a la autoridad competente, en este caso el Consejo de S.M. en el Supremo de Castilla, que procede por Real Orden a la intervención de todos los bienes muebles y raíces del fallecido, permitiendo a sus familiares tan sólo la conservación de aquellos bienes necesarios para su manutención hasta se resuelva con los herederos y acreedores el reparto de la herencia.
Una serie de documentos dan testimonio de este proceso judicial tras la muerte de D. Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco, acaecida el siete de enero de 1807. El nueve de ese mismo mes y año la duquesa confirma la existencia de un testamento que lee el notario D. Casimiro Antonio Gómez a todos los interesados, que a su vez manifiestan quedar enterados y lo firman (A.H.P.M. 21765, p. 14R-17R). D. Casimiro traslada el proceso a los tribunales del Consejo de S.M. en el Supremo de Castilla, y se otorga la testamentaría del duque al Sr. D. Ignacio Martínez de Villela, aunque será D. Tomas Moyano quien por ausencia de este se haga cargo de la misma.
Por Real Orden de S.M. de treinta de septiembre de 1806 y nueve de enero de 1807 todos los bienes, estados y rentas quedan intervenidos a la Casa Girón por lo que se conceden poderes especiales a determinadas personas para cuidar de los estados y posesiones de la familia durante el proceso, en el caso de la Alameda el poder de posesión se concede a Ángel María Tadey (A.H.P.M. 21766, p.364R-365V). A continuación el juez encargado ordena hacer inventario y tasación de “bienes, crédito, caudal y efectos” que dejó el duque, tarea que debido al volumen de la hacienda de los Girón debía resultar tediosa, y tal vez por ello se recurriera a documentos anteriores con el fin de agilizar este trámite que en el caso de la Alameda debió realizarse entre enero y abril de 1807 como comentaremos más adelante, ya que el treinta de septiembre ya están finalizadas las tasaciones por lo que, a petición de los acreedores, se da opción a la duquesa de elegir “las casas y los efectos, ganados y granos” que quiera para “abrir Almoneda” y subastar el resto. Es entonces cuando la duquesa propone la compra de las cuatro casas, la de la Puerta de la Vega, la de la Alameda y las de los Reales Sitios, San Ildefonso y San Lorenzo, tras deducción de las cargas, que pagará en tres plazos con vales reales. Este mismo día se comunica a los acreedores y defensor la propuesta de la duquesa que aceptan tras evaluar las tasaciones, quedando constituida la venta judicial de las cuatro casas mencionadas a favor de la testamentaría del IX duque de Osuna (A.H.P.M. 21768, p.129R-143V).
Como ya he comentado el inventario contenido en este documento de venta judicial del palacio de la Alameda se debió realizar entre enero y abril de 1807 ya que D. Simón Judas Cannivary, encargado de realizar la certificación del “Agrimento” o del jardín propiamente comenta lo siguiente al inicio de su certificación: “Primeramente un jardín cercado de pared toda su circunferencia, y dentro del su Casa de Campo, y diferentes edificios a los quales a la Casa, y a la cerca tienen dado valor el Arquitecto comisionado y va vendido en esta Escribania” (A.H.P.M 21768, p. 138R). Por lo que se deduce de sus palabras que el arquitecto encargado de tasar los edificios ya ha realizado su trabajo cuando Cannivary visita la finca el 24 de abril de 1807.
De esta cita además se desprende que el inventario se realizó en dos parte, una en la que se tasan los edificios y otra en la que se hace inventario de otros aspectos del jardín, como así se comenta en la página 137V de este documento después de realizar la tasación de las distintas edificaciones incluidas en el recinto del jardín, la casa de oficios y la huerta valenciana, “y juntando todas estas partidas ascienden al valor de esta posesión y los agregados, a la Cantidad de ochocientos setenta y seis mil novecientos diez R.Vn sin incluir excavaciones, minas, estanques, fuentes, depósitos, plantas, mayor y menor, tierras, y demás que corresponde a el Agrimento” (A.H.P.M 21768, p. 137V).
 A mi juicio estas dos partes provienen de diversas fuentes e incorporan datos de inventarios precedentes, siendo los de la certificación del agrimensor, D. Simón Judas, más reales y acordes con la situación del Capricho en 1807 que los ofrecidos por el arquitecto, en el que observamos menos precisión y a veces contradicciones con los de Cannivary o con otro inventario realizado en marzo de ese mismo año “de todos los muebles elegidos por la Excelentísima Señora Condesa Duquesa de Benavente, mi Señora, en su casa de campo de la Alameda”, como veremos más adelante (S.N.A.H.N., OSUNA, CT. 534, D. 2).
Existe además una intencionalidad por parte de la testamentaría de realizar esta venta como se deduce de las siguientes palabras “y no pudiendo menos de conocerse la utilidad que en ello, asegura a la testamentaria, y acreedores, porque sin gasto alguno encontraban comprador de unas fincas que no eran de fácil salida, y por todo su valor que recibirán en un año íntegramente; concluyo pidiendo se le admitiese esta proposición en los termino expresados, mandando se otorgase a favor de SE la venta judicial de las mismas por todo su valor pagadero en vales Reales en el presente año, pues hademas del beneficio que reportaba la testamentaria influirían infinitas circunstancias de consideración de esta pretensión se confirió traslado a los acreedores, y defensor en auto del mismo dia treinta de septiembre” (A.H.P.M. 21768, p. 329V-330R), y una especie de pacto tácito entre todas las partes de que así se resuelva.
En este contexto podrían encajar una serie de comentarios añadidos a la valoración de algunos edificios con el objeto de devaluar o desvalorizar la propiedad para abaratar el precio de compra. Este recurso vemos que se utiliza en otros documentos como si se tratara de una estrategia comercial con el propósito de vender fácilmente y comprar a buen precio. Así al hablar de la fachada del palacio que da al jardín se lee, “siendo de piedra estos cuerpos arquitectónicos, aunque mal despedazados, y con algún riesgo de ruina”, o el que se añade a la descripción del templete, “siendo este cenador de muy mal gusto desproporcionado con su todo, y partes que le componen, por lo que le regulo en treintaisiete mil novecientos &”, con lo que el valor del templo desciende considerablemente, ya que según la tasación que realiza Mateo Guill en 1789 vale 182.174 R.V., “haviéndolo reconocido muy por menos”, aunque hay que tener en cuenta, también, las circunstancias que originan este inventario de Mateo Guill, ya que el propósito era el de solicitar un crédito por lo que las cifras pueden estar un poco infladas ( S.N.A.H.N., OSUNA, C. 1699, D. 2). De esta manera la duquesa recupera sus casas a un precio inferior del real, mientras que los acreedores recibían en efectivo y no en bienes raíces, un dinero que debía cubrir con creces sus expectativas. Algo parecido ya observamos en el documento del censo reservatorio que los duques pactan con la capellanía de Barajas justificando la conveniencia de otorgar en censo las tierras de la capellanía debido a su baja productividad y estado de abandono (S.N.A.H.N., OSUNA, C.1699, D.15(2)).   
Yo propongo como hipótesis que la descripción de la parte realizada por el arquitecto contenida en este documento de la venta judicial del Capricho esta extraída de un inventario realizado entre 1795 y 1798, ya que existen muchos indicios dentro de la descripción que inducen a situarlo entre estas fechas.
            En la siguiente entrada expondré los elementos de datación que encuadran esta descripción entre estos años de 1795 a 1798.
             


El Capricho 1795 (I)



Para comprender la siguiente etapa evolutiva del Capricho hemos recurrido a un documento que ya se ha comentado con anterioridad, la venta judicial del Capricho (Archivo Histórico Nacional Nobleza, OSUNA, C.1699, D.6-12). Aunque el documento es generado posiblemente entre 1860-65, contiene una descripción del parque que según los expertos se dataría en 1808, ya que esta es la fecha que consta en el documento en la parte en que describe el Capricho, pero que a mi juicio hace referencia a una situación anterior, entre 1795-1798.

El origen de este documento podría encuadrarse dentro de las medidas económicas adoptadas por la Casa de Osuna en la década de 1860 para atajar el elevado endeudamiento en el que se hallaba su hacienda. Una de estas medidas fue la realización de un presupuesto anual que reflejara el estado de sus finanzas, para lo cual cada Administración local debía informar de su situación económica a un Consejo Administrador que elaboraba el presupuesto global (Torrijos, 2011, p.5). Nuestro documento consiste en un listado de posesiones situadas en el término de la Alameda que van desde 1808 hasta 1860 por lo que bien podría haber sido redactado con el objeto de efectuar el único presupuesto encontrado hasta la fecha, efectuado en 1862.   

La primera de las fincas descritas es el Capricho y se fecha en 1808. Surge entonces la siguiente duda ¿Por qué fechar la posesión del Capricho en 1808 y no en 1783 que es cuando se compra al conde de Priego la primera propiedad, o incorporar las fechas de las sucesivas adquisiciones hasta completar el total de la finca, como así consta en otros documentos?. Seguramente la respuesta se encuentra en el legajo que presento a continuación, “Aceptacion de venta judicial de cuatro casas jardines tierras y demás enesta Corte, villas de la Alameda, y Reales sitios de San Lorenzo, y san Ildefonso otrogada por la Excelentisima Señora condesa Duquesa de Benavente, y viuda de Osuna, afabor dela testamentaria del Excelentisimo Señor su marido” (Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, 21768, 327-334). Es decir la escritura de compra del Capricho por parte de la duquesa, fechada el 20 de junio de 1808, la misma fecha que figura en el documento de venta judicial del Capricho (Archivo Histórico Nacional Nobleza, OSUNA, C.1699, D.6-12), ante el señor D. Tomás Moyano, perteneciente al consejo de S.M. en el Supremo de Castilla, en ausencia del señor D. Ignacio Martínez de Villela, que debía ser el juez que llevaba la testamentaría del duque de Osuna.

Según este, citadas todas las partes implicadas en el testamento, hijos y acreedores, y la excelentísima duquesa de Osuna, se procede a protocolizar la aceptación de la compra de cuatro casas incluidas en la testamentaría del duque según propuesta de la duquesa, argumentando a su vez “la utilidad que en ello, asegura a la testamentaria, y acreedores, porque sin gasto alguno encontraban comprador de unas fincas que no eran de fácil salida”. Una vez hecho inventario y tasación de las fincas se establece el precio de compra de cada una de las casas. La primera es la de la Puerta de la Vega, situada en la “plazuela del Postigo señalada con el numero tercero de la manzana ciento noventa y una”, en Madrid, cuyo valor asciende, a 889.706, 34, la segunda es la situada en “la villa dela Alameda distante desta una legua que sirve de recreo gusto, y obstentacion con otras barias servidumbres anexas a ella principalmente las tierras”, cuyo precio de venta es de 1.401.374,23, mientras que las casas de San Ildefonso y San Lorenzo, de pequeño tamaño, ascienden las dos a 91.315. A estas cantidades hay que deducir una serie de cargas que gravan la propiedad, quedando un total de 1.851.796, 23. Todo ello a pagar en tres plazos de 617.275,02 en vales Reales en el mismo año de 1808, de las cuales ya se ha efectuado la primera entrega el día uno de abril a D. Juan de Sevilla, quedando las siguientes para el primero de septiembre y el último día de diciembre, no pudiendo “vender, ni grabar con ningún pretesto enel interin no este exenta y solvente la óbligacion que lleva constituida”, quedando así hipotecadas (Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, 21768, 327-334). Así la duquesa de Benavente se ve obligada a compra estas propiedades debido a que el duque de Osuna redacta un testamento bastante desfavorable para ella ya que deja en  legado a sus hijos no solo los bienes propios sino también los gananciales, con el peligro de perder este patrimonio a manos de acreedores.  

En la siguiente entrada del blog expondré los argumentos que me inducen a pensar que el documento de venta judicial del Capricho está describiendo una situación anterior (Archivo Histórico Nacional Nobleza, OSUNA, C.1699, D.6-12), que a mi juicio describe un momento del jardín comprendido entre 1795 y 1798. Pero antes de finalizar quiero hacer una observación, en la descripción que se recoge en la venta judicial del Capricho (Archivo Histórico Nacional Nobleza, OSUNA, C.1699, D.6-12) no existe ninguna tasación, mientras que en el documento de aceptación de la venta del Capricho (Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, 21768, 327-334) se especifica que se establece el precio de venta de las posesiones según la tasación resultante del inventario realizado. Por lo que debe existir otro inventario que refleje el estado real del Capricho en 1807, efectuado probablemente entre marzo y septiembre de ese año, y que no es el mismo que el de la venta judicial del Capricho, documento redactado posiblemente en 1862, y que refleja una realidad anterior a 1808.





Baco



El Capricho de la Alameda

El Templo del Capricho albergó como ya sabemos la estatua de una Venus Medici que según Añón fue sustituida por la Venus de Juan Adán en 1797 (Añon, 2003, p.127). Todavía no he tenido ocasión de consultar estos documentos por lo que no puedo saber con certeza si la Venus se colocó en el Templo o en la rotonda central del Abejero que ya estaba construido, ya que en la visita que realiza Nicolás Cruz de Bahamonde en 1798 al Capricho el Baco ya está en el Templo (Nicolás,Tomo XI, p.485). Un análisis formal de esta escultura puede ofrecernos algún dato interesante que pueda ayudarnos a vislumbrar la procedencia de esta escultura.
Se trata de un conjunto escultórico exento realizado en mármol blanco,  compuesto por una figura humana, un joven de complexión atlética, y un felino, posiblemente una pantera. La figura humana tiene el pie izquierdo adelantado y el torso girado ligeramente también hacia la izquierda así como la cabeza, tocada con racimos de uvas que le caen por la espalda como si fuera el cabello. El brazo derecho se dobla llevando la mano a la altura del pecho que agarra un racimo de uvas. El brazo izquierdo por el contrario permanece extendido a lo largo del cuerpo y sujeta en la mano otro racimo de uvas. El felino se enrosca por detrás de la figura humana sentado sobre sus patas traseras, con la pata derecha delantera alzada para no pisar el racimo de uvas que se encuentra debajo, mientras, con la boca, intenta mordisquear las uvas que lleva en la mano izquierda la figura humana. Como dato curioso el sexo del joven queda oculto por una hoja de parra que proviene del racimo que sujeta con la mano izquierda.
El Capricho de la Alameda

Llama la atención la sencillez con la que está tratado el tema báquico, tan solo con tres elementos, un joven desnudo, unos racimos de uvas y un felino, el artista no solo ha identificado al personaje con el dios del vino sino que ha conseguido humanizar su divinidad introduciéndole en un escenario cotidiano como es la vendimia. El joven dios acaba de recoger el fruto de la vid y camina despreocupado cuando el felino se acerca juguetón para arrebatarle parte de la cosecha que el muchacho sujeta con la mano izquierda haciendo girar ligeramente al joven. En esta interpretación del dios no hay copas, ni tirsos, ni pieles de felino, ni comparsas, ni connotaciones eróticas, no es un dios ebrio de alcohol y de placer como en el Renacimiento y el Barraco, sino un dios exclusivamente agrícola, lo que encaja perfectamente dentro del pensamiento ilustrado del momento donde la vuelta a la naturaleza y a la vida sencilla del campo se convierte en un motivo recurrente en el arte. Sin embargo y a pesar de ser un tema clásico tratado con mucha originalidad el aspecto formal de la figura humana recuerda todavía a tipos un poco barrocos, tal vez de la primera mitad del siglo XVIII. Incluso el detalle de la hoja de parra nos remonta a un momento anterior en el arte.
En el archivo encontramos un documento que bien podría encajar con la cronología extraída del análisis formal de la escultura. El documento hace referencia a la compra de 28 estatuas por parte de la duquesa del Infantado para adornar su palacio nuevo de Chamartín, entre las que encontramos una cuya descripción podría encajar con el Baco del Templo de la Alameda: … “Otra de un manzebo desnudo, adornada su Cabeza con racimos de Ubas y en las manos también razimos con dos niños el uno Satiro, y el otro racional=” (OSUNA, CT. 393,D.16).
María Francisca de Silva Mendoza y Sandoval, XI duquesa del Infantado, en junio de 1756 compra 28 estatuas a María Josefa Michaela, marquesa de Mirabal, por valor de 22.000 reales de vellón, para su palacio de Chamartín. Estas estatuas proceden del antiguo palacio de las Dos Torres, construido por D. Luis de Mirabal tras casarse con Dña. Isabel María Queipo de Llano, Señora de Boadilla del Monte, en 1709. A su muerte en 1729, el Marqués de Mirabal tenía hipotecado gran parte del Señorío de Boadilla por lo que su hija Dña. María Josefa Michaela, única heredera, solicita al Consejo de Castilla la enajenación de la herencia para poder venderlo, realizando previamente en 1755 un inventario de los bienes libres entre los que se encontraban estas 28 estatuas. El palacio fue vendido finalmente al Infante D. Luis en 1761 quien construye un nuevo palacio sobre el antiguo de las Dos Torres en 1765 que es el que actualmente se conserva. 
El legajo en cuestión pasa al archivo de Osuna seguramente cuando Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Beaufort hereda el título del Infantado en 1841, y con él presumiblemente las estatuas. Pero la estatua de Baco ya se encuentra en el Templo con anterioridad a esta fecha de 1841, ya que como apuntamos más arriba, Nicolás Cruz de Bahamonde ya lo sitúa en el templo en 1798, por lo que si el documento y la estatua guardan alguna relación solo se me ocurren dos explicaciones posibles, o bien fue un regalo del entonces duque del Infantado o se trata de una copia. La copia de obras de arte es una práctica habitual en cualquier época, así, por ejemplo, nos cuenta la condesa de Yebes que Dña María Uría y Alcedo solicita en 1803 a la Condesa-Duquesa de Benavente que le deje el cuadro del general Urrutia que realizó Goya en 1798 para que Esteve haga una copia, a lo que la Condesa-Duquesa accede una vez le sea devuelto, ya que está en poder del duque del Infantado quien está realizando también una copia del cuadro (Yebes, p. 45).
En la corte la vida social de la aristocracia madrileña está en continua ebullición.  Las damas de la alta sociedad del siglo XVIII rivalizan en los salones por ser la más ocurrente, elegante o atrevida, buscando cualquier excusa para organizar una gran “función” en su casa que tenga ocupadas las mentes y las plumas de los cronistas. Los invitados a estas fiestas suelen ser en su mayoría aristócratas aunque nunca falta en ellas la soldadesca y el artista de moda. Esta pequeña sociedad ilustrada va deambulando de salón en salón dando a conocer sus últimas adquisiciones o novedades. La Duquesa como parte integrante seguramente fuera invitada ilustre en Chamartín en más de una ocasión, por lo que es normal que conociera la existencia de estas esculturas adquiridas por la abuela del entonces duque del Infantado D. Pedro Alcántara de Toledo y Salm Salm.
Las estatuas sin embargo debieron realizarse en la primera mitad del siglo XVIII, cuando el Marqués de Mirabal construye el Palacio de las Dos Torres en Boadilla. Mirabal fue un político brillante al servicio de Felipe V, quien en 1722 crea el título de Marqués de Miraba para él como recompensa por sus servicios. Sin embargo su fortuna se ve truncada tras la abdicación de Felipe V en su hijo, ya que como miembro del Consejo de Luis I Mirabal intentará alejar la influencia francesa del gobierno español cosa no bien vista por Felipe V y su esposa que se encuentran en San Ildefonso disfrutando de una vida relajada. Luis I por desgracia muere ese mismo año con lo que Felipe V recupera el trono y destituye a Mirabal como Presidente del Consejo relegándolo a un cargo honorífico y mal remunerado que le impedirá hacer frente a sus enormes gastos (http://www.boadilla.com/pages/antonio.htm). Por tanto es probable que estas esculturas fueran adquiridas o realizadas durante los años de mayor esplendor de Mirabal entre 1709, que es cuando contrae matrimonio con Isabel Queipo, Señora de Boadilla, y 1724, cuando comienza su declive como político.
            La cuestión es que si la estatua del mancebo fue el modelo para el Baco de la Alameda, aunque con algunas licencias ya que los niños desaparecen y se sustituyen por un felino, a quién se hizo el encargo. Como ya se comentó en la primera entrada de este blog, en 1787 se encargó la ejecución de la Venus que sustituiría a la Venus Medici del Templo a José Guerra, pero la duquesa decide darle la obra en 1790 a otro escultor, por lo que pone sus ojos en Juan Chaez. Chaez no realizará la Venus y queda a expensas de un proceso judicial por este motivo ya que los duques le habían adelantado una suma importante de dinero (OSUNA, CT. 393, D. 29-29 BIS). Durante este proceso judicial los duques dejan abierta la posibilidad de que el escultor salde la deuda contraída mediante la ejecución de alguna estatua, por lo que no se descarta la posibilidad de que Juan Chaez finalmente saldara su deuda con el Baco de la Alameda tomando como fuente de inspiración una de las esculturas que el duque del Infantado tenía en los jardines de su Palacio de Chamartín, un mancebo con racimos de uvas en el cabello y en las manos, que en la Alameda se transforma en un dios agrícola, el dios del vino. Esto es solo una hipótesis, imposible de probar, de momento, pero que puede servir de hilo conductor para futuras investigaciones.

            A pesar de ser una escultura mediocre como la han calificado algunos investigadores (Navascues, 1975, p. 11), hay que tener en cuenta que es estatua elegida por la duquesa para exhibirla en su Templo   de la Alameda, por lo que si su valor no es artístico debe ser otro, ¿sentimental?, ¿simbólico?, que le lleva a ocupar un lugar destacado en el Capricho, y que por tanto debe tomarse en consideración.





El Templo


“Continuando con la medida en el último banco de este Jardín, en una eminencia o altura se encuentra un templillo o cenador ovalado” (OSUNA, C. 1699, D.2). El Parque del Capricho se desarrolla sobre una pendiente ascendente que, en un sentido más amplio, forma parte de un conjunto de terrazas originadas y vertebradas por el río Jarama. Debido a la pendiente la propiedad se organiza de forma escalonada, lo que Mateo Guill denomina “bancos”, diferenciándose tres niveles. Para el momento que nos ocupa, en el nivel inferior se situaría el jardín anglo-chino de Boutelou, en el intermedio estarían la casa-palacio, el salón de baile, los estanques y el invernadero, mientras que el superior lo ocuparía el Templo y el estanque lobulado, próximo a la tapia de circunvalación de la propiedad por el norte, sobre los terrenos adquiridos por censo reservatorio a la capellanía de Barajas en 1784. Aunque Bouteolou no incluye esta construcción dentro de su proyecto, tal vez por la reciente incorporación de estos terrenos a la posesión, pudo hacerlo  más tarde ya que por estas fechas todavía sigue realizando algún trabajo para los duques en Aranjuez (OSUNA, CT. 408, D.6).
Posiblemente el Templo ya estuviera proyectado en 1785 aunque no su diseño final para el que se debió contratar a un arquitecto, que según María Isabel Pérez (tesis, 2013) pudo ser Joseph de la Ballina pues se menciona en documentos relacionados con la dirección de las obras del Templo, aunque no existe ningún documento, escrito o gráfico, que certifique que Ballina es el autor del Templo del Capricho. Este arquitecto interviene también en la tasación del palacio de Leganitos, junto con Mateo Guill (Añon, 2003, p. 78).
En octubre de 1786 comienza la construcción del templo según se deduce de una serie de recibos por los que se adquieren cuatro docenas de espuertas terreras, seguramente para la excavación de la cimentación, y seis cubos, ambos para la “obra del templo de la Alameda” (OSUNA, CT. 404, D. 15). Aunque puede que desde julio ya se iniciaran los trámites para la adquisición de la piedra destinada al templo ya que aunque no se especifica expresamente se abonan a Francisco Fernández, cantero, 160 reales de vellón “para los fines que se ofrezcan en las canteras” (OSUNA, CT. 404, D. 15).
            Continuando con la descripción que Mateo Guill hace de esta construcción, dice, “fundado sobre buen cinto de mampostería con 17 pies y medio de profundidad, y quatro gradas de piedra blanca alrededor del quadrado, y sobre estas su solado de piedra mármol, donde nacen o cargan doze columnas astreadas de piedra berroqueña del orden compuesto con su cornisamento, vasas, capiteles, y zócalos de piedra blanca de colmenar” (OSUNA, CT. 1699, D.2). Por lo que suponemos que la cimentación es una zanja rectangular, si por “buen cinto” se entiende solo el contorno del cuadrado, con relleno de mampostería, y cuya profundidad alcanza más o menos los seis metros, ya que un pie suelen ser más o menos 33 cm. Sobre ella se situaría la gradería de 4 escalones, el solado de mármol y las doce columnas. Sabemos por otros recibos, como comentamos en la primera entrada del blog, que las columnas fueron realizadas por  Miguel Aguado, quién debió comenzar su trabajo entre octubre y noviembre de 1786, finalizando más o menos en marzo de 1787 (OSUNA, CT, 404, D. 15). Sobre estas se sitúa el cornisamento que sostiene “su cúpula o media naranja de fabrica de albañilería, emplomada por afurea con doze fajas, y recundidos, y pintada al temple por dentro con casetones rombos dorados, y lo restante del claro y oscuro” (OSUNA, CT. 1699, D.2). Referente a la colocación de la cúpula existen también recibos en el archivo alusivos a trabajos de carpintería, cantería, montaje de andamio y colocación del Remate, cuyos trabajos debieron comenzar en agosto de 1787 y finalizaron en marzo de 1788 (OSUNA, CT. 404, D.14).

El Capricho de la Alameda


Y para conclusión por defuera o remate un grupo de la misma piedra blanca en el centro o medio de este templete un gran pedestal con la Venus de Medicis de piedra mármol” (OSUNA, CT. 1699, D.2). Ya en la primera entrada del blog titulada “Las esculturas del templo de la Alameda”, comentamos lo referente a las dos Venus del templo y la obra desestimada de Jose Guerra, posiblemente el “gran pedestal” al que hace referencia Mateo Guill, “un grupo de la misma piedra blanca” en la que el escultor abulense, sobrino de Francisco Gutiérrez, autor de la Fuente de Cibeles del Paseo del Prado, ejecutó los atributos de una Venus que no llegó a concluir, ya que su estilo excesivamente recargado no debió agradar a la duquesa por lo que se concedió la obra de la diosa a otro escultor, mientras que los atributos de la Venus de José Guerra fueron trasladados a un estanque cercano donde actualmente se encuentran cubiertos por la hiedra, como soporte ruinoso del busto de lo que pudiera ser una amazona clásica. José Guerra realiza este trabajo probablemente entre 1787 y 1788, ya que en julio de este último año escribe una carta a la duquesa pidiendo se le abone el trabajo realizado en los atributos de la Venus para el templo de la Alameda (OSUNA, CT.393, D.25). Mientras se termina la nueva Venus en el centro de la elipse se exhibe una Venus Medicis (Anexos I y II).

El Capricho de la Alameda


         Lo que hace especial a este edificio, sin embardo, es la interpretación que sugiere, ya que su planta elíptica así como la disposición en cuatro grupos de tres columnas dejando dos pasillos centrales que convergen en el centro recuerda la representación gráfica de la elíptica solar, donde el eje mayor de la elipse tiene una orientación este-oeste mientras que el eje menor lo hace en dirección norte-sur. Alrededor de la elipse se distribuyen las doce columnas, representando los doce meses del año, agrupadas en cuatro grupos de tres columnas cada uno como si fueran las cuatro estaciones, y en el centro la diosa Venus, que sitúa el punto de inicio del movimiento solar en el equinoccio de primavera, en el inicio del ciclo vital, un ciclo que se repite año tras año, y que organiza el trabajo del hombre en el campo, así el calendario agrícola se convierte en la alegoría terrestre de la Inmortalidad por su carácter reiterativo, infinito, y de lo perecedero efímero, ya que nos recuerda el devenir del Tiempo y su voracidad implacable. En el repertorio iconográfico del Capricho encontramos varias alusiones a esta unión entre dioses y hombres, entre muerte y resurrección, entre mortalidad e inmortalidad a través del devenir del Tiempo. Pero por circunstancias que desconocemos, el planteamiento inicial previsto se ve truncado, ya que la duquesa decide cambiar el concepto cósmico de su templo recurriendo a un dios que festeja el equinoccio que da comienzo a la obscuridad del invierno, al final del ciclo agrícola y de la vida, Baco.







El Capricho en 1789

            Continúa la adquisición de terrenos en la Alameda por parte de los duques de Osuna aunque ninguna de estas posesiones se incluirá todavía dentro de los muros del jardín. D. Juan López Lobo y D. Ramón Rodríguez Prieto deben ser los propietarios de gran parte de las tierras que rodean la finca. Las tierras de Ramón Rodríguez se encuentran más cercanas por ese motivo es D. Ramón el que en estos primeros años va cediendo terreno a los duques (OSUNA, C, 1699, D. 6).
            A primeros de diciembre de 1789 los duques realizan inventario y tasación de la finca y su contenido. Realiza el encargo D. Mateo Guill, “profesor de arquitectura, académico de mérito de la Real Academia de San  Fernando, arquitecto en esta corte, de su Real Carcel y Sala de Sres. Alcaldes, del Real y Supremo Consejo de Inquisición y primer Teniente maestro mayor de esta villa” (OSUNA, C. 1699, D.2). La extensión total de la finca en ese momento es de 13 fanegas, el contorno describe un polígono irregular de forma trapezoidal que mide unos 630 pies por el este, 698 por el norte, 510 pies por el oeste y 759 pies por el sur, todo rodeado de su cerca, que según comentario de Mateo Guill es nueva y consiste en “cimientos de piedra pedernal, y sobre ellos machos de fabrica de ladrillo de mayor y menor con los verdugos de lo mismo, y entre estos cajones de mampostería de piedra pedernal, y cal, ystoriados, y a frente descubierta, con sus albardillas de ladrillo”. Este inventario no solo es interesante porque nos da una idea de cómo era el Capricho en 1789 sino que además se convierte en la prueba fehaciente de la realización del proyecto que Pablo Boutelou elabora para la duquesa en 1784, cuyo recorrido vamos a describir a continuación (OSUNA, C. 1699, D.6).    
            En el interior de la cerca se describe el palacio o casa principal cuya planta tiene todavía forma de L tal y como la representa Boutelou en su proyecto. Consta de dos plantas, la de abajo para las habitaciones de los señores, cocina y salón, y la de arriba para el servicio. La obra de la fachada se compone de machos de ladrillo y cajones de mampostería, los suelos están solados con baldosas, y las ventanas son a la italiana con persianas con “puertas vidrieras”. Tiene escalera tanto la fachada principal que da a la calle que sube a la iglesia como la fachada que da al jardín, con sus barandillas de hierro, y rodea toda la casa un empedrado a modo de acera.  Igual que se muestra en  el diseño de Boutelou el cuerpo mayor de la vivienda es el que se extiende de este a oeste, que debe ser el principal, ya que Mateo Guill sitúa en este la entrada y las escaleras de la fachada que da al jardín.
            Adosado al muro sur se encuentra otra construcción de dimensiones casi iguales que la casa principal, de la cual las fachadas oeste y norte dan al jardín, mientras que la principal lo hace a la calle Real y la del lado este hace medianería con casas particulares y un mesón. Mateo Guill identifica esta casa con una “casa de labor”.  El edificio consta de dos plantas, en la de abajo se hallan los establos para los caballos y las mulas y la de arriba se compone de tres habitaciones para criados y un gran pajar que se sitúa sobre las cuadras. En el interior hay un patio con un pozo de poca profundidad con su pila de piedra y otro pajarcito más modesto. La fábrica es como la de la casa palacio excepto su fachada principal que es de “ladrillo jabonero”.  Los suelos son de tablas de madera o de ladrillo mientras que los tejados, tanto este como el de la casa principal, son de teja. En el proyecto de Boutelo este edificio se identifica con la letra I.
            A continuación de la casa principal, frente a la escalera, hay un estanque con su “arquetón con llave de bronce”, identificado por Boutelou con la letra E. En línea con el estanque un salón para baile de planta rectangular, cuyos muros de mampostería son recubiertos con ladrillo “hielo forxado a cielo raso”, decorado con molduras de yeso y figuras realizadas en el mismo material que se sitúan en las cuatro esquinas, una Venus, un Apolo, “el de los platillos” y el “Pastor Rabino”. También se rodea de una acera empedrada al exterior, con tejado de teja a dos aguas. Tiene además dos puertas de entrada pintadas al óleo y diez ventanas circulares con persianas vidriera. Este edificio es identificado por Boutelou con la letra D.
En línea con el salón, está el invernadero o “Invernaculo”, alargado y estrecho. Consiste en un paralelogramo cuyos lados menores son paredes de piedra, mientras que en los mayores se levanta un zócalo de piedra y sobre él “bastidores con vidrios en toda su línea y en lo interior unas graderías pintadas al olio donde están los tiestos”, designado con la letra C en el plano de Boutelou. En frente otro estanque con “su arquetón de fabrica y llave de bronce” (otra de las letras E), aunque estos dos últimas construcciones no parecen estar exactamente en la misma disposición que en el proyecto de Boutelou.
            Otros dos elementos que figuran en el proyecto del jardinero y que describe Mateo Guill en este documento son las puertas y las calles para los carruajes (G). Las puertas constan de “dos pilastras de piedra berroqueña, almoadillada con sus zócalos, y cornisas, y sobre estas por remates dos jarrones de piedra blanca de colmenar, y sus verjas o puertas de fierro, de buen gusto a la francesa”, idénticas a las que actualmente existen. La que se encuentra junto al palacio no ha cambiado su ubicación desde que se construyó, formando parte del recorrido para carruajes que comentábamos al hablar del proyecto de Boutelou, mientras que la principal, como también apuntamos, se encontraba en la fachada sur de la cerca de circunvalación de la finca como se muestra en el plano. Actualmente en este lugar hay una entrada pero secundaria cuya fisonomía es completamente diferente, por lo que es posible que la puerta original que describe Mateo Guill se trasladara al construir la nueva entrada que es la que perdura en la actualidad. Las dos puertas originaban un recorrido en L que conducía a los viajeros ante la entrada de la casa principal “con la comodidad de transitar por una calle de arboles y una plaza circular en medio, a buscar la salida de la puerta arriba dicha”. Aquí vemos nuevamente otro elemento diseñado por el jardinero francés, la calle de árboles, Olmos en el proyecto de Boutelou, para alivio de los viajeros, aunque introduce la plaza circular que no figura en el plano, tal vez para facilitar el giro de los carruajes.   
El Capricho de la Alameda
Puerta de Salida de carruajes
El Capricho de la Alameda
Puerta Principal

            “Asi mismo en el terrado que se halla a la fachada del cortado de la casa principal se hallan unas magnificas Escaleras que vajan al prime Banco del Jardín”.  Escaleras que Carmen Añón dice se construyeron en 1785 (Añon, 2003, p.72). Del Jardín bajo no comenta nada, tan solo sabemos de su existencia por algunos comentarios que hace a lo largo del recorrido, “advirtiendo que su mayor parte se halla ocupada con hortalizas en diversos Balcanes, jardines, frutales en mucho numero, otros generos de arboles, parras, cepas, con sus calles de encamados y emberjados de madera”. Lo que no quiere decir que no se llevara a cabo el jardín anglo-chino de Boutelou pues como hemos podido ver hasta ahora el resto del proyecto sí que se ejecutó según su diseño. Además añade, “Y por ultimo he reconocido y dado valor a las fuentes que se hallan en todo el recorrido del jardín, sus cañerías, pilones, caudal de 59(..) de agua, nacimiento de estas minas, arquetones, registros y demás obras de que consta”. Aunque no especifica si entre las “fuentes” se refiere también a la fuente de las ranas que ya viene descrita en la escritura de compra (Añon, 1994, p.84), a la que se añadirían las ranas de broce en 1785, obra de Domingo Urquiza (Añom, 2003, p. 73). Es como si Mateo Guill hubiera obviado el jardín bajo en su inventario tal vez porque ya fuera tasado en el momento de la compra, y se centrara exclusivamente en los elementos de nueva obra.
            Seguimos pues con el mismo plano que en diciembre de 1784 diseñó el jardinero francés, Pablo Boutelou, para la duquesa de Osuna, con apenas alguna variación.

El Capricho de la Alameda
El Capricho en 1789 tomando como base el Proyecto que Pablo Boutelou realizó en 1784 



            He dejado para la próxima entrada de este blog una de las construcciones más emblemática y enigmática de este parque, el Templete de Baco, que Mateo Guill incluye en el inventario pero que no contempla el proyecto de Boutelou, posiblemente porque los terrenos donde se ubica fueron incorporados con escasos meses de antelación a la presentación del proyecto, aunque no debemos descartar la posibilidad de que Boutelou continuara con el diseño del Capricho ya que en 1789 todavía trabaja para los duques en Aranjuez (OSUNA, CT. 408, d.6). Por otra parte, según palabras de Carmen Añon  al hablar de la moda imperante en España cuestión de jardinería, cuando se refiere a Pablo Boutelou dice que a él “debemos los primeros y únicos atisbos de jardín paisajista que se conoce” (Añon, 2003, p.68). 


Bibliografía y Documentos

La ampliación de 1784 en relación con el proyecto de Boutelou

    Tras la compra inicial de “una casa palacio, huerta y demás” al excelentísimo conde de Priego el 18 de octubre de 1783, los duques manifiestan su intención de ampliar la finca al presbítero D. Antonio Salcedo, mediante la incorporación de los terrenos situados al norte de la finca, pertenecientes a su capellanía, como así consta en la petición efectuada por este ante el Ayuntamiento de dicha villa el 7 de noviembre de 1783 para llevar a cabo la tasación de las tierras: “ teniendo tratado con la señora Condesa Duquesa de Benavente, Bejar, Gandia, y Arcos el venderla dicha tierra á censo reservatorio por lógica a juicio de personas inteligentes se considere correspondiente y justo, con motivo de acomodar á S.E. el tomarla para extender la Huerta y Jardin que tiene en sus inmediaciones” (OSUNA, C. 1699, D. 15).    
En agosto de 1784 se procede con el “pedimento” del presbítero por el cual se nombran a tres peritos vecinos de dicha villa, Agustín Hernández Gara de “quarenta y un años poco más o menos”, Pedro de la Fuente de “quarenta y seis años poco mas o menos” y Lorenzo Ramos de “hedad de treinta y cinco años poco mas o menos”, bajo la supervisión de Ylario de la Riva, escribano de número de la villa de Baraja. Los tres peritos acompañados del escribano proceden al reconocimiento de “un pedazo de tierra sito en las inmediaciones de esta villa detrás de ella a la parte del Norte, frente de la iglesia parroquial de la misma”, “entre esta y posesión de la Señora Marquesa Condesa de Benavente” que “corresponde á la Capellania que en la parroquial de la villa de Barajas fundo Lucas Bazquez de Ledesma, en cuya posesión han estado los capellanes que han sido y lo está el actual D. Antonio de Salcedo (OSUNA, C. 1699, D. 15). Se trata por tanto de los terrenos situados a continuación del jardín por el norte cuyo límite superior lo constituye la iglesia parroquial.
Tras el reconocimiento de la finca el cuatro de septiembre de dicho año se convoca a los tres peritos nuevamente ante el alcalde ordinario Juan Martínez para proceder al interrogatorio. Los tres coinciden en sus conclusiones, consideran que sería beneficioso para la capellanía otorgar dichas tierras en censo reservatorio a los duques de Osuna ya que se aseguraría un ingreso anual y evitaría la continua usurpación que viene sufriendo la finca por parte de sus vecinos, al tiempo que se ahorrarían los costes derivados de su arrendamiento. En este momento la extensión de la finca ocupa más o menos una fanega pero “en lo antiguo se dice haber sido Huerto plantado de arboles frutales, como de dos fanegas de cavida poco mas o menos, y lindando con calles publicas, y con corrales del Lizdo Pedro Julian y Huertos de Pedro Mathias vecino de Madrid” (OSUNA, C. 1699, D. 15). La causa de esta reducción en las dimensiones es debida a la práctica habitual de los labradores de introducirse dentro de los lindes de sus vecinos cuando trabajan la tierra.
Según se desprende de la lectura del texto en el momento de la adquisición la posesión está bastante deteriorada presentando incluso síntomas de abandono, según palabras del presbítero, “todos los cuales Huertos se advierten reducidos en el dia a tierra Calma, y las Calles a caminos o sendas”,  lo que coincide con el comentario de los peritos al hablar de “sus cercas y estanque de aguas” de los que solo se conservan los cimientos. La causa de este abandono puede deberse al progresivo descenso de la producción motivado por una sucesión de malas cosechas que dificulta el arrendamiento de la misma. De ahí la conveniencia para la capellanía de otorgarlas en censo reservatorio a los duques de Osuna. La cantidad que los peritos estiman vale el terreno es de 22 o 24 reales anuales, cantidad que los duques deberán abonar a la capellanía por su inclusión dentro de la posesión.
En noviembre de 1784 continua la compra de terrenos, esta vez el vendedor es el propio Ayuntamiento de la Alameda. La compra consiste en “cuatro pedazos que se hallan eriales y en lo antiguo fueron calles y sendas para esta Villa”,dos pedazos de tierra labrantía detrás de esta villa de la Alameda frente a la Iglesia Parroquial” (OSUNA, C. 1699, D.6) y tres pedazos situados en el lugar que llaman “el vadillo” al sur del camino o calle Real. Un total de siete fanegas, cinco celemines y tres cuartillos. Los dos pedazos de tierra labrantía deben situarse al norte del jardín en línea con la iglesia parroquial pero sin llegar a unirse con este ya que están rodeadas por el norte y poniente con tierras de D. Juan Lopez Lobo y a mediodía y saliente con tierra y huerta de D. Ramón Rodriguez Prieto. Los cuatro pedazos que eran antiguas calles de la villa de la Alameda lindan con los dos pedazos anteriores y con las tierras otorgadas por la capellanía de Barajas a los duques de Osuna en censo reservatorio. Mientras que los otros tres pedazos situados en el vadillo se encuentran al sur de la posesión separados por la calle Real que circula en sentido este-oeste y que conduce a Madrid.
El Capricho de la Alameda
Reconstrucción hipotética de los terrenos existentes en 1783 sobre el plano de Boutelou

      Por tanto cuando Boutelou realiza el proyecto de jardín anglo-

chino todos los terrenos incluidos dentro de la cerca exterior ya

 pertenecen a los duques, consecuencia de las adquisiciones de este

 año 1784. Aunque según hemos podido comprobar solo las tierras

 otorgadas por la capellanía se extienden inmediatamente a

 continuación del jardín por lo que es posible que solo se incluyeran

 estas dentro del proyecto, y tal vez alguno de los cuatro pedazos 

que eran antiguas vías públicas y que fueron vendidos por el 

Ayuntamiento, el resto se añadiría más tarde, posiblemente en 

1790, cuando se agregan prácticamente la totalidad de los terrenos 

que D. Ramón Rodríguez Prieto tiene en esa zona.